

“Dirá alguien que un hombre
no debe exponer su amor
en la plaza pública.
Yo responderé que un hombre
No tiene nada mejor,
más puro y más digno
de ser perpetuado que su amor…”
Louis Aragon.
Amigo de Marcel Duchamp, gran pintor y ajedrecista francés, Aragon también fue Dadísta primero, luego se enfrentó a André Breton y paso a engrosar las filas del surrealismo, pero ante todo era un reflexionador de la Historia. Y yo diría que a veces, “riflexionador”. Le encantaba, por supuesto, leer al escritor cubano H. Zumbado, y le mandé un libro en 1981 en un envío que nunca supe si le llegó, pues no recibí nunca carta posterior. Aragon muere en 1982, hace 25 años, y tras vivir la gran parte del siglo XX, 85 años, ahora vemos que el “interpretador”, que no el interprete más importante de las letras francesas del siglo XX era Aragon. Aragon no es sólo ajedrecista y literato, es un ser que vive plenamente su época y cumple con el deber de ser el mensajero de su tiempo a los lectores del porvenir. Varias veces, en cartas, me repetía, cuando le preguntaba yo si no fuese mejor que escribiera artículos o ensayos históricos que las crónicas que hacía sobre mis propias experiencias: “ La literatura no es nada si no está anclada en la vida” “Si vives el ajedrez, escribe del ajedrez, no tienes por que sentir menos por ser un cronista del ajedrez en lugar de un autor de grandes novelas, en Francia, hay escritores que se creen grandes intelectuales que escriben ensayos en famosas revistas y que jamás han alcanzado y alcanzarán el valor de lo que tu escribes, pues tu trabajo es testimonial”.
En 1997, en ocasión del centenario de su nacimiento, se hizo una edición especial de la editorial Ristall, en que aparece una foto de Aragon jugando ajedrez conmigo y con Benito Rámirez en Niza, según me comenta mi alumno por email Xavier Frenet, y que me pregunta si acaso fuera posible que fuera yo él de la foto. Esto me hizo recordar esta historia de Aragon. Si, la fotografía fue tomada en el Palacio Massena en Niza, durante un cocktail de inauguración de la Olimpíada de Niza, que fue donde conoci a Aragon. Lo curioso es que el ajedrez pertenecía, era pequeño y magnético a Oscar Pintado, en aquel tiempo un estudiante mexicano en Francia que tocaba canciones latinoamericanas en el Metro para reunir fondos para sus estudios, formando un dueto con otro estudiante pobre, Alan García, hoy, por segunda vez, presidente del Perú. Por supuesto que quiero conseguir la foto para publicarla en el blog. Ya me dijeron que es muy “Kisch” y parece muy vanidoso. Me importa un bledo. Aragon es, par mi, un poeta maravilloso, y me encanta presumir que fue amigo mio. He perdido algunas de sus cartas, pero conservo muchas aún. Si alguna exposición literaria las pudiese utilizar, las prestaría sin problemas. Es una pena que en México casi no se conozca la obra de Aragon. Francamente me subleva que casi ningún ajedrecista mexicano sepa ni de Louis Aragon, ni de Eliseo Aragón; este último tan importante para la historia del ajedrez mexicano. Es una pena. Pero ustedes se lo pierden si no han leído a Louis Aragon.



