19 nov. 2008

Bora Kostic en México (Segunda parte).

Según relataban, el Lic. De la Parra y el Lic. Joaquín Medina Zavalía; alumnos que frecuentaban con mayor asiduidad las clases con el GM Kostic; el principal instrumento del maestro era una colección de cuadernos con notas sobre posiciones determinadas para mostrar los llamados, por él, “modelos mentales”. Su frase favorita era: “La palanca en el lugar adecuado logra las mas grandes cosas”.
Una característica que al principio no gustó a los que contrataron a Kostic era su exigencia de trabajar sólo con adultos. A los que entonces contaban con menos de 20 años de edad, simplemente no los admitió, pretextando que no tendrían la cultura suficiente para entenderlo. Se hizo excepción, en parte nada más, con Abel Pérez Herrera, pero de hecho el entonces joven de 16 años no participó más que en tres sesiones. Tres sesiones que Don Abel confesaba treinta años más tarde, habían cambiado totalmente la concepción que tenía del ajedrez.
El más joven del grupo era el recién graduado en Derecho, el zacatecano Joaquín Medina, que ya se había ganado su lugar para competir contra Alekhine y Kashdan en el próximo evento, el Primer Torneo Internacional de la Ciudad de México. La gran preparación en diversos temas que poseía el maestro de Zacatecas, le ganó el inmediato respeto del GM Kostic y lo hizo pronto su alumno favorito.
Medina era de los que pensaban que el trabajo duro y el estudio arduo eran la clave del desarrollo en ajedrez. Estudiaba el libro de correcciones que al Hanbuch de Bilguer hiciera el GM Hans Kmoch, el famoso “Nachtrag” editado en 1930 en Alemania.
Kostic, más influenciado por la escuela eslava de Chigorin, Alapin, Schiffers y Petrov, no respetaba la manera ortodoxa de pensar de los alemanes, si bien tenía mucha influencia de la escuela de Viena, que preconizaba la división en partes de las posiciones de ajedrez, más que el pensamiento sistémico total de los rusos. Kostic tenía una mezcla de ambos, aunque priorizaba el estudio de la táctica ante todo.
Uno de los servios que mejor expreso la manera de pensar de los jugadores del grupo al que pertenecía Kostic, fue Vladimir Vukovic, cuyos libros “El arte del ataque” y “El arte del sacrificio” han llegado a nuestros días y son muy populares en sus traducciones al inglés. Kostic en su continuo viajar, no dejó manuales tan amplios como los de Vukovic, pero tuvo mucha influencia en la escuela servia a la que pertenecieron Gligoric, Matanovic, Matulovic y Marovic.
El caso es que Kostic enfocaba su manera de enseñar en adiestrar a sus alumnos a reconocer las posibilidades tácticas y a desplegar sus piezas hacia donde tuvieran mayor coordinación en ataques al rey. Casi desconocidos para él eran el seguimiento de temas estratégicos y la técnica en el Final, que más se le había desarrollado en la práctica al enfrentar a otros Grandes Maestros durante años, que por un estudio concienzudo de la última fase de la partida.
Aún asi, Kostic, en su práctica magistral, mostró en varias partidas una maestría en los finales, aunque no cercana de la altura de un Lasker, Rubinstein o Capablanca.
De aperturas, poco o nada, excepto tres esquemas, enseño a los mexicanos, aconsejando a Medina que se olvidase del Nachtrag del Handbuch de Kmoch y recomendándole en cambio estudiar The Game of Chess de Tarrasch y el libro del match Capablanca vs Lasker, con apuntes por el mismo Lasker. Pero su libro de cabecera era el del Torneo de Nueva York 1924, escrito por Alekhine.
Pero sus cuadernos de posiciones y su manera de valorar posiciones a base de las relaciones de piezas, es decir su colaboración entre ellas hacia sus ataques, o defensas del rey.
Cada semana establecía para cada alumno una serie de metas a cumplir, que debían ser parte de las metas mensuales, y les repartía posiciones para analizar que suponía ayudaría a lograr las metas semanales. Decía que la clave no era que tanto se estudiaba, sino que se estudiaba y como. Poco estudio pero bien enfocado lograba más, la palanca aplicada en el punto preciso.
La experiencia que daba el estudio de las posiciones cuidadosamente elegidas, era real porque se podía apreciar la diferencia de hacerlo bien o no, mientras que afirmaba que si en una posición no se podía prever lo que sucedería muchas jugadas después, no se podía obtener experiencia de ella, porque uno no alcanzaba a ver las consecuencias de un acto bueno o malo, o sea escapaba de su horizonte de aprendizaje. Por eso no gustaba de enseñar juego posicional, porque era casi imposible distinguir las consecuencias de una elección. Decía que ese sentido “posicional” era la enorme diferencia de Lasker, Capablanca y Alekhine, los grandes campeones, de los meros mortales como él, Bora Kostic.
La humildad en ese sentido del GM serbio era lo que lo inclinaba al ajedrez más asequible del dominio táctico y a no meterse en la cuestión posicional. La táctica, el aprovechar los errores del enemigo, el no cometer errores tácticos simples, y el colocar sus piezas a donde más trabajen, la paciencia en esperar el error del contrario, provocándolo al acosarlo con sus piezas, sin arriesgar mucho, no ceder espacio con las negras y tratar de tomar el máximo con las blancas, era toda la doctrina de Kostic y en su ejecución práctica, con precisión y cuidado, era lo que lo hacía Gran Maestro y por eso lo transmitía.
Las sutilezas y los planes posicionales elaborados, eran, según él, para los grandes estudiosos con un talento sobrenatural de los Alekhines y Capablancas. No para seres humanos como él.
Buen artesano de alto desempeño, no un gran artista, era su modesta identificación. Sus lecciones eran de tres horas diarias y durante seis meses sin descanso, con una decena de alumnos de edad y fuerza similar. El resto de su tiempo lo empleo dando simultaneas y pláticas generales sobre temas de ajedrez , además de sesiones informales analizando partidas recientes con sus alumnos.
En total no excedía de las seis horas diarias, siete días a la semana, y cada 21 viajaba a ciudades cercanas a una exhibición, tomándose el día libre después de sus simultaneas que nunca duraban más de dos horas.
A veces, no más de dos veces a la semana, recordaría Medina, Kostic bebía un poco más de lo normal, y sólo una vez faltó a la sesión habitual por sentirse indispuesto tras una noche de excesos. Aunque no se le podía clasificar como alcoholico, si se le vio muy nostálgico y taciturno por breves temporadas y comentando que añoraba regresar a Europa, pero en general era muy optimista y bromista.
Su mayor alegría fue ver editado sus manuales, que esperaba que de alguna manera lo harían conocido a la posteridad.
Desgraciadamente, tras hacer una breve encuesta, sólo tres ajedrecistas mexicanos, de más de cuarenta cuestionados, entre los 25 y los 75 años de edad, sabían quién era Bora Kostic, y sólo dos sabían que estuvo dando clases en México.
Por ello esta serie de artículos sobre el tema, basados en notas que me diera el Lic. Medina en 1973, cuando el Gral. Pamanes Escobedo, gobernador de Zacatecas, pretendía volver a publicar los manuales, pero que por problemas de salud del Lic.Medina, quedo inconclusa la intención y yo no contaba aún con la experiencia para realizar la obra sin el apoyo del Lic. Medina.