23 ago. 2015

¡No seas tramposo! Exhorto a ajedrecistas muy inteligentes.





Según Jena Pincott, colaboradora de la revista Psychology Today, el porqué las personas trasgreden las reglas, es un fenómeno digno de estudio, y afirma “ De vez en cuando, hasta las personas más honradas mienten, hacen trampa o traspasan los límites. 
Cita estudios de la profesora de la Universidad de Harvard Francesca Gino y de Dan Ariely, economista conductual de la Universidad Duke, quienes se preguntaban si las personas con alto Coeficiente Intelectual tendían más a hacer trampa. Llegaron a la conclusión de que la falta de honestidad no va de acuerdo al nivel de inteligencia, pero si al de la creatividad.
En el ajedrez internacional ya es frecuente ver “milagrosos resultados” de jugadores que de la noche a la mañana pasan de ser jugadores de segunda a vencer a grandes maestros. Muchos han sido revisados y un porcentaje alarmante han sido descubiertos en sus trampas. Se han encontrado todo tipo de métodos para pasarse jugadas o para hacer arreglos de resultados.
Ya muchos grandes maestros han escrito artículos sobre maneras de hacer trampas y admiten que es un mal común desde hace dos décadas.
Una vez perdí una partida en que olía a trampa. Antes de la partida, un GM me advirtió que en ronda anterior había sido derrotado por el que sería mi contrincante de manera sospechosa y que él, en lo personal, no dudaba de que le habían hecho trampa. El GM me puso un reto: ya que yo durante dos décadas había trabajado en agencias gubernamentales donde se hacen estudios de inteligencia y tuve contacto con personas y documentos especiales sobre temas de espionaje electrónico, análisis de personas y conductas irregulares, además de conocer métodos de comunicación por computadora, etc., a ver si podía detectar la manera en que la trampa se realizaba.
Tras la partida, en la que cometí un error grueso y fui fácilmente derrotado, no obstante cheque las dos partidas, las del GM y la mía contra el sospechoso y al menos un 95% de las jugadas coincidían con las de un programa de computadora. Luego se hizo el análisis matemático por un especialista y afirmó que la probabilidad de que esto sucediera así era de máximo tres en 400 mil casos. No me quedaba claro eso, ya que según cálculos preliminares con una computadora me daba cinco probabilidades en 20 mil casos, gran diferencia.
El caso es que como había cometido un error grueso y las jugadas con que me ganaron eran muy naturales, excepto una, que si me pareció de computadora. Descarte la posibilidad.
Lo preocupante es que si llegué a la conclusión de que se podía hacer, y que, según un análisis sicológico hecho a cinco jugadores muy talentosos (en la acepción amplia de talento), que a mi manera de ver, tienen gran futuro en el ajedrez; cuatro de ellos son mucho muy proclives a realizar acciones que pudiéramos considerar tramposas. Como me decía una sicóloga, “ Son de libro, casos clásicos de tramposos” Se les repitieron pruebas que realizo la citada Francesa Gino con jugadores de apuestas y los resultados fueron muy similares.
Jena Pincott, en Psychology Today, cita un estudio del sicólogo holandés Gerben van Kleef. Imagine usted a dos contadores que descubren una anomalía en los libros de contabilidad de una empresa. Uno lo toma en serio y el otro le resta importancia. ¿A cuál de los dos le creerán? A los participantes del estudio de van Kleef se les planteó la pregunta y casi todos se inclinaron por el segundo contador. Pincott apunta al comentar este estudio: “Los poderosos rompen las reglas: por lo tanto, romper las reglas hace que uno parezca más poderoso”.
Recabe datos de diez quejas de ajedrecistas sobre aparentes violaciones a las reglas que realizaron árbitros en  diferentes torneos. Entre ellos dos árbitros internacionales que al solicitar sus títulos mintieron al decir que al menos hablaban dos idiomas de los oficiales de la FIDE aparte de su idioma nativo, como eran las normas obligatorias al momento de recibir sus títulos.  Más que verdaderas violaciones parecían interpretaciones mal intencionadas de reglas, pero estaban, en cierta forma, en el margen de lo legal, pero ya muy cercanas a la trampa. La creatividad no era tan alta como en casos de los ajedrecistas, pero si tenían la mayoría situaciones de poder, como podrían ser el tener un puesto directivo en asociación o club. Ya el ser contratado con salarios que a veces son superiores a lo que gana el jugador que ocupa el quinto lugar del torneo, se puede considerar que tiene sus influencias en la organización, en el círculo del poder del ajedrez.
El caso es que las actuaciones tramposas aun son mucho más abundantes entre los jugadores que entre los árbitros y parece que hubiera una regla: mientras mas cultura tiene el tipo, más común son las sospechas de trampa. Entre los ajedrecistas “tramposos” y los árbitros “arbitrarios”, hay una brecha de cultura e inteligencia muy grande. Mientras más inteligente y más creativo, parece ser la persona más proclive a la transa.
En la URSS se seguía la regla de que a los jóvenes ajedrecistas más inteligentes y prometedores se les establecían normas más estrictas y se efectuaban castigos disciplinarios más frecuentes. Jugadores como Tal, Petrosian, Spassky, Korchnoi y otros, sufrieron “correcciones” más severas que otros y tuvieron entrenadores o entrenadores auxiliares más duros e impositivos. Entre estos destacaba el rudo militar y GM Alexandr Tolush, que traía a Spassky marcando el paso y lo hizo ser un jugador de nivel GM de primera línea a los 18 años. Otro militar de carrera, Makogonov, influyó en grandes maestros de cuatro de los países más importantes del ajedrez actual, como son Rusia, Armenia, Azerbaiyán y Ucrania.
En países donde el “bisné” era práctica común, los ajedrecistas de nivel internacional eran la élite de la élite en lo que romper reglas se refiere.
En Rusia los mejores “piratas” de software y películas, así como de aparatos electrónicos y de “gestiones” gubernamentales, se encuentran en los clubes y centros de ajedrez. Esos “centros de inteligencia” donde participan decenas de GMs y de MI generan el 75% de las “trampas y piratería” que se produce en Rusia, con influencia en hackerismo en países tan lejanos como Chile e Indonesia. Ya no se diga de los ajedrecistas chinos. Dicen que hay GMs chinos desquiciando el internet y los sitios web de las instituciones norteamericanas más seguras.
El caso es que el ajedrez es un juego de reglas y que sin ellas no tendría sentido y que los ajedrecistas debemos vivir entre reglas.
Si bien el profesor Zhen Zhang de la Universidad de Arizona, citado por Pincott dice que “En algunos casos, romper las reglas es saludable”, prefiero la cita del novelista Wallace Stegner: “La sabiduría comienza cuando uno reconoce que lo mejor que puede hacer es elegir bajo que reglas quiere vivir”, añade mas tarde: “Es una imbecilidad persistente y agravada pretender que uno puede vivir sin reglas”