5 mar 2023

PSICOLOGIA Y PROFILAXIS DEL AJEDREZ

MI Raúl Ocampo Vargas.

Para los que no son asiduos practicantes del ajedrez, pero si estudiosos de las diversas características del juego ciencia, se dan supuestos que carecen de fundamentos reales al 100%.

En el ajedrez se da un combate entre dos intelectos. Cada uno trata de hacer caer en el error a su oponente y vencer sus defensas, victimar al rey contrario y así ganar la partida.

Dado que en cada jugada se tiene que tomar una decisión entre varias opciones, se supone que el jugador compara los escenarios futuros a que conducirá cada opción, establecerá cual escenario le es más favorable y elegirá la opción que le conduce a dicho escenario como su jugada a efectuar.

Entonces la capacidad de ver los escenarios futuros es un requisito fundamental para el éxito.

Como la historia de los conflictos humanos en general y la recopilación de la práctica entre los mejores jugadores de ajedrez del mundo enseña, más que victorias obtenidas por aciertos, se presentan derrotas causadas por errores. Siendo entre los principales, el subvalorar desastres que debieran considerarse predecibles.

Es decir, los jugadores más hábiles de ajedrez han desarrollado métodos y hábitos para detectar a tiempo desastres provocados por el contrincante y que son predecibles.

Los estudiosos de los beneficios que la práctica del ajedrez puede dar a un ser humano, al advertir que esta habilidad, que se tiene por fuerza que adquirir por la práctica continúa del ajedrez, es una muy valiosa para desempeñarse en la vida diaria, laboral, social y política; concuerdan en manifestar que el ajedrez es una manera de entrenarse mentalmente de manera positiva.

El error esta en suponer que todos los ajedrecistas en todas las partidas y en todas las jugadas pensamos y tomamos decisiones de manera racional y consciente.

Los ajedrecistas prácticos, sabemos que no es así. Nadie piensa en cada jugada y cada partida. Más o menos medio pensamos. Muchas veces jugamos más por intuición que por otra cosa. Jugamos a base de hábitos y métodos. Y el valor del ajedrez puede incluso ser más importante que lo supuesto, pues los hábitos que adquirimos pueden ser de gran valor.

Lo que esta claro para todos es que lo más importante es “ver el futuro”, pues sin ello no se puede seleccionar una jugada. Pero más que “ver”, especulamos.

En la predicción de “desastres predecibles” es donde más nos equivocamos.

Es por ello que este aspecto ha sido de lo más estudiado.

Nos esforzamos en predecir el daño que se nos quiere infringir. Lo primero entonces es detectar las amenazas del oponente.

Anticipar y evitar las amenazas del contrario requiere varios pasos: desde reconocer la amenaza, hasta hacerla una prioridad y movilizar los recursos para frenarla.

A esto se le conoce como “Proceso RPM”, reconocimiento, fijar su prioridad y movilización.

La falla en cualquiera de estas tres fases puede ser de gran costo en la partida.

¿Porqué realizamos de manera deficiente el proceso? ¿Por qué somos vulnerables?

La mente humana es un instrumento imperfecto y que además no es bien aprovechado por su propietario.

Las investigaciones han demostrado que la mayoría de los jugadores al realizar el proceso “RPM” cometemos un mar de fallas que nos llevan a pasar por alto amenazas importantes del enemigo. Algunos de los errores mas comunes son los siguientes:

1. Tendemos a abrigar ilusiones de que las cosas están mejores de lo que son en realidad.

2. Damos gran peso a la evidencia que apoya nuestras ideas preconcebidas y minimizamos la que pone en duda tales ideas.

3. Prestamos poca atención a lo que hace el contrincante, por lo que a menudo nos sorprende.

4. Somos criaturas del presente. Intentamos mantener el status quo a la vez que minimizamos la importancia del futuro. Preferiríamos evitar un poco de dolor hoy que mucho dolor mañana.

La objetividad es la virtud más valiosa para un ajedrecista y esta requiere establecer con precisión la intención del oponente. Tenemos que “adivinarlo”.

La literatura de ajedrez sobre “métodos” para predecir lo que se vendrá en una partida de ajedrez es, proporcionalmente, tan abundante como en el tema de las predicciones de la fortuna del ser humano.

 

Todos quisiéramos ser unos “Nostradamus” del ajedrez y anticipar las intenciones y jugadas del oponente, para atajar su camino de manera oportuna.

Los grandes “anticipadores” se convierten en campeones mundiales. Botvinnik, Petrosian y Karpov, son los clásicos exponentes del arte de la prevención ajedrecística que bautizara el gran teórico y jugador Aaron Nimzovich con el termino de “Profilaxis”.

 

Esos jugadores eran como el personaje de esa serie de televisión que puede ver lo que pasará en los siguientes cinco minutos y es incapturable pues sabe donde lo quiere alcanzar o emboscar el enemigo y sabe la trayectoria exacta de una bala y puede esquivarla moviéndose oportunamente.

Si los ajedrecistas fuéramos expertos en Profilaxis y aplicáramos eso a los temas de seguridad nacional o a la economía en empresas o instituciones, seríamos capaces de anticipar los desastres predecibles y nuestros servicios serían muy demandados y excelentemente retribuidos.

Pero el caso es que en los torneos las frases más frecuentes después de una partida de torneo son: “No la vi”, “Se me paso”, No se me ocurrió”, “Me sorprendió”, ”Se me olvido”, etc.

El conocimiento se puede adquirir, hay muchos libros excelentes para informarnos, pero mas que de conocimiento, el asunto es de Actitud y Acción.

Sólo con Actitud y Acción se adquieren los hábitos que constituyen una conducta adecuadamente profiláctica. Y escribo “adecuadamente”, para resaltar el hecho de que a cada situación, a cada posición corresponde una conducta profiláctica distinta.

Uno tiene que ser cuidadoso siempre y buscar indicios en la posición, pero es diferente como hacerlo cuando las piezas propias y las enemigas están a una distancia fuera de tiro unas de otras a cuando las piezas están trabadas en combate directo, tienen relaciones y contactos, es decir sus trayectorias y sus radios de acción se entrecruzan. En el primer caso, no hay mucho de que cuidarse, aunque siempre hay algo. En el segundo, cada detalle cuenta y el más mínimo error cuesta una pieza o más.

Es sencillo, como en el beisbol, si no hay hombres en base no hay dobleplay.

Ahora que estamos en medio de una crisis económica, es imposible dejar de pensar que algunos economistas hubiera sido bueno que fuesen buenos jugadores de ajedrez.

A menudo, las señales de una crisis inminente están a todo nuestro alrededor, pero hay que aprender a ver el peligro antes de que sea demasiado tarde.

Como le agradaba decir al Profesor Watkins de la Facultad de Administración de Empresas de Harvard: “Si eres incapaz de mantenerte delante de un desastre potencial en desarrollo, te encontrarás atrapado en una modalidad de reacción. Te convertirás en víctima de las circunstancias más bien que en dueño de tu propio destino”