10 jun. 2010

Las Herramientas de la superación y la Ciencia aplicada al ajedrez.



En el mundo del deporte el afán de ganar ha llevado a tratar de acopiar cuanto elemento nos pudiese dar una ventaja competitiva. La ciencia aplicada al deporte va creciendo en influencia día a día conforme avanza el siglo XX1.
Ya algunos lectores se inconformaban con la denominación que hacía yo de la Escuela de Riga al decirles a sus principales exponentes “Magos”. Pues lo tomaban como contrarios al rigor científico, cuando todas las tesis y maneras de operar de dichos entrenadores tenían bases científicas. Por supuesto que tengo que admitir que hice un uso muy liberal de la palabra “Mago” para hacer más atractivas las enseñanzas de los entrenadores de Riga. No me sonaba que llamarles “Los científicos del ajedrez de Riga” llamase tanto la atención como la de “Magos de Riga”. Por supuesto que eran científicos.
¿A que llamamos ciencia y a que magia? Me gustan a mi las definiciones del poeta William Blake del siglo XVIII, más que los tecnicismos.
La música de las esferas es científica y es mágica. Para mi es valedero denominar a Pitágoras como científico y como mago. Admito que un científico trata de comprender a la naturaleza y el mago a forzarla, según la concepción de la mente medieval. Pero hay que recordar a Copernico y a Kepler haciendo horóscopos y no por eso eran menos científicos.
Los “Magos de Riga” como científicos aplicaban los conocimientos de cómo trabaja la mente para lograr la superación de sus pupilos.
Seguir el dialogo del ábaco y de la rosa, a la manera del “•Dialogo” de Galileo, enfrentar ciencia y humanismo ya espero ha sido superado.
Vivimos en un mundo profundamente penetrado por la ciencia, en un mundo que es real e integral. No podemos convertirlo en un juego por el simple procedimiento de tomar partido por un bando.
Decía mi maestro Bronowski: “El humanista que desprecia a la ciencia quizá bromea un poco, pero este bromear no es cosa de risa. Pensar que la ciencia es un conjunto de trucos especializados, ver al científico como si fuera un hombre dedicado a la práctica de extrañas habilidades, constituye la verdadera raíz de la venenosa mandrágora que florece principalmente en esas tiras de dibujos que llamamos “comics”. No hay doctrina más amenazadora, y, en la actualidad, más degradante, que aquella en cuya virtud imaginamos que podemos hurtarnos a la responsabilidad de tomar decisiones con respecto a nuestra sociedad, mediante el expediente de” traspasarla a unos cuantos científicos dotados de un mágico poder especial.”
La ciencia es aprovechar todas las potencialidades de la naturaleza, comprenderla y lograr así superar al hombre. De ahí deviene la tecnología y las “prácticas de extrañas habilidades”.
Ahora bien, los “Magos de Riga” pertenecían a su tiempo y elaboraron sus propias herramientas de acuerdo al contexto en que vivían. Nosotros, para ser auténticos con nuestro tiempo, observamos como funcionaban sus herramientas y nos construimos otras, o adaptamos las creadas por otros, y las utilizamos, con el alcance de la tecnología y la computación, superiores en su potencia, con el objetivo de lograr mejores resultados que los “Magos de Riga”. Mejores en velocidad, mejores en facilidad; pero no podríamos aceptar que son mejores si no al menos igualan sus resultados y logran hacerlo en menos tiempo y son accesibles a mayor número de personas con costos más bajos. Los “Magos” beneficiaron a los que eran cercanos a ellos, yo pretendo beneficiar a los que se encuentran a la distancia. Pero me ayudo de la tecnología, que es la bota de siete leguas. En lugar del sistema de correspondencia soviético que utilizaban para atender decenas de alumnos con clases que viajaban semanas para llegar a su destino, tengo el email, que viaja a gran velocidad. En lugar de la gran capacidad editorial de la URSS que producía miles de libros, tengo la magia de la memoria magnética que en un CD de medio dólar guarda una centena de imágenes de libros. En lugar de poder estar hombro con hombro con los pupilos, los programas y software de entrenamiento permiten cuidar que la práctica deliberada se lleve a cabo.
Una gama de creaciones de la informática aplicada al ajedrez son utilizadas para lograr reproducir el sistema de enseñanza de los “Magos de Riga”. Programas como el “Chess quiz”, “Chess Hero” o “Chess Mazes”, así como el Posicional Chess Training, brindan horas de práctica deliberada de la manera más divertida y útil, fomentando la creación de hábitos positivos, sustituyendo al profesor que pone posiciones en un tablero mural para que las resuelvan sus pupilos. En PDF colocamos libros y textos. En mp3 y video, sonidos e imágenes para reforzar la memoria y aprovechar tiempos que se perderían, pues ahora todo mundo con un mp3 puede repasar en audio los conceptos una y otra vez. Programas que repasan posiciones sirven para memorizar y comprender aperturas. Una apertura que ya se ha estudiado y analizado, a veces hay que repasarla y eso lo hacemos con un software especial para estudiar aperturas en una décima del tiempo que le tomaba a Koblenz enseñarla a sus pupilos con un tablero demostrativo. El Chess Base y las versiones elevadas de Chess Hero logran la “magia” de realizar una “Troyka” personal. Cuadros sinópticos o Mapas mentales, después de ser comprendidos manualmente, son más fáciles de elaborar con software especial, lo que hace que podamos disponer de una veintena de mapas con el esfuerzo de hacer uno antaño. Ahora bien, también hay que cuidar cuando es mejor hacerlo a mano que con computadora. Eso no los indica el psicólogo educativo, que puede estar a nuestro alcance, gracias a la ciencia y sus aplicaciones, aunque vivamos todos a miles de kilómetros de distancia separados.
Una vez intente hacer un inventario de los diversos elementos tecnológicos que usaba para dar mis cursos. Software como el Office de Microsoft, incluyendo Power Point, Excel, Word, Movie Maker, Publish, ya me son indispensables; pero los de Chess Base, Adobe para PDF, Dejavu para leer libros de otras latitudes, Omnipage para escanear, Sound Forge para editar sonidos, y una decena de programas para entrenar desde Rybka, Fritz, Chess Quiz, etc; son de uso constante. Cuando rebasé los 60 programas inventariados, ya deje de hacer dicho inventario. Como cada curso es especial, hay veces que con un alumno solo requiero usar unos 10 programas, pero con otros hasta más de 40. Un alumno, que tiene problemas de vista, requirió que usará un Voice Gold, para pasar a sonido, mucho del material que le mando, así como adaptar el Chess base para que cada pieza que toque una casilla tenga un sonido diferente y así pueda realizar ejercicios tácticos casi a la ciega.
Ahora que las bases de datos, los libros, los expedientes, la información variada que proviene de bibliotecas de todas partes, también requieren sus propios programas. Una vez, hace años, tuve que enfrentarme a que bibliotecas enormes de ajedrez no estaban en PDF sino en Dejavu y tuve que aprender un nuevo programa cuando estaba muy a gusto con los PDFs. Luego aparecieron libros muy importantes ya no en PDF y Dejavu, sino con terminaciones CDR y entonces a conseguir y aprender otro tipo de lector. Total que eso no acaba nunca. Imágenes y videos los hay en decenas de formatos y es necesario tener acceso a todos.
El caso es que sin la informática aplicada al ajedrez, la brecha puede ser enorme. Esa llamada “Brecha Digital” puede ser tan grande como el cañon del Sumidero, o la Barranca del Cobre. Y para que esa brecha no dependa enteramente de la capacidad monetaria, dividiendo a los niños ricos, con todas las oportunidades, de los pobres pero talentosos, hay que trabajar duro todos los días para compensar con “mañas y técnicas”, como orgullosamente decía un antepasado “meinstein”, para no caer en la "Goyishe kop," aunque espero yo haya superado la jewbiliation, como decían en Nueva York, donde algunos viejos se niegan a decir el nombre Garry Kimovich y utilizan el “Weinstein” de Kasparov.
Un habanero residente en la Ciudad de México, Lázaro Pérez, cuando hablábamos de cómo el ajedrez cada vez más se enseñaba con computadoras, decía que ya necesitaba que yo le diera lecciones de computación más frecuentemente que de ajedrez. Según su cálculo, ya el 25% de nuestras clases “presenciales” tenían que ver con “algún programita” inventado por algún azkenazim, mientras los sefaradíes como él, eran orgullosamente guiados más por la intuición que con la racionalidad. Yo, para exasperarlo, le decía que la intuición se alimentaba de esos programitas, que además muchos de esos programas fueron inventados por algunos descendientes de técnicos aun mas alejados de las sinagogas y que quizás usaron brazaletes rojos con una cruz gamada negra.
Para acabarlo de molestar le enseñe un artículo del New York Times de Gregory Cochran, Jason Hardy, y Henry Harpending sobre la inteligencia de los azkenazim y en que decía que el 54% de los campeones mundiales de ajedrez tenían un padre o dos azkenazim; si bien me guarde la refutación de Jay Gould (La mala medida del hombre) y el artículo de Steven Pinker, de la Universidad de Harvard al respecto.
El caso es que Lázaro, nacido en una época en que la computadora no marcó su existencia, prefería ver los ejercicios impresos y no gustaba de verlos en la pantalla de la computadora. De ese mismo hábito me confesaba el MI Russek hace una década, pero creo que ya hace mucho tiempo debió modernizarse, pues aunque originario de una ciudad más antigua que cualquiera de la América Nuestra (nació en Tiberiades, Israel; habitada más de 1000 años antes de la era cristiana), y poseedor de una vena artística ciento por ciento, no puede haber escapado de las garras del Chess Base y de un buen número de programas computacionales “Made in Germany”.