10 jun. 2010

Prólogo al tema de ciencia y ajedrez.


Jacobo Bronoswki, estudioso de la ciencia y los valores humanos, ajedrecista realizador de un excelente programa de radio enteramente dedicado al ajedrez y famoso por su programa de TV “El Ascenso del hombre” , así como mentor y orientador espiritual de un maestro internacional, su seguro servidor, decía:
“Cuando los hombres interpretan erróneamente su propio trabajo no pueden comprender el trabajo de los demás, por esto es natural que ciertos científicos se hayan mostrado indiferentes ante las artes. Han tenido a bien, junto con los humanistas, creer que la ciencia es algo mecánico y neutro, y, en consecuencia, únicamente pudieron justificar su actividad proclamando su valor práctico. Basándose en este mismo criterio insuficiente, han juzgado, como cabía esperar, que la poesía, la música y la pintura son, por lo menos, irreales, “y, a menudo, carentes de todo significado. Aquí, contradigo tales opiniones.
Entre los actos creadores de la mente en los campos de la ciencia y del arte existe una semejanza. Sin embargo, cuando alguien utiliza la palabra ciencia en una frase cual la anterior, quizá quepa sospechar que con ella no quiere expresar lo que la definición de ciencia expresa. ¿Voy acaso a desviarme hacia aquellos acertijos de la Teoría de los Números que tanto gustaban a Hardy, o hacia las cerebrales especulaciones de los astrofísicos, a fin de defender una ciencia abstracta que carece de influencia en la vida práctica?”
“Definiré la ciencia como la organización de nuestros conocimientos de modo que permita sacar más partido del potencial escondido en la naturaleza. Por lo tanto, pienso en algo que es, al mismo tiempo, profundo y práctico. Abarca desde la teoría de la dinámica de los gases hasta el teléfono, los puentes colgantes y la pasta médica para los dientes. Este concepto no permite efectuar una clara delimitación entre el conocimiento y el uso. Naturalmente, gente hay a quien gusta trazar una línea divisoria entre la ciencia pura y la ciencia aplicada, y se da la rara circunstancia que por lo general es la misma gente a quien el arte le parece irreal. Para ésos, la palabra útil es decisiva, a fin de dictar sentencia a favor o en contra de una obra; y se sirven de esta palabra cual si únicamente significara aquello que es causa de que la gente se sienta más pesada después de comer.”
“El hombre llega a dominar a la naturaleza no mediante la fuerza, sino gracias a la comprensión. Esta es la razón por la que la ciencia ha triunfado allí donde la magia fracasó, ya que aquélla no ha buscado conjuros con los que encadenar a la naturaleza. El alquimista y el mago de la Edad Media pensaban, y el aficionado a las tiras de comics sigue siendo alentado a compartir este pensamiento, que la naturaleza ha de ser dominada merced a ingenios que violan sus leyes. Pero, a los cuatrocientos años de haberse iniciado la revolución científica, sabemos que únicamente podemos conseguir las finalidades que nos proponemos a través de las leyes de la naturaleza, a la que solamente cabe la posibilidad de controlar mediante la comprensión de sus leyes. Ni siquiera podemos afirmar que nos proponemos coaccionar a la naturaleza, insistiendo en que nuestro trabajo tiene la finalidad de concedernos poder sobre ella. Debemos limitarnos a aceptar que el poder es un subproducto de la comprensión. Así vemos que los griegos decían que Orfeo tocaba la lira con tal dulzura que las fieras quedaban sometidas por la mano que hacía vibrar las cuerdas. Jamás insinuaron que Orfeo alcanzó este don debido a que se había propuesto ser domador de leones. “