29 feb. 2016

La Olimpíada Mundial de Ajedrez, La Habana 1966; cincuentenario Parte 2.





Desde que el gobierno de Cuba solicitó ser la sede de la XVII Olimpíada de Ajedrez, se planteó una serie de eventos internacionales previos cuyo objetivo era posicionar al nuevo régimen, surgido tras el triunfo de la revolución solo siete años antes, como promotor de la superación cultural del pueblo.
Muy similar fue la situación al inicio del régimen soviético de 1917 cuando se organizó el Torneo Internacional de Ajedrez de Moscú en 1925.
Para Cuba era un magno evento en que se podía presentar al gobierno revolucionario ante el mundo como firme, sólido y bien organizado, para despertar la confianza tanto de gobiernos extranjeros, como de empresas trasnacionales.
Para no fallar en los mínimos detalles de la organización, para entrenar a sus organizadores, se realizaron una serie de eventos preparatorios para la olimpìada.
Cursos de capacitación, con ayuda de los soviéticos, para formar fiscales, personal de redacción de boletines, de atención a jugadores, edecanes, etc. El objetivo era realizar el evento de ajedrez mejor organizado de la historia. Y se logró.
El Torneo Internacional de Moscú de 1925 fue el preludio de lo que serían seis décadas de dominio mundial del ajedrez soviético, y los cubanos, seguramente por consejo de los asesores soviéticos, decidieron solicitar la sede para la Olimpíada Mundial de ajedrez de 1966. Ese sería el primer evento de resonancia mundial del nuevo régimen socialista que inició en Cuba en 1959. Tras de ser noticia por la invasión a Playa Girón en 1961 y la crisis de Octubre de 1962, Cuba sería de nuevo noticia pero relacionada con un evento mundial de una actividad ligada con el intelecto y la cultura: el ajedrez.
Para iniciar los entrenamientos como organizadores y aprovechar las experiencias de organización de los Torneos Capablanca in Memoriam que, a solo tres años del triunfo de la Revolución fueron promovidos por Ernesto “Che” Guevara,  se convocó al II Torneo Panamericano de Ajedrez en La Habana del 19 de abril al 22 de mayo de 1966.
Se invitaron a representativos del ajedrez de nuestro continente “ prescindiendo de toda ideología política” como apuntó el Árbitro Internacional Carlos A. Palacio en sus notas sobre el evento.
En 1963 se había realizado el Primer Torneo Panamericano en La Habana y su ganador, el Maestro Internacional Eleazar Jiménez, de Cuba,  encabezaba la nomina del evento de 1966, seguido del M.I. Miguel Cuellar Gacharná de Colombia, el excampeón mundial juvenil, el maestro internacional Carlos Bielicki, de Argentina; el campeón de Uruguay José Luis Alvarez, el campeón nacional de México, Alfredo Iglesias, jalisciense que ganase varios campeonatos nacionales abiertos, como el de 1966. Por cierto, estaba yo muy orgulloso en 1967 de vencerlo en el Campeonato Estatal de Jalisco, uno de los primeros torneos en que participe, gracias a mis orígenes jaliscienses por la familia Arreola, mi abuela materna de ese apellido y mi tio, el insigne maestro Juan José Arreola que me llevaron a Guadalajara a participar en ese campeonato, donde pude superar al fuerte maestro Iglesias, primer maestro de renombre al que vencí cuando yo tenía catorce años de edad.
Regresando a 1966 y al Segundo Panamericano, puedo mencionar entre otros participantes a Olicio Gadia de Brasil, que luego fuera second de Spassky en su match con Portisch, a Geza Fuster de Canadá, al maestro internacional René Letelier de Chile, el veterano Carlos Calero de Cuba, el campeón de Ecuador Olavo Yepez,  el colombiano Carlos Cuartas, el futuro primer gran maestro de Cuba, Silvino García, el multicampeón de Cuba Jesús Rodríguez, Jorge Arraya de Bolivia, Samuel Schweber de Argentina y Hugo Santa Cruz de Cuba.  En total 20 jugadores y de 19 puntos posibles, el MI Eleazar Jimenez refrendó su título de campeón logrando 14 y medio puntos, seguido de Jesús Rodríguez con 14 y Carlos Cuartas con 12 y medio, superando a Samuel Schweber, Olavo Yepez y Eldis Cobo, que también lograron 12 y medio, por el sistema de desempate. Los premios en metálico, por supuesto, se dieron en partes iguales a los que empataron el tercer lugar.
Una cosa importante: el entrenador de la delegación cubana era el GM soviético Leonid Shamkovich, quien analizaba las partidas a fin de que desde mayo a octubre cuidar la preparación del equipo olímpico cubano que participaría en la olimpiada de 1966. Asi Cuba lograrìa prestigio por la excelente organización del evento y por lograr la mejor actuación deportiva de Cuba, hasta el momento,  en una olimpiada de ajedrez.
El evento lo calificaron los cubanos como “La antesala de la Olimpíada” y se consideró que cumplió todos los objetivos organizacionales, con el agregado de cooperar en estrechar lazos ajedrecísticos con los países de la América Nuestra.
Observando las notas del curso  de ajedrez superior que ofreció el GM Leonid Shamkovich en 1966, al grupo de maestros cubanos, y que el autor me proporcionó doce años mas tarde, cuando visitó México, puedo observar que es un modelo muy bueno para cursos similares y me llamó en especial la atención de que hablase de un método”Modell-Torre” para evaluación de posiciones. El GM Carlos Torre de alguna manera influenciaba en la preparación de los mejores jugadores de la América Nuestra que mencionase Martí.