1 feb. 2018

Las enseñanzas del Dr. Adriaan D. de Groot Parte II.



 “El cerebro de sus niños””
Por MI Raúl Ocampo Vargas.

Un cerebro de bebe es un trabajo en proceso, trillones de neuronas esperando ser cableadas dentro de una mente. Las experiencias de la infancia, como demuestra una investigación pionera, ayuda a formar los circuitos del cerebro, para la música y las matemáticas, para el ajedrez, el lenguaje y la emoción.
El Dr. Adriaan D de Groot enfoco su investigación principal al proceso de razonamiento de los adultos, mientras que el Dr. Lev Semionovich Vigotski al de los niños y a la relación del aprendizaje del lenguaje con el aprendizaje de otras habilidades.
Según Vigotski, cuando uno sostiene a su hijo recién nacido y sus ojos estén sólo a unos cuantos centímetros del brillante papel tapiz de la habitación, ¡zoom!: una neurona desde su retina hace una conexión eléctrica con una en su corteza visual del cerebro. Uno gentilmente toca su palma con una telita y él la toca y la arroja, usted se la regresa con palabras amables y una sonrisa. ¡zoom! Neuronas de su mano fortalecen su conexión a aquellas en la corteza moto sensora. El llora en la noche, usted lo alimenta sosteniendo su mirada, ya que la naturaleza le indica que la distancia de las cejas de su padre ajusta exactamente con el foco de los ojos del bebe. ¡zoom! Las neuronas en la amigdala del cerebro envía pulsos de electricidad a través de los circuitos que controlan las emociones. Usted lo sostiene sobre sus brazos y le habla... las neuronas de sus oídos comienzan a enlazar conexiones con la corteza auditiva. ¡Y usted piensa que está jugando con su niño!
Cuando un bebe llega al mundo su cerebro es un enjambre desordenado de neuronas, todas esperando a ser tejidas en el intrincado tapiz de la mente. Algunas de las neuronas ya han sido duramente cableadas y enlazadas por los genes en el fertilizado huevo, dentro de circuitos que dominan la respiración o controlan el ritmo del corazón, regulan la temperatura del cuerpo o producen reflejos. Pero trillones sobre trillones son más como los chips Pentium en una computadora antes de que la fábrica les cargue el software. Están puras y de casi infinito potencial, circuitos aún no programados que pueden un día elaborar grandes combinaciones en un tablero de ajedrez, o elaborar versos o canciones raperas, así como calcular fuerza de atracción de un agujero negro. Si las neuronas son utilizadas, se integrarán dentro de los circuitos del cerebro al conectarse con otras neuronas; si no son usadas, pueden morir. Son las experiencias de la infancia las que determinan cuales neuronas son usadas, el cableado del circuito es configurado como lo hace un programador desde el teclado hacia una computadora. Que teclas son tecleadas , cuales experiencias tiene un niño, determina si el niño crecerá para ser inteligente o no, seguro de si mismo, locuaz o parco. Las experiencias tempranas son tan poderosas, decía el neurobiólogo pediátrico Harry Chuguni de la Universidad Wayne State, que “ellas pueden cambiar completamente la manera en que una persona torna a ser”. Algo que Vigotski planteaba cuarenta años antes que Chuguni saliera de la primaria.
Ya en la edad madura, el cerebro es cruzado por más de 100 billones de neuronas, cada una alcanza a miles de otras, y así, digamos entonces que el cerebro tiene más de 100 trillones de conexiones, más que el número de galaxias del universo conocido, lo que da al cerebro poderes sin rival.
Pero regresando al Dr. Adriaan de Groot, él me manifestaba en 1996 que los experimentos realizados en los años 1970s por los doctores Torsten Wiesel y David Hubel sobre el recableado o reconfiguración de circuitos cerebrales por cambios al coser y cerrar ojos de un gato cachorro y hacerlo con gatos adultos, mostraban que en los gatos adultos no tenían capacidad de reconfigurarse. Cuando las regiones del cerebro maduran dictan que tanto tiempo ellas se conservan maleables. Áreas sensoras del cerebro maduran en la temprana infancia; el sistema límbico emocional esta cableado en la pubertad; los lóbulos frontales, sede de la comprensión, se desarrollan hasta la edad de 16 años. De ahí el Dr. de Groot concluía que el potencial de un jugador de ajedrez estaba determinado ya a esa edad. Se podía desarrollar la capacidad, pero está ya no crecería, se optimizaría nada más. Lo que intrigaba a de Groot, es que Vigotski establecía que no había tal límite, y que dependía de la relación de la persona con su contexto, ya que sino había que subordinar la expectancia de desarrollo de la comprensión incluso a factores étnicos, ya que en cada raza el cerebro madura sus cableados de manera diferente, como maduran los órganos sexuales. En algunas zonas tropicales la pubertad es mucho más temprana que en los países nórdicos, lo mismo que la madurez de los lóbulos frontales. El Dr. de Groot, llegaba fácilmente a la conclusión que a partir de 2003 ya es generalmente aceptada: Vigotski estaba adelantado décadas a su tiempo.
En un tiempo yo creía que un niño debía aprender el ajedrez después de los siete años, pero tras estudiar a Vigotski, llegué a la conclusión que si acepta el niño ser acercado al ajedrez a muy temprana edad, dos años de edad son suficientes. En una plática con el citado Harry Chugani, él comentaba que había protestado por que los burócratas universitarios habían decretado que la instrucción en idiomas extranjeros (la enseñanza de idiomas) no comenzará antes de la secundaria.  La función hace el órgano, y la actividad forma al ser humano. Ya Vigotski había expresado en una conferencia en 1931 en el Instituto Kornilov en la URSS que la planeación de actividades extracurriculares era decisiva para la formación integral del ciudadano soviético y que el ajedrez y su práctica organizada debía ser estimulada como factor determinante en la transformación de la sociedad. “Conexiones cerebrales son la clave, sin restricciones hay que fomentarlas, día a día, tanto en el estudio como en el uso del tiempo libre. Un minuto sin pensar, nos cierra posibilidades de conexión”. Cincuenta años después el Dr. Dale Purves de la Universidad Duke decía: “Las conexiones no se forman al azar, sino son promovidas por la actividad”.

El Dr. de Groot, en un artículo en la revista de la Universidad de Ámsterdam, establecía varios datos del Cerebro Lógico: La habilidad: Matemáticas y lógica. La Ventana de aprendizaje: del Nacimiento a los cuatro años. ¿Qué sabemos?: Los circuitos para las matemáticas y el ajedrez residen en la corteza del cerebro, cerca de aquellos para la música. A los bebes que se les enseñan conceptos simples, como uno y muchos, serán mejores en matemáticas y en ajedrez. Las lecciones músicales pueden ayudar a desarrollar habilidades en espacio.
¿Qué podemos hacer? Jugar juegos de conteo con un bebe. Póngale en una mesa un plato, un tenedor por persona para que aprenda la relación uno a uno. Y para mejorar sus oportunidades, póngalo a oír música de Mozart en un CD.
El lenguaje, según el Dr. de Groot, también era un factor a considerar. Según él, el alemán y el holandés eran idiomas onomatopéyicos, como lo es el inglés, todos de raíces sajonas; lo que quiere decir que sus palabras se derivan de sonidos que imitan los que en la naturaleza tienen las cosas que denominan. Por ejemplo la palabra “wasser” que suena como “uaser” imita el sonido del agua al caer de una cascada. La palabra “dog” en inglés, perro, suena como el ladrar de uno. El aprender un idioma onomatopéyico al primer año de edad, limitaba al niño, suponía él, a pasar a cosas más complejas, que si el niño tuviera como idioma materno uno más elaborado como el latín, o como el ruso.
Para Leontiev, seguidor de Vigotski y que trabajo en la misma época que de Groot, el plantear al niño problemas más complejos cada vez, en una enseñanza problémica cada vez más exigente, si se iniciaba desde muy temprana edad, posibilitaba que ninguna tarea futura posible estuviese fuera del alcance de los niños. Si se mantenía una reconfiguración constante de circuitos, el cerebro podría adquirir una flexibilidad mayor y las conexiones adquirirían diversas intensidades eléctricas. En resumen, la actividad formaría los circuitos sin permitirles dejar de ser maleables con la edad.
Los trabajos de Leontiev, máxime que los conoció a través de referencias del también ajedrecista el GM Krogius, atrajeron más la atención del Dr. de Groot que los originales de Vigotski, sobre todo por su relación con el ajedrez. Entonces comenzó a trabajar sobre problemas de longevidad de la mente. Y yo diría más bien sobre la longevidad de la flexibilidad de las conexiones. Sus protocolos los aplicaba principalmente a jugadores de edades extremas, o menores de siete años o mayores de sesenta.
Volvió a los estudios sobre lenguaje, especialidad suprema de Vigotski. Dado que no soy especialista en sicología, sino en educación, me parece atrevido afirmar lo que sospecho, pero no me parecería honesto quedármelo: el Dr. de Groot a pesar de llegar a los 91 años de edad no llegó en el estudio del lenguaje tan lejos como Vigotski que no vivió cuarenta años y no contó con siquiera la mitad de recursos que el holandés, aunque si tenía un ardor por el trabajo incomparable, lo que acabó con su salud a temprana edad.
El caso es que para de Groot, en el caso del Cerebro y el Lenguaje, como hicimos en lo del cerebro Lógico, podríamos sacar el esquema siguiente:
Habilidad: Lenguaje. Ventana de aprendizaje: del nacimiento hasta los 10 años de edad. ¿Qué sabemos?: Los circuitos en la corteza auditiva, representando los sonidos que forman las palabras son cableadas por el año de edad. Mientras más palabras un bebe oiga por los dos años, mayor será su vocabulario cuando crezca. Problemas al oír pueden dañar la capacidad de unir sonidos a letras. ¿Qué podemos hacer? Háblele a su niño mucho. Si usted quiere que domine un segundo lenguaje, introdúzcalo hacia los 10 años de edad. Proteja su oído tratando sus infecciones oportunamente.
El Dr. de Groot dedicó algunos artículos a explicar el “efecto Mozart”, poco pude dilucidar de ellos, pues los escribió únicamente en holandés y las traducciones que realice fueron muy defectuosas. Pero ya que citaba al Dr. Gordon Shaw de la Universidad de California Irvine, pude obtener artículos de este investigador y saber que Shaw sospecha que cuando los niños ejercitan neuronas corticales al escuchar música clásica, están también fortaleciendo los circuitos utilizados para las matemáticas. La música, dicen en la Universidad de California, excita los patrones cerebrales inherentes e incrementan sus uso en tareas complejas de razonamiento. No se si pretendía el Dr. de Groot hacer sus protocolos de ajedrez mientras hiciera escuchar a Mozart a los jugadores. El caso es que si hubo quien hiciera algo similar.
En la revista “Chess Monthly”, derivada de la famosa “Chess” de Sutton Coldfield fundada por B. H. Wood, aparecían posiciones complejas que se presentaban a maestros, grandes maestros y a los lectores en una forma de concurso. No era otra cosa que repetir los protocolos del Dr. de Groot y averiguar cómo y que pensaban jugadores de diversos niveles.  Con una colección de tales posiciones recabadas en decenas de números de la revista “Chess Monthly” propuse al GM Aivar Gipslis realizar en Innsbruck en 1987 algunas pruebas con varios adolescentes de varios países que participaban en el Mundial de Cadetes. El caso es que algunos resolvieron mucho mejor los “protocolos” escuchando a Mozart que cuando no lo hacían. Probamos con otros compositores, Chaikovsky no funcionó. Chopin y Beethoven tampoco. Modest Mussorgsky si.  Pensamos que esto había que planteárselo a un experto en música. Pensamos en Schiller de Estados Unidos, pero al final consultamos a una cellista austriaca que era sicóloga y ajedrecista. Nos propuso otro test. Pusimos a varios muchachos provenientes de países tropicales y resulto que con música de danzón mejoraron mucho su desempeño. En suma, no sacamos nada en claro. Diez años después comenté esto con el Dr.de Groot quien descartó los test por falta de algunos procedimientos para hacer formales nuestros protocolos. No obstante Gipslis consideró útil poner música mientas se ponían posiciones a resolver a sus pupilos.
Me temo que después del Dr. de Groot, habrá que esperar mucho para poder establecer esquemas prácticos para aplicar en el mejoramiento del razonamiento, o para desarrollar un modelo adecuado de proceso de razonamiento.

“Si me pierdo búsquenme en Andalucia o en Cuba”
Federico García Lorca a 70 años de su asesinato.

Ciudad de México a 2 de septiembre de 2006.