4 abr. 2007

Yo escribo, y los otros juzgan como lo entienden.


La frase celebre de Albert Camus quiero utilizarla para transmitir algunas “riflexiones” para varios de mis alumnos que se encuentran compitiendo en Aguascalientes.
Primero quisiera decir que el sitio web del evento tiene una de las mejores presentaciones de las habidas en torneos mexicanos. Por primera vez vemos para un evento de nivel nacional una apariencia de primer mundo. Advierto que no he profundizado en su navegación y en el funcionamiento pues iniciaba la primera ronda y las partidas en lìnea aún no comenzaban a transmitirse, pero la primera impresión es que la página web está muy bien.
Debido a lo numerosas de algunas caravanas provenientes de diversas entidades me imagino que se romperán records de asistencia, lo que se refuerza por la buena cantidad de alumnos mios que manifestaron participarían en ese evento.
Por motivos de trabajo y compromisos adquiridos, y, sobre todo, porque por el momento no tengo una especial determinación de competir, no pude asistir. Me hubiera gustado, no por razones técnicas, sino simplemente para hacer turismo deportivo, como supongo a la larga lo harán el 95% de los participantes. Saludar a los amigos, conversar en el dolce far niente, tiene su especial atractivo. Pero por el momento tengo asuntos más serios.
Para los adultos cercanos a la tercera edad, pudiera pensarse que podría tolerarse tal disipación, aunque para los jovenes es imperdonable gastar tiempo y dinero sin algún objetivo muy concreto y asequible.
El éxito en un torneo como el de Aguascalientes, para un jugador serio, requiere de tres cosas fundamentales:

1.Conseguir una gran energía.
2. Centrarse.
3. Afirmarse.

En el primer punto, mucho ayudará respirar bien, comer bien, un buen ejercicio y saber relajarse. Para respirar, algunos recordarán como trabajamos con la respiración regular con el vientre, ejercitando el diafragma. Obviamente, para mis alumnos via email, esto no aplica. Pero tomenlo en cuenta. También algunos recordaran la costumbre diaria de al menos tres veces al día hacer diez respiraciones profundas.
Por lo que respecta a comer, la fórmula de 70% de alimentos con alto contenido de agua, optar por cereales integrales y la muy baja ingestión de grasas, debe mantenerse.
Sobre el ejercicio, recordar lo de la zona de entrenamiento, con la prueba de decir siete palabras seguidas sin respirar, lo de los quince minutos diarios, con tres de calentamiento y doce de actividad continuada, es lo ideal en torneos de dos rondas diarias.
Para la relajación,. Recordar la fórmula de las dos sílabas eufónicas, como ab ba; se la; oh mo; ai an. Los que han estudiado conmigo lo entienden. Acuerdense que es dos veces al día, primero antes de desayunar y del ejercicio, luego, después de la cena. Quince minutos, o diez por lo menos, cada una.
Para centrarse, recuerde el que en caso de que no se sienta de humor, actué y finja. Como en los algoritmos de los grandes maestros, o como los “sombreros” de De Bono.
Para afirmarse, suscitar un estado en que se sienta bien, recuerde lo de Pavlov, que condicionó a su perro con una campana que hacía sonar cada vez que le mostraba carne. Luego logró que con solo tocar la campana salivabara el perro. Hay que aprender a ponerse en “estado conveniente” a la hora de jugar.
En la noche, antes de dormir, recuerde sus mejores momentos, “vease ganador”, como dice el anuncio.
Si no se preparo bien, le puedo dar el único recurso que le queda: Diga, mentalmente conmigo: “Padre nuestro …”
Por lo que respecta a los padres de niños ajedrecistas, como a veces quieren ver críticas en donde no las hay; prefiero referirlos a un relato de un escritor griego contemporáneo, que seguramente conocerán, al menos por una pelicula.
El gran escritor griego, Nikos Kazantzakis ("Zorba, el Griego") cuenta que, cuando niño, reparó en una crisálida adherida a un árbol, donde una mariposa se preparaba para salir. Esperó algún tiempo, pero, como estaba demorando mucho, resolvió acelerar el proceso. Comenzó a calentar la crisálida con su aliento; la mariposa terminó saliendo, pero sus alas aún estaban amarradas, y terminó por morir poco tiempo después.
"Era necesaria una paciente maduración hecha por el sol, y yo no supe esperar", dijo Kazantzakis. "Aquel pequeño cadáver es, hasta hoy, uno de los mayores pesos que tengo en la conciencia. Más fue él el que me hizo entender lo que es un verdadero pecado mortal: forzar las grandes leyes del Universo. Es preciso paciencia, aguardar la hora exacta y seguir con confianza el ritmo que Dios escogió para nuestra vida".
A todos los que están en Aguascalientes mis mejores deseos. Los que estamos en el Caríbe, en el calor abrumador, estudiando ajedrez, esperamos verlos pronto en algún torneo futuro. Hay tiempo para estudiar, hay tiempo para competir.
Es díficil recomendar como jugar un torneo, cuando uno no está con ganas de jugar un torneo.
Una madre llevó a su hijo ante Mahatma Gandhi e imploró: “Por favor, Mahatma, inste a mi hijo a no comer azúcar". Gandhi, después de una pausa, pidió: "tráigame a su hijo de aquí a dos semanas".
Dos semanas después, ella volvió con el hijo. Gandhi miró bien profundo en los ojos del muchacho y le dijo: "No coma azúcar".
Agradecida, pero perpleja, la mujer preguntó: ¿Porqué me pidió dos semanas? ¡Podía haber dicho lo mismo antes!"
Y Gandhi respondió: "Hace dos semanas atrás, yo estaba comiendo azúcar":