4 feb. 2010

Un Campeonato Mundial de Ajedrez en Ciudad de La Habana.

Por MI Raúl Ocampo Vargas.

En el mes de febrero se disfruta un buen clima en La Habana. La brisa refresca los días del invierno cálido y las noches son sencillamente muy agradables. En comparación al duro clima de Europa, febrero en La Habana es un paraíso.
En febrero de 1889 desembarca en el muelle de La Luz, un jugador ruso de ajedrez para disputar el Campeonato Mundial a William Steinitz, norteamericano de origen austriaco.
Mikhail Chigorin es sin duda el ajedrecista ruso más famoso de la época. El gran periodista habanero y considerado el “Apóstol” de la patria cubana, José Julián Martí Pérez lo describe de la siguiente manera: “El famoso Chigorin es un maestro del gambito de Evans”. El grupo promotor del match, los miembros del famoso Club de Ajedrez de La Habana, rinden en el muelle de La Luz una cálida bienvenida. Como lo relata el periodista de “El Diario de La Marina”: “Ante nosotros apareció una persona de rostro franco y agradable, de cultas maneras y de vivaz carácter”.
A pesar de que Chigorin no lo expresaba, era claro que el clima tropical no sentaba bien al ruso. Se le veía con el rostro muy enrojecido y bebía constantemente agua fría, con grandes bloques de hielo flotando en su vaso. Se habían tomado providencias para que los contrincantes no sufrieran por el clima. Se jugaba en horario vespertino, en un mes de clima tranquilo y los ventiladores abundaban. Steinitz, con sus 53 años, se veía muy fresco, pero Chigorin si tenía un aspecto de sufrir por el calor. Pero no se quejo. Se decía que durante ese match Chigorin tomaba brandy, la cantidad que deseara; y Steinitz champagna...
Algunos biógrafos escribieron que Chigorin fue un fuerte bebedor al final de su vida y que murió de diabetes a los 57 años con el higado destrozado.
Por las mañanas Chigorin adoptó una rutina, caminando entre las calles llenas de columnas cercanas al Prado. La calle Obispo y Montserrat, con un parquecito pequeño, agradaba al maestro ruso para descansar por la mañana. Después caminaba un poco hacia el Prado y recibía la brisa de frente.
Pero poco a poco Chigorin iba dejando de lado su rutina y pronto ya no se levantó por la mañana y salía hasta después del mediodía de su habitación. Refugiado totalmente del calor.
El match de 1889 fue desfavorable para el ruso, que salió derrotado por 10 a 6 a favor de Steinitz. Pero los cubanos seguían favoreciendo a Chigorin. El estilo romántico de Chigorin, atraía al temperamento latino de los cubanos más que el estilo científico y matemático de Steinitz. Chigorin prolongó su estancia en La Habana y compartió muchas horas con los aficionados cubanos, que festejaban ruidosamente en sus exhibiciones de partidas simultáneas o sus partidas individuales, las brillantes combinaciones que ejecutaba Chigorin. El Gran Maestro Chigorin escribe así sobre su primera visita a la Isla Grande del Caríbe: “Siempre había mucho público y nuestro encuentro era el tema de la actualidad en La Habana. No podía aparecer en ninguna parte, ni en los paseos o en las tiendas para no ser rodeado por personas del todo desconocidas para mí que me hacían cualquier cantidad de preguntas. Me rodeaban de atención como podían y, al parecer, todas las simpatías estaban de mi lado”.
El match con Steinitz terminó, pero los cubanos querían de nuevo tener a Chigorin en las calles de La Habana. A finales de 1889, el Club de Ajedrez de La Habana organizó otro match para Chigorin, esta vez con el inglés Isidoro Gunsberg, a quien consideraban algunos un retador más digno para Steinitz que el ruso. Chigorin, a pesar de que nunca se acostumbró al clima, estaba enamorado de la Ciudad. Visitaba con verdadero gusto sus calles y era visitante frecuente de alguno de sus cafés. En particular le gustaba recorrer la calle de Obispo y hubiera seguramente disfrutado el Café de Louvre en el Hotel Inglaterra, si no hubiese sido por que ya se consideraba este café como algo intranquilo, pues continuamente había disputas políticas en sus alrededores.
El match con Gunsberg terminó igualado, pero la relación entre los miembros del Club de Ajedrez de La Habana y el maestro ruso se estrechó durante el encuentro. Finalmente lo nombraron miembro honorario del Club.
De nuevo los miembros tratan de organizar un Campeonato Mundial en La Habana, y todos están por que Chigorin vuelva a ser el retador.
Por tercera vez Chigorin arriba a La Habana, esta vez al comienzo del invierno de 1891, para tratar de quitarle el título mundial al viejo Steinitz. El periodista mexicano de origen cubano, Andrés Clemente Vázquez escribía en un artículo que “en un futuro próximo Mijail Chigorin puede ser el elegido de la gloria y la fortuna para el Olimpo del ajedrez”.
El segundo match entre Chigorin y Steinitz captó mayor interés que el primero. Las partidas se transmitían por telégrafo a Estados Unidos y a Europa. Esta vez no se jugaría en Prado y Virtudes, sino que fue elegido el Centro Asturiano como sede del torneo, en uno de los salones mas espaciosos de la ciudad. Para la organización del encuentro fueron asignados 100 mil dólares. La sala del Centro Asturiano, con una capacidad para 500 personas, cada día estaba totalmente llena, con un público numeroso virtualmente apiñado. Entre los espectadores presentes, estaba presente el Jefe de ayudantes del general español Loño, José María Capablanca, el padre del futuro campeón mundial.
El match inicia en enero de 1892. El diario “Figaro” de La Habana se disputaba el liderato por la mejor cobertura del encuentro con el “Diario de La Marina”. La abundancia de sus notas y su mejor redacción, pues la realizaban periodistas muy capaces como Gelabert, Vazquez y Corzo, hizo del “Figaro” la referencia básica del encuentro. Al principio el ruso tomó la delantera. El “Figaro” destacaba lo enconado de la lucha y definía a Chigorin como exponente de una escuela brillante impetuosa de ataques turbulentos e inesperados. Mas tarde, Steinitz tomó el liderato. Las negociaciones previas al match establecían que sería vencedor quien acumulase diez victorias. El 28 de febrero, cuando la cuenta iba por 9 a 8 a favor de Steinitz, ya que la anterior partida fue victoria de Steinitz, tras de que iban 8 a 8, el match alcanzó todo su apogeo. La posición en el tablero era mejor para Chigorin y muchos se esperaban que se igualara el match 9 a 9. Pero aquí surgió un lance que resultó en realidad uno de los errores más grandes de la historia de los mundiales y Steinitz se aprovecha del grueso error con precisión y lo derrota, ganando el match 10 a 8. La victoria era pírrica, como el mismo Steinirz la describió. El prestigio de Chigorin no mermó en absoluto con esa derrota.
Al concluir sus crónicas, el “Figaro” subrayaba que, moralmente, Mikhail Chigorin estaba al mismo nivel de Steinitz, pues mostró ser un ajedrecista igualmente talentoso y profundo como el campeón del mundo. En ese mismo diario, Don Andrés Clemente Vásquez escribió: “No expresamos a Chigorin ni condolencias ni el pesar, sino por el contrario, estamos admirados de él. Viaje nuevamente hasta acá, lo esperamos... “
El Club de Ajedrez de La Habana, proyectó e hizo gestones para organizar nuevos encuentros para Chigorin, no querían separarse de él y se manifestaban sus seguidores más entusiastas. Pero no se concretó nada finalmente.
Las tres estadías de Chigorin en La Habana rebasaron, pos su significado, los marcos del ajedrez. Ellas despertaron un amplio interés en la distante Rusia en la Chigorin regreso a Rusia enamorado de Cuba. De vuelta en la patria, Mikhail Chigorin solía hablar de la isla en las páginas de las publicaciones rusas de ajedrez.

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