20 ene. 2012

PIPA Y SOPA y su acción contra el ajedrez.


En artículos anteriores he hablado de cómo se han recabado acervos históricos y técnicos de ajedrez por todo el mundo gracias al Internet. Decenas de miles de libros y revistas de ajedrez han sido accesibles en esta década por primera vez en la historia. Un ajedrecista avezado en la navegación por Internet puede conocer por primera vez ejemplares de libros que solo existían en unos cuantos museos o bibliotecas y que, hasta hace un lustro, era imposible consultarlos a menos que se poseyera una gran fortuna personal o institucional, además de un tiempo ilimitado para hacer investigaciones.
Lo anterior no sólo se aplica al ajedrez sino a todas las disciplinas del conocimiento humano. La información universal se abría así a todo el mundo, en un auténtico movimiento por la igualdad humana a través del conocimiento. Claro que como se dice que “La información es poder”, las brechas entre los poseedores de los grandes capitales y el individuo común se estrecho en una manera preocupante para los detentadores del poder.
La revolución informática se expandió en todo tipo de manifestaciones humanas y se podría prever que vivimos en una era nueva, muy acorde con lo que se predecía en las diversas profecías para el año 2012. Se podía hablar en serio de un nuevo mundo.
El impacto que causó en el siglo XVI con la disminución del costo de la elaboración de los libros gracias a varios hechos como la creación de la imprenta de tipos móviles y del papel, se observó en todos los países que controlaban el mundo de entonces. Las ideas y el conocimiento se diseminaban por el mundo y los grandes imperios pasaron por un desarrollo que inicialmente los hizo crecer pero que, muy por dentro, tenían en su expansión el germen que fatalmente acabaría con el dominio de unos pocos. Los siguientes cuatro siglos vieron el estrechamiento de la brecha que separaba a los tradicionalmente poderosos con el resto de la humanidad. A sangre y fuego se intentó conservar por las oligarquías el poder. Técnicas militares, innovaciones tecnológicas, por mucho que se intentó el conservarlas como secreto, fueron llegando a diversas razas y países que las emplearon para su liberación. La lucha por mantener la secrecía de las bases del conocimiento para mantenimiento y obtención del poder fue muy denodada, pero a la larga ha sido inútil. Las ideas y el conocimiento no pueden ser contenidas y se esparcen inexorablemente.
Por siglos ha habido la lucha entre la invención y la innovación contra la conservación y el secretismo. Basta examinar cualquier parte de la historia para observarla. Casos que pudieran parecer de poca monta como fue, por ejemplo, la lucha que los poderes gobernantes de la Inglaterra sostuvieron a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII para que no se diseminarán las traducciones de la Biblia al inglés común, aduciendo que sólo los doctores de la iglesia eran los únicos capacitados para interpretar las sagradas escrituras y que había gran peligro que el lector común pudiera discutir sus interpretaciones, asustó a muchos y fue la causa de persecuciones y ejecuciones de muchas personas.
Querían apropiarse los poderosos del derecho de ser los únicos interlocutores de las verdades divinas.
El invento y su consiguiente secrecía, de la pólvora sin humo, o de la elaboración del ron, fueron las bases de las guerras entre los grandes imperios como el español, el inglés y el francés, que acarrearon miles de muertes. Las “guerras del ron” incluso dieron lugar a que las más grandes batallas de los poderes europeos de esa época se desarrollaron en el Caribe, con situaciones tan “curiosas” como la toma de La Habana por los ingleses en el siglo XVIII con una escuadra de decenas de navíos y de miles de hombres, en número similar a las más grandes batallas terrestres que tuvieron lugar en Europa en ese siglo. Más dinero se gastó por las coronas inglesa y la española en esas luchas caribeñas que en sus campañas europeas y uno puede ver que fue por razones tan aparentemente simples como el ron.
La historia de la lucha por el secreto de la porcelana es muy similar. Si por esas cosas que parecen no tan importantes para el conocimiento universal, uno puede imaginar lo que está en juego cuando se habla ahora de la tecnología. Si hemos de creer en Gore Vidal, la URSS cayó por brechas tecnológicas y la imposibilidad de seguir la carrera de los “escudos satelitales”, cuando una ventaja de conocimiento que tenían los Estados Unidos tuvo inerme a la URSS ante una guerra de misiles.
El caso es que al conocimiento los detentadores del poder le colocan trabas de todo tipo, aunque es una contienda que no pueden ganarle al individuo común.
Casi siempre han logrado estar a un paso adelante, pues si la información es poder, el poder a su vez permite a sus poseedores acumular más información, pero no han hallado como resguardar sus acervos de información y esta termina por abaratarse y estar al alcance de los que no tienen tan grandes recursos y la brecha se va estrechando.
El PIPA y el SOPA han sido las “novedades teóricas”, pero ya sabemos que tarde o temprano, se les encuentra refutación.
Y así como no se pudo evitar que la Biblia fuese traducida al inglés, no podrá callarse al Internet. Por lo pronto, y a la manera de aquella novela en que los individuos, ante la quema de los libros, los aprendían de memoria para preservarlos, ya hay muchos clubes de “Fontanka” para que el acervo siga diseminándose entre muchas personas, no sólo del mundo del ajedrez sino de todos los mundos del conocimiento.
Pero hay que estar alerta y recordar que los muchos siempre vencerán a los pocos. Así está creada la naturaleza y es inevitable. Pero la alerta es necesaria para que los costos no crezcan más de lo debido. Es la supervivencia y es una guerra. “Vinieron por Megaupload, luego por otros, sino alzamos la voz, cuando vengan por nosotros, no habrá quien alce la voz ya…
2012 es una nueva era, evidentemente. Los mayas no hacían profecías, sino anotaban hechos pasados y decían que todo pasaría de nuevo de forma similar, pero nunca exactamente igual, pues vamos en una espiral ascendente que parece pasar por los mismos puntos, pero en realidad se pasa por puntos similares pero en otro nivel. Ayer por el ron, hoy por la informática.