14 ene. 2012

Tomando café en el “Louvre”.


A menudo uno busca mejorar su salud en algún sitio que le trae buenos recuerdos. Por eso me gusta tomar café en el “Louvre”. Por supuesto que no es el museo parisino. Es la cafetería del Hotel Inglaterra en La Habana. En Mérida también hubo un café “Louvre” muy céntrico, en sus altos se jugaba ajedrez; pero luego lo reubicaron y perdió, al menos para mí, su notoriedad. El de La Habana es otra cosa. Lo escogí para abrir una misiva que sabía que era desagradable. Un artículo mío de denuncia era rechazado o proponían hacerle algunos cambio “cosmético”. La simulación parece querer asentarse en toda sociedad. Los engaños más comunes en ajedrez son los que se le hacen a los papás de niños ajedrecistas, muchos con la ayuda de papás de exniños ajedrecistas, que quieren no cambiar un status cómodo, esperando que los nietos sustituyan a los hijos. Es innegable que muchos hacen una labor encomiable, pero en muchas ocasiones, y a veces involuntariamente, ayudan a que los padres noveles no perciban las simulaciones.
En la educación nacional hemos observado una gran baja del nivel académico, pues en lugar de crear las condiciones para que los alumnos se desarrollen lo suficiente para que alcancen el rendimiento necesario de acuerdo a los requerimientos planificados para salir avantes en sus estudios, bajan dichos requerimientos para asegurarse que los cumplan. En lugar de elevar a la población a su superación, bajan los mínimos para que estén al alcance de todos. Suena a como bajar a 1600 de rating la primera fuerza para decir que rápidamente pasamos de 200 jugadores de primera fuerza a 500 jugadores y presumir que “hubo superación”.
“Cuando la sombra de los enanos crece, se acerca el crepúsculo”.