17 ene. 2013

Inaugurando puentes y revalorando a Botvinnik




Después de un buen período, reanudo mis actividades en el blog. Estuvimos ambos congelados un buen rato, en sentido figurado y literal.
Establecer puentes entre entrenadores es básico para evitar que uno se anquilose o se ate a ideas que, por muy buenas que sean, impiden que veamos diversos puntos de vista.
El entorno en que uno se desenvuelve influye mucho en la manera de pensar, por lo que siempre es bueno ver nuevos panoramas, o algunos viejos, pero que difieren de los habituales.
Cuando he estado en La Habana, Mérida (ambas Méridas, Yucatán o Venezuela), San Petersburgo o la Ciudad de México, siento la influencia del entorno. El clima y los colores nos hacen ver unas cosas distintas. En Mérida, Yucatán; extrañaba ver las montañas, los verdes valles, o las calles y los edificios majestuosos de la ciudad de los Palacios que tanto elogiara Humboldt. En la Ciudad de México añoro las calles tranquilas de Mérida, el ambiente poético y trovador, la manera tranquila y lenta en que pasan las cosas; así como el bullicio de La Habana y el carácter jocoso y siempre alegre de los habaneros, los paseos en la Calle Obispo y el sabor del aire como a Tabaco (aunque quizás con el habano en mis labios eso solo lo percibo yo). En La Habana me frustra no contar con el Internet, lo mismo en San Petersburgo, aunque por diferentes razones. En San Petersburgo la majestuosidad de sus edificios tan hechos como para una estampa, las calles alrededor de canales y las pláticas con los grandes del ajedrez, no me pueden hacer dejar de añorar el sol meridional de la América Nuestra; pero ese ambiente de respeto y ceremonia que brindan a los que trabajamos en ajedrez se necesita para olvidar los desdenes de la sociedad en México y todos en aquella monumental ciudad rusa lo hacen a uno sentirse importante. Dicen que oír hablar ruso a una mujer de San Petersburgo es como la música y esa música suave me recuerda la manera de hablar náhuatl de nuestras mexicanas en las zonas rurales del Distrito Federal.
El caso es que de vez en cuando hay que cambiar de aires y de idioma de interlocución. Para escribir hay que vivir, me recordaba Miguel Angel Castillo la recomendación constante de Juan José Arreola. Se necesitan las vivencias para que uno quiera escribir.
Hace un par de años, tras otro período entre diciembre y enero de año nuevo, transcribía lo que pensaba en Fontanka, en San Petersburgo, para publicarlo luego en Ciudad de México; pero no siempre uno puede o desea tomar notas sino que se prefiere que la mente interprete las vivencias un poco ya en lejanía.
En la entrañable Fontanka, un entrenador ilustre de Rusia, amigo de muchos años, me recriminaba algunas cosas que escribía en mi blog, y decía en sentencia: “Te olvidas mucho de Botvinnik, la misma escuela de Riga perdería mucho si no hubiese Botvinnik influenciado tanto a Koblentz, el mismo Petrovs, con toda su grandeza, citaba a su contemporáneo Botvinnik, debieras haber visto, o escuchado las largas argumentaciones de ellos y todo lo que Koblentz tomó de ellos”
Como un consejo de quien viene me parecía imposible de no tomar en cuenta, ya al otro día estaba examinando notas sobre esas pláticas, y haciendo unas nuevas en base a las conversaciones con los viejos, muy viejos ahora, supervivientes de esas charlas entre el gran maestro letón Petrovs y el patriarca del ajedrez soviético.
Redescubrir a Botvinnik después de tanto haberlo leído me parecía un poco difícil, pero pude ver videos y filmes, notas periodísticas que antes tal vez no les puse la debida atención y pronto tuve un sentimiento que era cierto. “¡Como pude olvidar tanto tiempo a Botvinnik!”
Decía Eusebio Leal que los lugares son importantes por las cosas que en ellos habían sucedido y San Petersburgo fue testigo de tantos sucesos. Ve uno la fortaleza de San Pedro y San Pablo y se imagina las épocas de los zares, luego puede uno ver los escenarios de la Revolución de Octubre, al crucero acorazado “Aurora” y los ya numerosos afiches que recuerdan que en enero de 2013 se cumplen los 70 años de la ofensiva soviética para liberar a Leningrado del asedio de 900 días, así como, sentado al lado de nonagenarios jugadores y entrenadores de ajedrez, puede uno recorrer décadas del ajedrez en San Petersburgo y como la huella de Botvinnik está firme aun entre los grandes maestros quinceañeros que se preparan para el “Moscow Open” de febrero de 2013.
Los recuerdos de los viejos maestros con tres décadas de más edad que la mía, me comprometieron, como  así lo hice con ellos, de retomar lo de “Aprendiendo de los Entrenadores”, tras de que muchos me aseguraron que mi versión en ruso no era tan mala, aunque la corrigieron con tantas marcas en rojo que parecía que a mis páginas les había llegado la viruela.
Uno de los amigos de Fontanka ya sacó en Dejavu la versión rusa de la primera parte y se unió al acervo creciente de escritos que circulan por la red.
De nuevo un disco duro portátil de dos Teras parece insignificante ante todo el material recabado entre el 15 de diciembre de 2012 y el 15 de enero de 2013,  lo que me obliga a ver videos nuevos y a escuchar archivos en mp3 en ruso a cantidades que parece que mi meta no es rediseñar métodos para entrenar ajedrez sino graduarme en lengua rusa.
Pero una cosa es segura ¡No olvidaré a Botvinnik!, pero ahora que conozco más de Petrovs, sigo siendo adherente a la idea de los magos de Riga. ¡San Petersburgo es tan cercano de Riga!