20 jun. 2013

Secretos de un excelente libro de ajedrez.






La ventaja de tener acceso a más de 40 mil libros y revistas de ajedrez, es que uno puede escudriñar completamente la evolución de un texto, sobre todo si es un clásico y ha tenido diversas ediciones.
El maestro Isaac Oscarovich Lipnistky fue uno de los mejores jugadores de la historia de Ucrania y uno de los pilares de la escuela de ajedrez de la ciudad de Kiev a pesar de fallecer a una edad muy temprana.
Su obra maestra como autor fue “Cuestiones de la Teoría Moderna de Ajedrez”, editado en 1956 por la Editorial Médica de la República Socialista Soviética de Ucrania. A pesar de ser un volumen de 433 páginas, no fue la versión completa de la obra como la había pensado Lipnitsky, pues el editor, S.N. Starchenko sugirió algunos recortes aquí y allá, que requirieron algunas negociaciones. Lipnitsky, con sus 33 años de edad, ya contaba en 1956 con la experiencia de que a otro de sus libros en 1953 le habían hecho severos recortes. Tuvo que soportarlos, pues no se podía decir que era obra de un solo autor, pues alumnos y colegas de Lipnistky algo habían aportado, como cita Efim Lazarev en la edición en inglés de 2008 del segundo libro de Lipnitsky.
El caso es que si uno examina copias mecanografiadas del proyecto original de 1956 del libro “Cuestiones de la Teoría Moderna de Ajedrez”, se ven decenas de cuartillas que no pasaron a la primera edición, que hubieran llevado a tener más de 600 páginas fácilmente.
Ya para la edición en ruso de 2007, la obra tenía 234 páginas, a pesar de habérsele añadido algunas partidas de Lipnitsky jugadas después de 1956, fecha de la primera edición. Sobra decir que cuando se tradujo al inglés la nueva versión, basada en la más reciente edición en ruso, ya era de 230 páginas.
Fischer se quejó mucho de que su libro “60 Partidas Memorables” al ser pasada al algebraico en la última edición, tuvo muchas correcciones “de estilo” que terminaron tergiversando la intención de varios de sus comentarios. Intentó establecer demandas sin lograr los cambios, aunque si logró desprestigiar a los“arreglistas” sobre todo al Sr. Winter de Ginebra, que luego mantuvo una disputa epistolar con el GM Larry Evans, que fue el que ayudo a Fischer en la redacción de las “60 partidas memorables”. Fischer y Evans fallecieron sin lograr que se hiciese una nueva edición corrigiendo los cambios de Winter.
Muchos argumentos tenía a su favor el erudito ginebrino y pareciera que la disputa era del tipo bizantino, pero en el caso de Lipnitsky parece que es una verdadera pena ciertas reducciones.
Las copias en PDF de los originales mecanografiados circulan ampliamente por Rusia y Ucrania, lo que hace que una centena de entrenadores poseen las dos versiones en ruso impresas y la versión en mecanografía, gracias a que en los archivos soviéticos de Ucrania se guardaron y luego en 1993 decidió alguien, afortunadamente, los fotocopio primero y los escaneo después, además de que Lipnitsky los escribió en ruso desde un principio.
En cualquiera de las cuatro versiones la obra es magnífica y hasta cierto punto no se siente, si uno no se dedica a dar clases, la diferencia de tamaño de la obra mecanografiada de la más reciente edición de 2007, pues está el contenido esencial. Lo mejor de lo mecanografiado eran algunas recomendaciones que Lipnitsky daba para realizar una guía de estudio, que fue lo que un especialista de 1956 en pedagogía, juzgo innecesaria y confusa, según dice una nota que puso Lipnitsky como protesta y que comunicó a un grande del ajedrez ucraniano Efim Geller.
Lipnitsky trató de redactar otro libro en que describía las particularidades de la manera de enseñar en Kiev que pensaba hacía su escuela muy diferente a otras de la URSS, pero su intento quedó en un panfleto de 70 páginas impreso en un tiraje de solo 2000 ejemplares en 1958. Falleció al siguiente año, a los 36 años y no completó su obra que quedó en manos de otro gran maestro ucraniano fallecido prematuramente, Leonid Stein, y ahora ese trabajo es como una leyenda urbana, pues muchos entrenadores presumen tener una copia y le venden a uno un ejemplar, que aunque magnífico, no se puede asegurar que sea de Lipnitsky.