26 ene. 2014

Los libros de ajedrez, falacias y malos entendidos.




Todos los que gustan de jugar ajedrez desean mejorar en la calidad de su desempeño y conforme tienen más experiencia en ese mundo especial de las competencias de ajedrez buscan con avidez el camino para su superación.
Al principio ni se imaginan lo complejo del problema, o mejor dicho lo enorme de la oportunidad que tienen enfrente y que puede elevar su vida mucho más allá del ajedrez y del simple hecho de jugar mejor aquel enigma de las 32 piezas y las 64 casillas.
Ante sus ojos se va abriendo un panorama en constante crecimiento que generalmente los maravilla y agobia al mismo tiempo y van dando pasos en el camino de la prueba y error.
A veces topan con los instrumentos adecuados a los primeros intentos, otras veces les toman años y enormes gastos que casi los desaniman por completo.
Como es aleatorio, hay quienes llegan a la maestría tras un par de años y otros tras un par de décadas.
Decía el gran campeón mundial Emanuel Lasker que cualquier persona de inteligencia media podía llegar a ser un maestro en ajedrez con poco más de 150 horas de estudio y unas otras 500 de práctica, si seguía el plan correcto y estudiando los textos adecuados y compitiendo en los torneos que correspondían a sus diversos avances.
Otros estudiosos del desempeño y del logro de la excelencia sentencian que se necesitan 10 mil horas de práctica y estudio combinados para alcanzar la maestría en una actividad.
Pero como uno es su persona y su contexto, esas facetas de decir que lo adecuado, lo correcto y lo correspondiente, puede ser un obstáculo pues dependen de un poco de suerte y de factores externos, el “contexto”.
Hay decenas de miles de libros de ajedrez y centenares de miles de documentos con artículos sobre como jugar mejor. Pues si varios millones juegan ajedrez, un diez por ciento de esas personas se han puesto a pensar seriamente como mejorar en ajedrez, y es posible que uno de cada mil haya investigado profesionalmente o casi, como resolver la cuestión de jugar mejor.
Es posible que solo uno por millón tenga una idea relativamente aceptable y significativa de cómo lograrlo realmente y no más de una centena por millón tenga la posibilidad real de ayudar a otros jugadores al tener conocimientos, habilidad, experiencia y facilidad de comunicación.
Hay muchos muy buenos libros que a menudo no son comprendidos pues no es fácil estudiarlos, dado que el autor tenía los conocimientos y la idea, pero no la habilidad literaria o la preparación pedagógica para hacer llegar su valioso mensaje a todos los lectores. Habrá quienes capten las ideas y muchos que no y el libro pasa inadvertido, o en el mejor de los casos, tendrá que esperar a ser redescubierto.
Pas muchas veces que uno estudia un libro y lo decepciona, pero varios años después vuelve uno a acercarse al libro y descubre en el las maravillas que antes no captaba. Y es que no había llegado el momento adecuado o no se tenía aún algún conocimiento previo que era indispensable. Es lo que algunos llamamos la teoría del Quantum en ajedrez. Es como un café que no sabe bien porque le falta la crema y el azúcar para que sea de nuestro gusto. Es un café incompleto para nosotros, pero para otros que no gustan de la crema y el azúcar, ya era bueno así.
Seguido veo comentarios sobre libros en que los “evaluadores” dan opiniones adversas y me sorprende que hablen mal de libros magníficos. Pero luego uno reflexiona que simplemente pueden carecer de la capacidad para hacer una evaluación justa.
Me recuerda esa anécdota, probablemente no tan cierta, como es normal en las anécdotas que se cuentan, en que a Fischer un aficionado le decía: “usted es el mejor jugador del mundo” y Fischer contestaba: “Es cierto, pero usted no tiene el conocimiento o la experiencia para saberlo”.
Un excelente y docto orador, Eusebio Leal decía al recibir un premio: “No ofenderé al jurado diciendo que no lo merezco…” Es como cuando uno le dice a su compañera que es hermosa y ella contesta “No digas mentiras”, como que uno se siente dolido y piensa en sus adentros: “Si no sabré yo si una mujer es hermosa o no”.
El problema de cómo seleccionar libros es ya enorme, pero más aún como estudiarlos.
Si uno tiene una formación para estudiar cualquier materia, con el hábito de tomar notas, llevar agendas, bitácoras, grabar comentarios, estudiar con sistema, obviamente en ajedrez también logrará comprender el tema, como lo hizo con otros.
Pero para muchas materias académicas hay referentes numerosos y para el ajedrez en ciertos países escasean.
Ahora bien, uno puede adquirir el conocimiento que ofrece el texto, pero luego poner ese conocimiento en práctica es otra cosa. Hay muchos que son eruditos en ajedrez, muchos que tienen sentido práctico, pero muy pocos que tienen conocimientos en cantidad adecuada y lo saben aplicar, y menos son los que constantemente alimentan su conocimiento y lo aplican consistentemente.
Es difícil mejorar en ajedrez pero más difícil es hacerlo constantemente.
Cuando uno recuerda a los grandes jugadores como Morphy, Capablanca, Lasker y Fischer, uno se maravilla que alcanzaran la excelencia solos, pues ahora vemos decenas de grandes maestros que tienen gran calidad, pero tuvieron el respaldo de academias de ajedrez y equipos interdisciplinarios con preparadores profesionales. Ahora ya no surgen jugadores de excelencia a un ritmo de uno por año, sino de decenas cada mes, pues las fábricas de ajedrecistas magistrales tienen mucho de funcionar.
Cuando un jugador que no tiene acceso a ser producto de esas “fábricas” se enfrenta con algún privilegiado proveniente de ellas, tiene un sentimiento de amargura por no haber tenido la oportunidad que su oponente, pero por otro lado la esperanza de saber que existe una manera y que la puede buscar y hallarla.
Cuando se abrió la mítica caja de Pandora y salieron todos los males, el último fue el de la espera, no la esperanza, que no puede ser un mal, sino la espera, el sentimiento de que algo puede llegar y uno lo espera. Es una tortura cruel.
Es como una película alemana que se llama Paraíso Esperanza, donde se ve la vida en un campamento dietético donde varios adolescentes obesos se esfuerzan en cierta manera para bajar algunos kilos. Uno ve el filme y siente que no los motivan bien y que están con espera, pero no con esperanza y uno percibe que las posibilidades de lograr su meta son mínimas, sino inexistentes.
Tiene espera, pero no la actitud y no alcanza esa espera a convertirse en esperanza.
88% del éxito de un ajedrecista se debe a la actitud, me decía el super veterano Novotelnov, y eso solo unos cuantos en el mundo pueden hacer que la cambie un jugador, Novotelnov decía que no conoció más de 20 en la URSS en sus 50 años de experiencia como entrenador.
De los libros decía: “Todos son buenos, depende del lector”.