7 jun. 2011

Reciente Congreso.

En un interesante congreso realizado recientemente en Ciudad de La Habana, Cuba; se discutió el futuro del libro impreso respecto a la proliferación de los libros en formato electrónico como PDF, EPUB o Dejavu. En ese evento se compartieron muchas opiniones y datos muy importantes, que creo sería bueno compartir en este blog.


Alejandro Piscitelli, en su libro: Ciberculturas 2.0. En la era de las máquinas inteligentes. Editado en, Buenos Aires, da un punto de vista muy ilustrativo:

“En su convención narrativa, Borges nos pide imaginar un mundo de multiplicidades a partir de un medio exclusivamente lineal (el libro). Para los lectores de hipertextos la situación es exactamente al revés: dado un texto que puede, en principio, remitir a cualquier cosa (como esta arborescente reflexión que usted está leyendo) la tarea consiste en ejercitar una ‘reducción’ racional del campo de posibilidades”

Los hipertextos y las pantallas señalan nuevos retos cognitivos y estéticos, pero no pueden desligarse de la psyché propia de la tecnología escritural cuyo corolario moderno es el libro industrial.

Lejos del empobrecimiento o la disolución que algunos malos exegetas pretenden ver en los recientes derroteros de la cultura alfabetizada, nos topamos hoy con procesos de lecto/escritura mucho más demandantes. Las habilidades puestas en juego no se reducen a domesticar la palabra; es imprescindible completar el ciclo estimulando las competencias necesarias para aprender, comprender e interactuar. “Ni el libro es David, ni la computadora es Goliat. Entreverados y mutuamente potenciados, la tinta de Gutenberg y los bits de McLuhan deberán aprender a convivir y a multiplicarse creativamente”

A veces es muy difícil mantener consigo enormes colecciones de libros, sobre todo a la hora de las mudanzas. Anteriormente, hace más de 25 años, yo poseía una colección de más de 5000 libros de ajedrez, que podía ser considerada la tercera de mi país en tamaño, después de la del Lic. Alfonso Carreño, y la del Ing. Alfonso Ferríz Carrasquedo. Después la limité a unos 1000, pues a mi primer divorcio, se quedó con mis hijas el principal acervo. Luego entre 1989 y 2000, volví a adquirir más de 3000 libros, bastante diferentes a los del primer acervo, pues el primero era principalmente en castellano, inglés y alemán y un 10% en ruso; ya que los libros en castellano los dejé a mis hijas, mientras que la segunda era básicamente en ruso y en inglés. Pero tras algunos cambios de ciudad de residencia y tras digitalizar libros propios y ajenos, así como intercambiar todo tipo de material y adquirir lo que ya es posible via internet, tengo un acervo con más de 22 000 documentos, pero con unos 500 impresos.

Pero ante propuestas de trabajo, principalmente en Angola y la Florida, hacen atractiva la idea de otra mudanza completa, y aunque parezca raro, el tamaño que ocupan CDS y DVDs también es muy grande; obligan a promocionar ventas de “Garage” de los ejemplares de libros y revistas impresas de ajedrez, de las que tengo literalmente una docena de cajas de 20 kilos, por los que me quedaré con unos 200 ejemplares impresos, solo respecto al ajedrez, no cuento de otros temas, para poder “moverme” con mis más de 22 000 libros y revistas digitalizados, que con películas en DVDs y programas en discos duros portátiles, etc; lograr no rebasar unos 300 kilos en cajas. También he experimentado en poner “bodegas etéreas” en Internet, o sea “cajas” de 10 gigas en los servers de sitios de archivos, como rapidshare, mediaplayer, depositfiles, etc.; que calculo poner unos 4 teras en el aire, rescatables en cualquier momento en la Internet, para respaldar todo ese material. Recientemente dedicó mucho tiempo diario a escanear documentos históricos del ajedrez mexicano, para preservarlos así de alguna forma, pues muchos libros de ajedrez son escaneados diariamente por cientos de personas por todo el mundo, pero muy pocos o casi nadie, escanearan revistas como la “Revista Mexicana de Ajedrez” 1933-1935; o el “Jaque Mate” de Cuba de 1964-1977, o “Ajedrez en San Luis” de 1965-1970; menos “Enroque del Pacifico” 1970-1971; etc., así como muchos libros editados en México con reducidos tirajes. En fin, si no lo hago yo, que tengo algunos de los pocos ejemplares sobrevivientes, no se quien lo hará, pues los ajedrecistas de mi generación y anteriores en México no están muy dados a hacerlo o simplemente, “llegaron tarde” a la era de la computación y prefieren usar libros impresos, por lo que no se tomarán el trabajo de digitalizar su acervo, lo que además no es tan fácil. Lo mismo con bibliografía de ajedrez de Cuba y Centroamérica.

Como me dijo un alumno, ya cincuentón por cierto, “Si no haces tus memorias, o no respaldas tu material, a tu muerte se perderá mucho”. El caso es que digitalizo el material, me quedo con algo de lo impreso, y el resto lo vendo. A precios de liquidación, pues puede tomar meses si trato de vender a buen precio. Así que reanudaré el “tianguis” en Apatlaco, pegado a metro Aplataco, el domingo próximo, interesados en Ciudad de México o lugares cercanos, envíenme un correo email a chesscom@hotmail.com, hagan una cita y avísenme como que tipo de material interesa, hay de todo, desde revistas rusas y españolas, hasta libros clásicos. Hay cientos. Desgraciadamente el correo no es confiable, aun en DVDs, en libros, está en chino básico. Tengo envíos que no han llegado en semanas a Chile y Perú, que tengo que estar reenviando varias veces y un DVD es fácil copiarlo, pero un libro impreso es ejemplar único. Sólo funciona bien en México, pero tengo unos DVDs perdidos entre Ciudad de México y Tapachula. En cambio envíos que he hecho de Ciudad de México a Luanda, y viceversa, han llegado sin problemas; y puede uno arriesgarse a incluso mudarse por correo, como una vez lo hice en Mérida, Yucatán; aunque el buen amigo Hugo Balam me tuvo que ayudar guardándome unas cajas de libros.

El caso es que el tema del libro impreso y libro digital está apenas empezando.