14 jul. 2015

La necesaria evaluación en Ajedrez, interna y externa.




La palabra evaluación parece tener cierto peso negativo para algunas personas. Es como aquel sentimiento de temor cuando llega un telegrama. Uno siente que llegarán malas noticias.
A muchos desagrada hacerse un examen médico periódicamente por tener miedo a que le den un resultado que implique algo dramático.
En el plano laboral una evaluación es sinónimo, para algunos, a un recorte de personal.
El caso es que en el mundo sólo hay una constante: el cambio. Las circunstancias varían y aunque en esencia los principios son inmutables, ni ellos mismos se mantendrán iguales día con día y menos los seres humanos, afortunadamente, se mantienen en una misma situación a todos los niveles, físicos, mentales, emocionales y morales.
Por eso en la vida hay que estarse constantemente reinventando, siendo proactivo y no simplemente reactivo.
El ajedrez de torneo es sumamente competitivo y requiere que cada partida mejoremos nuestra manera de razonar, principal herramienta que tenemos para jugar ajedrez; y debemos hacerlo al máximo posible, ya que la gran mayoría de nuestros competidores se esfuerzan todo lo que pueden para superarse y vencernos.
La evaluación constante, el monitoreo de nuestras condiciones y recursos técnicos, físicos y volitivos, es de una importancia enorme para saber si los esfuerzos que hacemos para cambiar y superarnos están teniendo buenos resultados y así tomar las medidas adecuadas para lograr más con nuestros empeños.
La evaluación requiere ante todo ser objetiva; no podemos caer en la trampa que los políticos crean al hacer públicas evaluaciones falsas para disfrazar cuando sus errores hacen que un país se caiga a pedazos y tratan de engañar a sus votantes o simplemente mitigar la avalancha de protestas que parecen ser el común denominador de una sociedad que ya no puede aguantar tanto engaño y simulación.
Todo el entorno ajedrecístico debiera ser evaluado, desde los ámbitos y el personal que se ocupa en nuestros torneos, que difícilmente lograría una calificación aprobatoria en comunidades donde no abunda la familiaridad acrítica que es el mal del gremio mexicano del ajedrez.
Inevitablemente se llegará a tal descenso que ni esa familiaridad acrítica pasará por alto y, de acuerdo a la teoría de la rueda cuadrada, habrá cambios bruscos.
Pero en lo que toca a la evaluación interna, esta depende totalmente de nuestra decisión y de que tengamos el valor de emprenderla. Cada partida, cada jugada, debiera ser una llamada de atención de que debemos orientar nuestros esfuerzos y recursos de la mejor manera para ser un ajedrecista de mayor nivel cada vez.
En el ajedrez estamos poniéndonos a prueba a cada momento, ese es el principal valor de su práctica organizada. Pero si no registramos lo que pasa, si no llevamos a cabo una bitácora de torneo, si no analizamos nuestras experiencias y sacamos conclusiones de lo que cada partida nos dejó en enseñanza, la experiencia nos dejará menos y será más difícil aprovecharla para el cambio de conducta que determina nuestra superación en los futuros desempeños.
No basta prepararse antes de la partida, no es suficiente esforzarse mucho al jugarla, es igual de importante lo que se haga después de la partida. La memoria de nuestra experiencia, el cuidadosamente separar cada parte de la partida, cada jugada, analizarla, sintetizarla y de ahí extraer lo esencial y registrar todo con cuidado, es lo que construirá la intuición necesaria para tener la guía poderosa que nos dé luz en las complicaciones de la próxima partida y podamos efectuar lo anhelado por todo ajedrecista: la mejor jugada.
Como formular bien la pregunta es al menos tan importante como la respuesta, la evaluación, el diagnóstico es al menos tan importante como la receta que logrará nuestro cambio.
La hoja clínica, el expediente de cada alumno es para un maestro tan importante como el diseño de la clase, la reunión de las posiciones con que ejemplificará los conceptos a transmitir y la elección de los ejercicios para la práctica deliberada que corregirá un defecto del pupilo o reforzará un conocimiento o habilidad.
En cada jugada evaluamos en el ajedrez, así en la vida, evaluar es indispensable para tomar decisiones. Somos un homo “evaluante”, con ese neologismo quiero decir que una herramienta que nos debe acompañar es nuestro conjunto de mediciones que permita que a cada acción futura podamos medir y valorar sus consecuencias, que a cada situación presente la midamos al detalle para plantear con precisión que tareas tenemos por delante y que opciones para realizarlas tenemos.
Aunque he tenido que reducir mis escritos en este blog, he aumentado mi trabajo para escribir manuales y libros para “el ajedrecista descalzo”, que traten con amplitud temas un poco relegados por no ser tan mediáticos y espectaculares como los usuales en la mercadotecnia bibliográfica de ajedrez, pero que son fundamentales para el real desarrollo humano del ajedrecista que quiere ponerse al 100 y hacer más por él sin tener que gastar más.
Paciencia por ello pido a los seguidores del blog y a los interesados en los libros anunciados. La cosa es lenta, pero el tiempo no respeta lo que se hace sin tomarlo en cuenta. Además se me atravesó la fiesta de San Fermín y… hontan otoi.