13 sept. 2015

Instrumentos para estudiar ajedrez: el libro y sus limitaciones.




Durante una visita a una mesa de venta de libros de ajedrez en un torneo internacional abierto en Ciudad de México, un jugador me hizo un comentario de que había leído el famoso libro “Mi sistema” del GM danés, nacido en Riga, Letonia, Aarón Nimzovich; y que le había parecido muy confuso.
Al preguntarme mi opinión le exprese que a mi me parecía que había varias razones para ello: Primero, quizás no era adecuado para su nivel. Muchos jugadores al iniciarse en el ajedrez estudian libros que no son muy recomendables en esa etapa de su desarrollo porque para entenderlos necesitan algo más de experiencia.
Por lo general, libros de índole posicional deben estudiarse después de haber logrado un mínimo de dominio de la táctica y el cálculo de variantes.
Segundo, el libro está un poco mal escrito. El mismo Nimzovich se quejaba de que sus editores le habían cercenado partes importantes de sus explicaciones, ya de por si limitadas en inicio por ciertas recomendaciones que les habían sido fijadas al hacer los primeros acuerdos al proyectarse la obra. En resumen, no se había expresado en el libro con suficiente libertad e incluso tuvo luego que publicar una parte adicional, “ La Práctica de Mi Sistema”, que desgraciadamente sufrió de los mismos problemas que la de la primera parte.
Luego, para terminar, le explique que una versión en castellano del libro y algunas en inglés tenían lamentables malas traducciones. Todo eso sumado, esta obra, considerada por muchos como la Biblia del ajedrez posicional de la primera mitad del siglo XX, puede confundir a muchos lectores.
Lo que sufrió el autor de “Mi Sistema” lo han sufrido la mayoría de los autores, no sólo los de ajedrez, sino los de todos los temas. Por eso, a pesar de que se han logrado crear muchas obras maestras, que habría que añadirle que son producto de esfuerzos más que encomiables; otros textos pudieron llegar a ser más grandes en realidad que lo que han llegado a nuestras manos.
Los costos de los libros de todos los temas son altos para los estudiantes y muchas instituciones han creado antologías ante la imposibilidad de surtir tan ampliamente como quisieran sus bibliotecas con los textos completos. Así también hay que considerar el objetivo para lo que muchos libros fueron hechos. En ciertos temas, digamos no tan precisos como las ciencias exactas, mucho de lo escrito en los libros refleja opiniones personales de los autores, todas sujetas a ser examinadas con pensamiento crítico, para lo que muchos de sus lectores, si acceden prematuramente a su estudio, no están del todo preparados.
¿Cómo saber si uno está preparado para estudiar un libro? ¿Cómo adquirir el libro adecuado, si la mayoría de ellos está publicado en menor número del de los jugadores que lo requieren?
La era de la computación abrió una puerta especial, amplia y magnífica, aunque al mismo tiempo muchos la consideran muy peligrosa. La puerta de la piratería y la distribución desorganizada y aleatoria de los libros. Circulan miles, mezclados buenos, malos y pésimos; instructivos y destructivos. Como un analista ruso suele decir: “Es como las minas: para extraer unos gramos de oro hay que extraer toneladas de tierra y basura”.
Cuando integro una antología de libros y los coloco en una memoria para tablets, tengo que seleccionar lo que creo son los mejores 2000 textos entre más de 60 mil que tengo en mi disco duro entre artículos, revistas, libros, etc.
Comienzo con un archivo de 150 gigas para reducir a 8 o 14 gigas con lo mejor, además de que tengo que añadir todo tipo de guías y mi propia colección de lecciones, que en cuartillas serían como diez libros míos,  recabando textos, ejemplos y ejercicios sacados de doscientos libros, una compilación que me ha llevado años.
Así se puede vencer el que algunos libros estén agotados, pues aunque hay textos magistrales que aparecieron con poco más de 1000 ejemplares de tiraje, al escanearse y difundirse en la internet, pululan cientos de miles de ejemplares y es fácil hacerse de uno en la red.
También la cuestión del idioma se resuelve, pues tomando ejemplos con notas de libros en ruso, los traduje al español, les agregue opiniones de otros libros, mucho de mi cosecha, y otras cosas aparecidas mucho después de que el libro se publicó y queda así un tema muy renovado, teniendo como base original una obra de ajedrez ya muy reconocida y recomendada por muchos expertos.
Pero falta por resolver el nivel del lector. Para ello he tratado de diseñar exámenes para establecer la fuerza y el nivel de conocimientos de una persona, aunque muchas veces no mantienen una relación “normal”, pues hay muchos aspectos sicológicos, físicos e incluso culturales, por los que un jugador de ajedrez juega a menor o mayor fuerza a lo que correspondería su nivel.
También hay que considerar que un lector puede querer saber más de ajedrez y no necesariamente jugar mejor ajedrez. Hay muchos que disfrutan mas estudiando ajedrez, deleitándose por la belleza de las ideas y no están interesados en los resultados deportivos en el ajedrez.
Para ello voy perfeccionando un programa computacional que pudiera usarse para hacer una serie de preguntas y que ofrezca como resultado una sugerencia de que libros o artículos de ajedrez estudiar e incluso un plan de estudio con sus cargas y sus recomendaciones; algo como lo que hacen los famosos y meritorios programas Ponte al Cien respecto a las capacidades funcionales físicas. Un Ponte al Cien para el ajedrez, es la meta.
Así las limitaciones de los libros serían finalmente disminuidas y en cambio podríamos mas plenamente aprovechar las grandes creaciones literario ajedrecísticas de los creadores del pasado y del presente.