14 sept. 2015

Progresar después de empezar en el ajedrez. La curiosidad puede ser la llave.





Una vez alcanzado un cierto nivel, pareciera que la mayoría de los jugadores son incapaces de progresar de verdad.
Si no cuentan con una guía clara, muchos centran sus estudios en las aperturas; los más afortunados también estudian una cantidad limitada de estáticos temas estratégicos y clásicas tácticas en el mediojuego, aprenden algunos patrones, pryomes y realizan ejercicios de cálculo de variantes y estudian una pequeña  colección de finales estándares.
Pero aun cuando son guiados, al principio logran algunos progresos generales y comienzan a comprender qué es lo que realmente están haciendo cuando se sientan delante del tablero y se enfrentan a los verdaderos problemas del ajedrez.

 Las habilidades de un jugador de ajedrez pueden ser dividas en cuatro vertientes principales:
 1) Conocimientos
Algoritmos y formulas. Patrones y pryomes, técnicas,  cultura general del ajedrez, comprensión de las propiedades de las piezas, peones y de las casillas.  Se adquiere por el estudio de la Teoría y el examen de nuestra experiencia propia y de la de los maestros. Conocimiento de operaciones de estrategia y táctica.
 2) Capacidad de valorar íntegramente cualquier posición y tomar las decisiones que corresponden. (T, O, P, de STOPS)
 Esta capacidad es adquirida a base de, práctica deliberada, (ejercicios correctivos), y la práctica en torneos, apoyadas en los conocimientos, así como la capacidad para identificar las demandas de la posición y de formularse las preguntas adecuadas para encontrar la ruta a seguir y tomar las decisiones adecuadas .
3) Una buena condición física.
Actividad física, hábitos saludables de comida, sueño y ejercicio físico; adquisición y mantenimiento de buena salud física y mental.
4) Habilidades personales y rasgos de carácter. Auto Control de voluntad y emociones. (S primera y segunda de STOPS).
Estas habilidades se desarrollan por medio de una mezcla de estudio de temas relacionados, ejercicios de concentración, alimento de la auto imagen, motivación, nutrir valores y reflexionar continuamente al respecto. Auto análisis continuo y aceptación de situaciones para tomar medidas correctivas o de aumento, si es el caso.

Si se quiere ser un jugador de ajedrez completo, no se puede prescindir de ninguna de estas cuatro vertientes. Éstas deben estar en la base de cualquier plan sistemático para mejorar en ajedrez, y de hecho, cada día debe trabajarse en algún aspecto para lograr una pequeña mejora cotidianamente.

Un buen entrenamiento debe atender simultáneamente cada una de las cuatro vertientes, por lo que no basta adquirir conocimientos, sino que es necesario que al adquirirlos se haga de tal manera que involucre el proceso las vivencias que desarrollen las demás habilidades también.
Adquirir conocimientos y al mismo tiempo desarrollar la capacidad de de valorar posiciones y tomar las decisiones, cuidando alternar los tiempos de estudio con actividad física y ejercicios de razonamiento en ajedrez para fortalecer la voluntad y alimentar la motivación. Sin guía adecuada un principiante, por muy talentoso que sea, no lo puede hacer, requerirá saber más de ajedrez y de la problemática humana del ajedrecista  antes de poder atender simultáneamente las vertientes. Partir de cero le impide ver el escenario final y sin esa visión dependerá de su curiosidad y de la manera en que fue educado.
Todo es modificable y tendrá que realizar la revolución de su forma de pensar y actuar para poder seguir ascendiendo hasta las cimas del ajedrez.
Para ganar en el juego de la vida y en el ajedrez, lo que cuenta es el deseo de aprender.
Según un articulo de Ian Leslie titulado “Curios. The desire to know and why your future depends of it”, (Curiosidad. El deseo de saber y porqué su futuro depende de ello), en 1994 el economista conductual George Loewenstein, de la Universidad Carnegie Melon, en Pittsburgh, Pensilvania; postuló la hipótesis de que la curiosidad es una reacción ante cierta laguna de información. Loewenstein dice que la información aviva nuestra curiosidad al hacernos conscientes de nuestra ignorancia , lo cual suscita el deseo de saber más.
El papel que saber un poco desempeña en despertar la curiosidad es vital. Cuando no sabemos nada sobre un tema, en realidad nos dificulta ponerle atención.
Por eso afirmo que hay que enseñar un poco de ajedrez a todos los escolares obligatoriamente, para que de ahí despertar la curiosidad necesaria y así voluntariamente se involucren más en la práctica organizada del ajedrez , ya motivados por esa curiosidad. Si todos los escolares conocen, aunque sea por “arribita” el ajedrez, un gran porcentaje de ellos buscará canalizarse a conocer más ya por su propia voluntad y entonces si traerá el ajedrez beneficios a su vida.
Según Leslie, los niños y adultos a los que se califica como faltos de curiosidad quizás tengan una limitación distinta: falta de información básica sobre el tema de que se trata.
Hay que cuidarse siempre de creer que sabemos ya todo. Es una falla común entre los ajedrecistas a ciertos niveles. El sicólogo Daniel Kahneman, ganador del Nobel, dice: “Nuestra reconfortante convicción de que el mundo tiene sentido descansa en un fundamento seguro: nuestra casi ilimitada capacidad de ignorar nuestra ignorancia”.
El filosofo inglés John Stuart Mill, tras de que en su niñez su padre le inculcó a la fuerza un gran acervo de conocimientos, (aprendió griego a los tres años), sin embargo después pudo disfrutar los placeres de la exploración intelectual libre y escribió: “Es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un tonto satisfecho”.
Ian Leslie concluye: La fuerza emocional de la curiosidad es lo que nos impulsa en nuestras pesquisas intelectuales.
Está claro que la urgencia de aprender es motivada por el deseo de ganar en ajedrez y esto, la constante curiosidad.  sin duda es uno de los más grandes aportes que nos da el practicar ajedrez.
A toda edad podemos progresar, siempre que no nos rindamos y nos demos por vencidos en la lucha por saber. Como decía Winston Churchill: “¿Rendirnos? Nunca, Nunca, Nunca”.