16 sept. 2015

Los cuadernos de trabajo, material fundamental para el ajedrez.





Muchos de los instructores que adquirieron las tablets con las memorias de varios gigas con material de ajedrez, me preguntaban porque había incluido tantos cuadernos de trabajo con posiciones a resolver.
El resolver posiciones, analizarlas, reflexionar sobre ellas e identificar sus características, no solo es sumamente interesante y divertido, como debe ser todo el tiempo dedicado al estudio y entrenamiento en ajedrez, sino que responde a la orientación que dan los mejores entrenadores de que la mejor manera de progresar en ajedrez es práctica y más práctica, sobre todo la práctica deliberada. La práctica con un fin determinado y con posiciones elegidas con cuidado para ser los ejercicios exactos para corregir una deficiencia o asimilar un concepto, pryome, patrón o habituarse al uso de un algoritmo básico.
Se pueden usar y resolver desde la imagen en las tablets, siempre que llevemos un cuadernito para apuntar nuestros resultados para confrontarlos con los de las soluciones que se adujuntan. O se pueden imprimir por hojas y resolver las posiciones anotándolas en la misma hoja, si es para nuestro entrenamiento, o pasarles una copia impresa a los alumnos en una sesión de entrenamiento o para tarea en casa, o una copia en PDF para que la vean en su computadora o tablet.
Lo importante es realizar los ejercicios y revisarlos, de preferencia con el auxilio de su instructor o entrenador. Este debe prepararse revisando él mismo las soluciones e interrogarse que posibles preguntas le harán los pupilos y así ser como una especie de guía de viaje en el camino al progreso que emprenden sus pupilos, sus co aprendices, porque muchos instructores mejoran mucho en su calidad de juego al poner a disposición los ejercicios a sus alumnos y revisarlos con ellos.
Tras veinte años de buscar y descargar cuadernos de trabajo de ajedrez con decenas de posiciones cada uno, y tras elaborar mis propios cuadernos de trabajo durante 20 años de clases de ajedrez que di en la UNAM, dos en la UAM, dos en el IPN y durante cinco años de elaborar material de ajedrez en la SEP, créanme que tengo ya más de 300 cuadernos de trabajo, con cientos de posiciones seleccionadas para trabajar los aspectos más importantes para la enseñanza y entrenamiento; y es natural que pusiera un gran número de esos cuadernos como una base del material seleccionado que puse en las memorias de varios gigas a ser usadas en las tablets de ajedrez y que, por supuesto, también pueden usarse en PCs o ser impresos.
No hay duda de la ventaja del uso de los cuadernos de trabajo, de hecho los más afamados entrenadores como el MI Mark Dvoretsky dice que el seleccionar posiciones a analizar y presentarlas a sus alumnos para luego compartir observaciones con los alumnos es todo su secreto, un secreto que muchos entrenadores han empleado con éxito. Es el aprender haciendo.
Pensar por sí mismo, analizar y luego confrontrar con análisis publicados por los maestros y con las observaciones con el entrenador, o en el peor de los casos, mucho peor por cierto, comparar los análisis con los de los “engines” de computadoras, un fritz o un Rybka o Komodo. Lo que se pueda. Pero lo mejor es con un instructor.
Lo malo más preocupante que he observado en los cursos superficiales de “capacitación” de instructores que se han realizado recientemente donde en 40 horas de clases se pretende que se forman instructores para darles su patente de corsario, que parece ser más importante para muchos de obtener que una buena preparación; es que poco se enseña sobre el uso de las herramientas para enseñar ajedrez, como es el caso de los cuadernos de trabajo.
He examinado con cuidado las clases que les dan, el material con que los proveen, y puedo afirmar que me recuerda a la preparación inadecuada que en algunos ejércitos se les daba a sus reclutas, que tras dos semanas de entrenamiento, mal pertrechados con armamento poco suficiente para la tarea, los mandaban a la guerra y terminaban masacrados.
La herramienta y la capacitación para su uso es el armamento básico para un instructor de ajedrez, sin ello la tarea es mucho mas pesada de lo que debiera y los resultados mas magros. Los mandan a sufrir sin necesidad.
Habrá que planear una re-capacitación, si recapacitan sus reclutadores y no se interesan en solo darles un papel y mandarlos a una guerra que sospechan los mismos reclutadores que no tendrá éxito. Pero ya cobraron. Y un papelito sólo valido para aquel que lo expide, lo venden como si fuera papel oro, cuando lo importante para el instructor es saber hacer, saber como manejar las situaciones con sus pupilos para que progresen, no cargar un dudoso aval.
Las patentes de corsario no eran tan ligeramente dispensadas u otorgadas en aquellas guerras de los siglos XVII y XVIII, había cierto cuidado en que no se dieran solo a cambio de dinero, sino que se verificaba que el personal que lo recibía no fuese tan ignorante en las maneras adecuadas para cumplir su tarea. Se exigía una experiencia muy probada para permitirle dirigir una embarcación, sin importar que el aspirante fuese el dueño y corriese todos los gastos. No solo era cuestión de poder pagar, sino de poder cumplir ya que con la patente de corsario podría el que la poseía allegarse socios e incorporar personas a su servicio.
Era importante cuidarlo de si mismo y cuidar a los demás de estos personajes.
Algunos confunden a los corsarios con los piratas y hay mucha distancia.
Los piratas actuaban fuera de la ley para varios países y eran libres en sus acciones, solo responsables ante si mismos, los corsarios estaban dentro de la ley del país que los respaldaba y tenían que rendir cuentas a la sociedad y a la nación que les otorgaba la patente. Quizás para sus enemigos eran piratas, pero para sus aliados eran respetables colaboradores.
La patente de corsario tenía la validez que daba el prestigio de quien la otorgase y asi es ahora con títulos que da alguna organización. Si esta es de bajo prestigio, aunque se autodenomine universidad, colegio, federación, confederación, fundación, ONG o santa logia, el título será de bajo nivel.
Si en cambio es reconocido por instituciones reconocidas o simplemente al que toma un curso se le identifica como alguien que estudió con un profesor reconocido, puede tener más valor. Platón estaba orgulloso de poder decir que tuvo por mentor a Sócrates, y al gran Alejandro el Magno le enorgullecía decir que tuvo como profesor a Aristoteles. Incluso Francisco I, entre tantas de sus banalidades, su trofeo era tener como patrocinado al gran Leonardo Da Vinci.
Cuando me preguntan sobre cual título me gusta más, el de MI o el de FIDE Trainer u otros académicos, pienso inmediatamente en el de poder decir que fui alumno del GM Aivar Gipslis de la Escuela de ajedrez de los Magos de Riga.