31 ago. 2009

La Muerte del Campeón Mundial Alexandr Alekhine.


(Extracto de Bucanero de Ajedrez 3).

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial el Régimen Nazi de Alemania utilizo las posibilidades propagandísticas del ajedrez. Ya que tanto en Alemania como en otros países de la Europa Central había una fuerte tradición ajedrecística, era natural que una persona tan hábil para la propaganda como era el Dr Goebbels, perdiese la más mínima oportunidad para promover la ideología nazi.
Ya Hitler en su discurso del 17 de mayo de 1933 en el Reichstag (una especie de parlamento) menciona: “… Si las tropas de Asalto son llamados soldados, entonces los clubes de ajedrez y los clubes caninos son asociaciones militares”
Claro que Hitler quería decir que era una exageración que sus Tropas de Asalto del Partido Nacional Socialista fuesen consideradas como soldados, pero la historia nos mostró que Hitler en realidad los concebía como soldados, y, me temo, que también a los clubes de ajedrez pretendió convertirlos en clubes militares.
El caso es que se promovió el ajedrez en las escuelas bajo el control nazi. Claro que su libro de texto no podía ser ninguno de los autores alemanes de ajedrez más renombrados mundialmente, Lasker y Tarrasch, pues eran judíos y ya para 1935 los judíos no podían ni ser miembros de la Federación Alemana, anuncio que el mismo Tarrasch tuvo que publicar en la revista que dirigía.
El libro de texto elegido fue uno de 60 años de antigüedad, el libro de Dufresne, con una relativa actualización que había realizado el GM Jaques Mieses, pero que para 1942 fue bien revisado y puesto a la manera “Aria” por Max Blümich (1886-1942) , que casi fue su obra postuma.
Al principio me llamo la atención el nombre del maestro alemán “ario” a quien Goebbels, presidente honorario de la Federación de Ajedrez de Alemania le encomendó el trabajo, ta que si se llamase Max Blum, hubiera sonado muy judío.
Pero el caso es que este maestro quitó las menciones de grandes jugadores judíos en el libro, tales como Kolisch, Zukertort, Steinitz, Lasker, Rubinstein y otros.
La cantidad de maestros de origen hebreo importantes para la historia del ajedrez ha de haber causado muchos problemas a los editores nazis, pues la contribución a todas las expresiones de la cultura en Alemania, incluído el ajedrez, de los miembros de la comunidad hebrea es realmente impresionante.
No digamos ya en Polonia, donde a la llegada de la invasión nazi de septiembre de 1939, vivían más de tres millones de polacos de origen hebreo, pilares fundamentales de la cultura, la economía y la sociedad general polaca.
El caso es que siendo el Campeón Mundial de Ajedrez un “aceptablemte ario”, aunque eslavo, y hasta cierto punto los nazis consideraban a los eslavos comunes como “subhumanos”, parece que la figura de Alekhine les era aceptable también para sus efectos de propaganda.
Suponían que, como muchos rusos aristócratas, Alekhine era anti semita. ¿No acaso los rusos zaristas fueron aficionados a los “podgroms”, cacerías y acoso a judíos casi como deporte?
Como a Alekhine lo tenían prácticamente en un puño al ocupar Hitler Francia, ya que la esposa era norteamericana de ciudadanía y por ello pertenecía a una nación enemiga, vulnerable a ser conducida a un campo de prisioneros, que si no tan severo como los campos de concentración (de trabajo, decían), si sería moneda de cambio para hacer que Alekhine hiciera lo que quisieran, máxime si era algo a lo que no estuviese tan renuente hacer.
Colaboraría así con el régimen Nazi, lo que lo colocaría, años más tarde en una de las variables de lo que se entendía por criminal de guerra.
Ruso de origen, sospechoso de ser anti comunista, para algunos severos guardianes de la KGB, sería reo de traición si cayese en sus manos; lo que ya se consideraba totalmente factible tras los acuerdos de Postdam 1945, donde los vencedores de Hitler se repartieron los destinos de la vida de millones de europeos.