18 ene. 2010

Historia del ajedrez y el filme “Resucitando al campeón”





El filme “Resucitando al campeón” refiere las experiencias de un periodista que ve en un anciano en situación de calle, al que la gente llama “Champ”, campeón, la posibilidad de escribir una historia humana de una gran estrella del boxeo que pasa de la gloria, la fama y el dinero, a una existencia solitaria, llena de libertades pero vacía de satisfacciones materiales.
El periodista cree lo que quiere que sea la realidad y pierde la objetividad. Ve evidencias circunstanciales que le confirman que está en frente de un verdadero excampeón y trata de resucitar su fama. En su afán de convencer a los demás, pierde su autocrítica y cae dentro de lo que él mismo provoca, la fabricación de una historia producto de los sueños y aspiraciones de un aspirante a campeón que hace de la fama de otro su propia leyenda.
Después de un gran éxito periodístico, su reportaje va cayendo ante la evidencia que demuestra que la historia es falsa y ha pecado el periodista de irresponsabilidad en verificar cada dato, cruzar la información, diversificar sus fuentes.
El filme muestra la dificultad básica a la que se enfrenta todo aquel que quiere transmitir un mensaje a través de una historia: la subjetividad y las propias inclinaciones a interpretar el pasado con su propio rasero.
Muchas veces los recuerdos nos juegan malas pasadas. Recordamos con bellas adicionales los momentos gratos y los momentos malos también a veces les agregamos cosas terribles. Llega un momento en que si no checamos con evidencia documental, incluso situaciones en las que fuimos principales protagonistas se recuerdan de manera brumosa.
Hay algunos que con personalidad optimista solo recuerdan lo bueno y otros que por el contrario solo recuerdan lo malo. A veces la memoria débil es un bálsamo y a veces un tormento.
Pero para aquellos que asumen la responsabilidad de preservar los testimonios de su tiempo para la posteridad, es un deber tratar de ser cuidadoso y pasar de la inevitable subjetividad a la trabajada objetividad.
En el Internet cada vez más se publican testimonios históricos y como la misma manera de expresión en el Internet es ligera, con bases muy dudosas o, por lo menos, superficiales.
Es inevitable así que la historia se distorsione. Así lo ha sido siempre, desde Josefo y Herodoto, hasta Lucas Alamán y Krauze. Todos los que escribimos sobre hechos pasados, de alguna manera u otra, voluntariamente o involuntariamente, tergiversamos algo la verdad. Por falta de conocimientos, por falta de habilidad en buscar fuentes de información y cruzar los datos provenientes de diversos autores, etc. El caso es que el pasado será siempre brumoso y cambiará constantemente en el futuro.
Eso de que el pasado cambia parecería una paradoja, pero es fácil de comprender que no son los hechos del pasado los que cambian, sino nuestra percepción de ellos.
Muchos de los personajes del ajedrez que eran acusados de corrupción o de incompetencia hace unos cuarenta años, ahora son homenajeados y pocos saben a detalle como pueden ser evaluados. A veces molesta la mala memoria de la comunidad ajedrecística, tanto para lo bueno como para lo malo, pero termina uno pensando: ¡Lo mismo da!
Conforme más documentos se preserven y aparezcan como evidencias en el futuro, se irá componiendo cualquier historia y cambiando la percepción del pasado en el futuro. Algún día tendrán, quienes lo merezcan, su mármol y su poeta.
Las anécdotas seguirán contándose. Si un campeón hizo esto u lo otro, si un jugador “vendió” una partida o no, si un “Directivo” se quedó con un dinero, si tal figura del ajedrez es digno o no de elogio, si tal jugador ganó tal o cual campeonato, etc.
En los hechos más simples puede haber controversia. Tengo una convocatoria impresa que dice que el Campeonato Nacional Abierto de 1968 fue el número 15 y años más tarde alguien cambio la cuenta y publicaron la convocatoria del de 2009 como el número 55. A otros les da por publicar el rating de jugadores con mas de 15 años de retirados y uno que otro ya fallecido. Ya los cronistas del futuro se darán de golpes en la cabeza al cruzar datos y tratar de que encajen las piezas de tanto rompecabezas.
¿Cómo cooperar personalmente a que la historia corrija sus renglones torcidos? Digitalizando sus documentos históricos y subirlos a la red de Internet, para que sean un bien público y común, una fuente abierta para el estudioso serio. Un dato fútil para muchos, puede ser la clave que aclare muchas cosas.