21 abr. 2010

Alexandr Konstantinopolski, en su centenario.


El participar en torneos desde los doce años y seguirlo haciendo cerca de los sesenta años, con casi 5 décadas de jugar y convivir con jugadores de diversos países, me han dado posibilidad de conocer a otros jugadores que a su vez tuvieron igual o mayor número de décadas dentro del ajedrez. Así he podido conocer a quienes conocieron a jugadores del siglo XIX y principios del XX, lo mismo he conocido a muchos jugadores que escribirán historia del siglo XXI.
Recuerdo como el GM Carlos Torre nos platicaba al MF Escondrillas y a mi sobre sus pláticas con el GM Tarrasch y este le hablaba de cuando conoció a Steinitz y a Anderssen; y emocionado Torre nos decía, “Era como tocar la historia, pues Tarrasch conoció personas que jugaron con Morphy”. También Torre decía que había estado en Nueva Orleans en un establecimiento fotográfico donde se mostraban fotos de Morphy y que el dueño tenía notas firmadas por el afamado campeón. Nosotros estábamos emocionados también, pues a través del maestro Torre tocábamos la historia del ajedrez.
En Medellín, Colombia; en 1974 conocí al Maestro Internacional Konstantinopolsky, me lo presentó la gran maestra Nana Alexandría que competía en la Olimpíada Mundial Femenil, donde él y yo participábamos como entrenadores.
Nacido en febrero de 1910, contaba 64 años entonces y en su carrera de entrenador tuvo grandes éxitos en el ajedrez femenil. Participante asiduo en los Campeonatos de la URSS, lo que no era nada fácil dado que en las eliminatorias y semifinales quedaban en el camino muchos grandes maestros.
Durante 1970 apareció una serie de artículos escritos por él en la revista •”64”, sobre métodos de estudiar ajedrez y claro que cuando pude conversar con él durante ese largo evento de Medellín en que, como entrenadores, sólo teníamos la ocupación de ver las partidas durante las cinco horas de sesión normal de aquel entonces, para luego analizar partidas suspendidas y preparar a las jugadoras que era cuando el trabajo era arduo.
El Maestro Konstantinopolsky tenía el título de entrenador emérito de la URSS, lo que significaba que era entrenador a nivel de selecciones de la URSS y que poseía más de 25 años como entrenador. En ese entonces yo apenas comenzaba a ser entrenador en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde laboraría como tal 25 años más, por lo que buscaba sus consejos y recomendaciones. Desgraciadamente no era fácil conseguir una fotocopiadora en esos días y las notas que me prestó las tuve que pasar a mano, lo que fue bastante pesado, pero no podía desaprovechar la oportunidad. Intercambiamos libros y mantuvimos cierta correspondencia entre 1974 y 1980. Luego, muy posteriormente, la incrementamos entre 1985 y 1990, después de mi estancia en Riga, ya que el GM Gipslis, que también trabajaba en el ajedrez femenil, entrenador de Nona Gaprindashvili nada menos, era muy amigo de Konstantinopolsky que en la Federación de la URSS era el responsable de la rama femenil. Falleció en 1994, aunque prácticamente desde 1992, ya con 82 años se retiró del trabajo. Sus últimos dos años fueron muy sufridos, como lo fueron para todos los ancianos pensionados a la desaparición de la URSS, pues si antes de 1991 había pensiones que eran suficientes, con la nueva Rusia y el caos administrativo y la devaluación del rublo, muchos ancianos pensionados prácticamente murieron de hambre. Fueron los años en que maestros de ajedrez se suicidaron ante el cambio de status y de situación económica. Ya para 1990 no tenía yo correos de él y supe de sus últimos días por amigos mutuos, por lo que no podría más que especular como fue su fin.
Desgraciadamente, fuera de Rusia y los países que formaron parte de la URSS, Konstantinopolsky es prácticamente desconocido. Hasta donde sé, ninguno de sus libros se tradujeron al inglés o al español. Menos de una docena de artículos fueron traducidos al español en la revista “Jaque Mate” de Cuba entre 1964 y 1977, y al inglés en el Chess Digest de Ken Smith entre 1968 y 1970, y aunque dan evidencia de la alta calidad de sus trabajos, no creo que se considere referencia para la enseñanza del ajedrez, mientras que en Rusia si es una de las eminencias y fuente fundamental en lo que respecta a metodologías e ideas para entrenar. Muchas de sus recomendaciones me fueron muy útiles, como por ejemplo el método para integrar libretas de entrenamiento que era básico antes del surgimiento de las computadoras personales y el Chess Base, para tener ordenado todo los planes de mejoramiento. Lo que aún utilizo constantemente era su sistema para evaluar la situación al ingreso de un curso y para monitoreos posteriores. Dividía cada aspecto del perfil de un jugador en cuatro facetas principales, comenzando por conocimientos teóricos, habilidad para aplicarlos, posibilidades de creatividad y disciplina en el algoritmo de elección de jugadas. Aunque no era partidario del método de acrónimos para realizar algoritmos como los de la Escuela de Riga, si lo era de una lista de chequeo que, en cierta forma, era pariente del de acrónimos, que no es otra cosa que utilizar las letras iníciales de cada acción para establecer una lista de chequeo.
Sus trabajos más destacados se enfocaron a la transición entre la apertura y el final, casi sin pasar por el medio juego. Tema que el GM Edmar Mednis popularizó en Occidente.