27 abr. 2010

Sobre el Maestro Alexander Markovich Konstantinopolsky.


Entre los primeros 1100 correos que me llegaron tras el lanzamiento de los boletines Bucaneros de Ajedrez Nuevos dedicados al match en Sofia, llegaron algunos relacionados con un artículo sobre el entrenador emérito Konstantinopolsky, un email de un pariente de él residente en Canadá, uno de su sobrino Vitaly Vladimirovich, que casualmente es hijo de cubana y lee en español mi blog desde la lejana Samara; y dos de amigos mutuos. Todos esos emails coinciden en que doy muy poca información sobre el maestro y que poco se conocerá de él en Iberoamérica y piden añada información al artículo anterior.
Tengo que reconocer que tengo una deuda de gratitud con Alexander Markovich, máxime las atenciones que el veterano entrenador tuvo con un entrenador novato de 21 años que se le acercó para pedir consejo y diera algunas notas sobre entrenamientos. El material que finalmente me compartió el maestro, realmente fue muy valioso para mi y en cierto modo me ayudo para un avance, un salto de calidad como entrenador. Poco realmente hablamos entonces y nos escribimos después relacionado con su vida privada, pues nuestro tema era las metodologías del entrenamiento en ajedrez y las diferencias entre trabajar con mujeres y con hombres. Alexander Markovich, como respetuosamente me permitió llamarle, era el principal especialista en el entrenamiento de jugadoras en la URSS y en esta especialidad que es totalmente desatendida en Iberoamérica, logró penetrar ampliamente gracias a un estudio tesonero que abarcaba psicología, fisiología e incluso la lectura de decenas de mujeres intelectuales, todo con el afán de comprender la psiquis femenina y poder ayudar a sus pupilas. Seguidor de Luria y Leontiev, eminentes psicólogos de la URSS, contribuyo en la elaboración de un libro sobre la manera de pensar de una gran mujer: Alexandra Kolontai, que incidentalmente fue la primera embajadora de la URSS en México. En Medellín, Colombia, el maestro Konstantinopolsky me pidió le mandase desde México algunos libros sobre las actividades de Kolontai en México. Poco o casi nada pude apoyarlo al respecto y sólo pude enviarle algunas revistas, entre ellas el boletín México – URSS del aniversario de la instalación de la embajada de la URSS en México, que se dedicó precisamente a la ilustre embajadora prima.
Sobre Alexander Markovich hay que agregar que era nativo de Zhitomir, aunque su ciudad de residencia de sus primeros años fue Kiev, y tenía raíces familiares polacas, como es común en muchos oriundos de Ucrania, región de grandes jugadores. Muchos de los jugadores ucranianos son de origen polaco, como Romanishin y Mkhailchisin. Maestro del deporte a los 23 años, en 1933, recibe, entre los primeros del mundo, el título de Maestro Internacional por la FIDE en 1950 y posteriormente, ya retirado de las competencias como jugador activo, el título de Gran Maestro Internacional de Ajedrez en 1983. También en el ajedrez por correspondencia logró títulos internacionales. Pero el título de entrenador emérito de la URSS era lo que más le enorgullecía, según me declaro, y ese galardón lo obtuvo en 1957.
Como ya he escrito, fue el entrenador en jefe de las selecciones femeninas de la URSS en ajedrez durante más de dos décadas, debiera yo decir, casi un cuarto de siglo, de 1954 a 1976. Aunque posteriormente, colaboró en la preparación de algunas destacadas grandes maestras internacionales de la URSS, hasta como por 1983.
Como dato curioso, en Kiev compitió varias veces y llegó a entablar amistad con el hermano de Alexandr Alexandrovich Alekhine, Alexei, Alexandrovich.
También jugo torneos con el GM Samuel Reshevsky y con el gran Salo Flohr, allá por 1939, logrando 50% en ese torneo en que además jugaba Keres. Su juego fue muy elogiado por Hans Kmoch en sus artículos relativos al torneo.
Comenzó a destacar como entrenador en un club de ajedrez y damas que llevaba el nombre de una eminencia de las Damas, el maestro Simeón Yakoblevich Natov. Ese club con nombre tan damístico, destacó como el mejor del área de Kiev muy pronto y compitiendo con la afamada escuela de Lvov de Kart, en lo que toca a cual era la mejor escuela de Ucrania, sin olvidarnos de la de Odessa, a la que perteneció el GM Lev Alburt, gran entrenador norteamericano.
Konstantinopolsky fue el primer entrenador que tuvo el futuro gran maestro y retador al campeonato mundial, David Bronstein, con quien trabajo varios años, aunque en 1948 y 1950 su second oficial de Bronstein fue Boris Weinstein, con quien escribiera el más famoso libro de Bronstein, el de Zurich 1953. Weinstein, talentoso escritor y coronel de la KGB fue un gran amigo de Bronstein y fue autor de libros traducidos al español. Konstantinopolsky fue second de Bronstein en algunos torneos y matches, colaborando mucho en el match que Bronstein jugó contra Botvinnik por el campeonato mundial, siendo uno de los dos seconds oficiales al lado de Viacheslav Vasilievich Ragozin.
Como autor no fue muy prolífico, aunque publicó un libro sobre la Caro Kann y colaboró en la reedición en ruso de los libros de Nimzovich, “Mi Sistema” y la “Práctica de Mi Sistema”.
Lo curioso es que Alexander Markovich era muy afecto a la literatura y escribió artículos de crítica literaria ajenos al ajedrez. En Medellín le llamó mucho la atención cuando expresó que su autor favorito era Fedor Mikhailovich, y yo le pregunté: “¿Dostoyevsky?” se sonrió, y me dijo: ¿Y que opina de Leo Davidovich, que murió en México? A lo que no supe contestar, pues no identifique al personaje. Después de un rato, le pregunté: “Leo Davidovich Bronstein?, Si ese es, no he leído nada de él, pero ¿Era algo de David Bronstein?. Y contestó, “Nada, no son familiares, pero no se disculpe, yo tampoco he leído a Trostky”. Ya de ahí como que considero que sabía algo de literatura rusa y me comentó sobre una decena de escritores de los que jamás había escuchado, cuando menos hasta ese entonces. Luego me regaló un libro de Benjamín Kaberin, que tardé mucho para empezar a leer y aún ahora me acuerdo que nada me agradó. Mi contacto actual es más bien con libros de Tolstoi y algunos de Pasternak y Shojolov. Eso si, he visto muchos filmes basados en libros de Gorky, Mayakovsky y tengo grabaciones de poemas de Pushkin y de Svetushenko; pero de libros en ruso leo más a Dvoretsky, Shashin y Dydishko; así como todo lo que escribe Sveshnikov.
Regresando al GM Konstantinopolsky, la GM Nona Gaprindashvili, campeona mundial de ajedrez allá por 1963 y que se mantuvo una década como la mejor jugadora, elogiaba mucho la ayuda que le había dado el entrenador emérito, y aunque a partir de 1958 había estudiado con él, hasta 1966 en que su entrenador oficial fue, por recomendación e instrucciones de Konstantinopolsky, el GM Aivar Gipslis, que por cierto no le gustaba que le dijera Aivar Petrovich, pues entre los letones no es tan común llamarlos con el patronímico, mientras que los rusos lo toman a mal si uno no los llama así, así que dejamos a Aivar sin su Petrovich. La GM Gaprindashvili trabajo prácticamente de 1958 a 1966 exclusivamente con Konstatinopolsky y de 1966 a 1979 sólo con Gipslis, en lo que respecta a Campeonatos Mundiales, pues a las Olimpíadas Femeninas siguió trabajando Konstantinopolsky con Gaprindashvili, mientras supervisaba el trabajo de Gipslis con ella y el de el GM Gufeld con la GM Chiburdanidze y del GM Gurguenidze con la GM Nana Alexandria. Con ese equipo de trabajo reforzado con el mentor original de las georgianas, Karseladze, se explicaba el dominio de las femeninas soviéticas por 40 años, hasta que llegaron las Polgar.
Me llamaba la atención el comentario de que de joven había tomado clases con Tartakover, bueno, Savielly Griegorevich, que aunque oriundo de Rostov sobre el Don, se consideró polaco toda su vida, aunque residiera durante años en aquel hotel del muelle Voltaire, en el Paris de la cité.
El caso es que dos grandes entrenadores, como lo fueron Koblentz y Konstantinopolsky tuvieron contacto de jóvenes con Tartakover como maestro, como el mismo Miguel Najdorf. Gran didacta natural y de una cultura extensa, a nivel muy poco común, parece que Tartakover era profesor de eminencias y faro de inspiración de polacos, ucranianos y por supuesto, iberoamericanos, pues bastante anduvo en América y muchos de sus libros se editaron en español en México y la Argentina.
Konstanipolsky escribió una serie de folletos publicados en mimeógrafo sobre sus pláticas con Tartakover, dedicados a la psicología y como influye en los resultados deportivos del ajedrez. Aunque esa serie no fue bien calificada por Krogius y nunca llegó a los grandes tirajes de los libros de la URSS, si no que se difundió en un número inferior a los mil ejemplares, solo 650, tal vez valga la pena rescatarla, siempre considerando que Tartakover era un psicológo por afición, aunque Konstantinopolsky si hizo estudios formales en un diplomado especial de un año de duración.
No quiero terminar esta segunda semblanza del recordado Alexander Markovich, sin comprometerme a publicar en Bucanero alguno de los excelentes artículos que el maestro publicase en la revista “64”, allá por 1968 y 1969, que serán de gran utilidad a los lectores, que por primera vez lo podrán leer en castellano.