11 ene. 2011

Crónicas de Fontanka 2

Igual que en los tiempos de la Unión Soviética, los diferentes entrenadores de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Armenia, Letonia y Georgia; buscan continuamente mejoras a sus métodos y poner en práctica nuevas ideas o al menos nuevas adaptaciones a sus sistemas de preparación.
Algunas escuelas han establecido sus nichos de labor, especializándose en algún tipo de jugadores, como la de Igor Suhin con niños de preescolar y menores de 10 años, otras como la Dvoretsky son de prácticamente un hombre dedicado a jugadores del más alto nivel, o la de Khalifman en San Petersburgo que prepara principalmente a jugadores no rusos con los métodos derivados de los soviéticos.
Cuando existía la Unión Soviética se contaba con foros en donde los entrenadores podían demostrar y compartir e intercambiar ideas con sus colegas, con la ventaja de que todos podían conocer lo que otros intentaban y evitar repetir errores, pero con la desventaja en que finalmente se consolidaba un solo sistema de preparación y aquel que quería individualizarse o destacarse de los demás, tenía poco margen de maniobra para hacerlo, en un ambiente de dudosa libertad de cátedra.
Claro que la piratería de ideas y de jugadores era constante, y algunos famosos entrenadores tenían, entre el cerrado mundo de los entrenadores soviéticos, una serie de privilegios no siempre bien ganados.
Muchos entrenadores buscaban pupilos con talento especial y muchos jugadores deseaban ser aceptados por algún entrenador en especial.
La cantidad de nombres de entrenadores de gran calidad que son prácticamente desconocidos en Occidente es enorme, y algunos sólo salen a la luz gracias a alguna memoria escrita de sus alumnos que destacan fuera de Rusia o de algún otro país de los que fueron integrantes de la URSS.
Por ejemplo, el GM Victor Bologan resalta los méritos de su entrenador Chebanenko, o Mikhailchisin los de Kart, y en diversas entrevistas a destacados grandes maestros aparecen nombres de personas que han dedicado su vida al ajedrez y que no son citados en ningún libro en otro idioma fuera del ruso.
Entre tantos textos producidos por las editoriales soviética, los que seleccionaban que traducir al español, inglés, francés, italiano o alemán; tenían muy diversos criterios para hacerlo, no siempre basados en el conocimiento, o el reconocimiento, sino a veces hasta por cuestiones de relación personal.
Editoriales como la Sport Verlag de Berlín, de la Alemania Democrática o del Este, tenían un número reducido de autores que traducían, como Keres, Suetin, Taimanov y Koblentz; mientras que la Batsford se concentró en Kotov, Botvinnik y los autores que agradaban a sus traductores. Pocos traductores de ruso había entre los ajedrecistas ingleses y norteamericanos antes de 1990; pero conforme más grandes maestros emigraban de la URSS, prácticamente en la década anterior a su desaparición, se fue abriendo hacia Occidente la metodología ajedrecística soviética.
El caso es que ahora tenemos multitud de sistemas de preparación más o menos similares en un 70% y con muy diversas variedades en el 30% restante, Pero si creemos en la Ley de Pareto que dice que el 20% de lo que hacemos produce el 80% de los resultados, siempre hay un riesgo que las diferencias incidan en cuestiones fundamentales y sean la clave para que un método sea efectivo o no, ¿Cómo saberlo? ¿Cuál puede ser el jurado adecuado para hacerlo?
Aparentemente debiera ser la Comisión de Entrenadores de la FIDE, pero había que ver la selección de textos que hicieron. Se me hizo imperdonable que un libro de Manuel López Michelone admitiera cabida y ninguno de Capablanca, entre los seleccionados en castellano. No niego que yo mismo he recomendado textos de López Michelone, pero no priorizándolos sobre los de Capablanca.
Los coleccionistas en libros de PDF y Deja Vu, tienen su propia selección y ahí están todos los libros de Capablanca o sobre Capablanca digitalizados, unos 42 en español o en inglés, y curiosamente ninguno de López Michelone. Si bien, el suyo de “Perfeccione su Ajedrez” es muy superior a miles ya digitalizados de otros autores. De hecho uno reciente sobre el Ajedrez a la Ciega, de varios autores ingleses, no le llega ni remotamente al de López Michelone.
El caso es que para elegir entre tanta propuesta de métodos de estudio no hay prácticamente autoridad que valga, lo que me parece bien, pues demuestra que la época de las vacas sagradas se ha superado y estamos en la de la Quántica.
Grandes maestros de edad adolescente abundan y había que preguntarse si alguno de los métodos usados con ellos pudiera ser útil para jugadores adultos que tienen muchos años estudiando y practicando ajedrez sin lograr progresar significativamente. ¿Qué tanto será lo que le toca al factor metodología, factor talento, al factor psicología y al factor vocación? Todos esos factores se empalman y es difícil aislarlos, y el definir cuál es el factor esencial del éxito ha sido la tarea de miles de entrenadores, coaches y mentores de las más diversas disciplinas; y temas que se han discutido durante dos milenios.
A menudo uno cree encontrar la piedra filosofal y haber hallado el método exacto para producir grandes jugadores. A mi ha pasado tres o cuatro veces en la vida. Pero luego uno topa con algún personaje o con un texto nuevo que lo marca a uno y tiene que revaluar sus conceptos. A mi me pasó en 1980 cuando trabaje con el GM Aivar Gisplis, pero luego en 1984 cuando conocí a Bobby Fischer; pero después, con lo del Internet y el acceso abierto a toda la bibliografía de la Unión Soviética vía DejaVu, así como el contacto via email con decenas de entrenadores de todo el mundo, vino una nueva revaluación que casi anualmente, con avances técnicos, en programas de computación o formas de comunicación, se repite una y otra vez.
Aparece un nuevo libro de un gran jugador o entrenador y ya sabe que habrá alguna sorpresa, alguna idea nueva o algún concepto arraigado pierde estabilidad y es de nuevo sujeto a duda. No hay porque ni como parar.
Hay lugares especiales donde surgen ideas nuevas semana a semana, así es en Peter como en Odessa, pero principalmente en la Internet. Día a día se ve uno obligado a revisar unos diez sitios webs y unos cuatro foros, para ver que hay de nuevo, que se dice de nuevo y que se refuta. Baja uno de 300 a 400 megas de los sitios web y luego hay que revisarlos, clasificarlos y seleccionar lo que uno leerá ese día. Dos o tres horas diarias donde uno examina, aunque sea superficialmente, decenas de cuartillas. Se vuelve uno un Webquester profesional. Es como el gambusino que en un tamiz pasa el agua sacada de un río esperando hallar oro que page su tiempo. Y muy seguido encuentra su oro y puedo afirmar que es rentable, pues si es una forma válida de auto empleo.
Me imagino que si uno puede vivir de hacer Webquest de ajedrez, lo mismo será de otras disciplinas. En congresos de matemáticas vi muchas personas que vendían CDs con material bajado del Internet, exactamente igual que los vendedores de software y bases de datos de ajedrez en los torneos. Hay un mercado con amplia demanda y oferta.
El síndrome del pajar se presenta mucho en ajedrez y cada vez requiere mayor experticia determinar que es relevante y que no es relevante entre todo ese material. El establecer el 20% que Pareto dice que rinde el 80% de resultados, cada vez es más complejo en ajedrez y… cada vez mejor pagado.
A pesar de la proliferación de traductores on line, no vence la barrera del idioma y el conocimiento en idiomas se vuelve un factor cada vez más importante para un entrenador. Ese dicho que él que sabe dos idiomas vale el doble del que sabe un idioma, se cumple en gran parte entre entrenadores de ajedrez. Y entre jugadores también. Por eso una recomendación siempre válida para jugadores jóvenes es que estudien al menos inglés. En Rusia los entrenadores de ajedrez saben que traducir y escribir bien inglés significa duplicar sus ingresos. Les da acceso a un mercado muy grande de alumnos extranjeros. Para un jugador de habla hispana, el aprender inglés le cuadruplica sus fuentes de información, y la información es poder, abre caminos y brinda opciones.