15 jul. 2010

Antes de que venga la noche.



Goethe supo hacer sentir a sus lectores la angustia de un hombre viejo y sabio que veía escurrírsele entre las manos la vida cuando aun le faltaba tanto por saber, cuando creía que estaba por primera vez en el camino que había buscado toda la vida. Sin duda, el propio Goethe tenía esa angustia, al sentir que su cerebro tan desarrollado tenía un corto tiempo para desarrollarlo más y para dejar a los semejantes que amaba, de alguna forma sus conocimientos.
Al leer uno de los libros de Chepukaitis, “Sprint sobre el tablero de ajedrez”, o “ Como ganar en el blitz”, siento en sus páginas un Chepukaitis angustiado.
Genrik Mikhailovich no estaba ajeno del corto tiempo que le quedaba. Sentía molestia de no conocer el Internet lo suficiente como para escribir todo lo que quería expresar. Ese libro postmortem es sólo una punta del iceberg de lo que quería expresar.
Escribió tres libros, pero este, con un pequeño tiraje de tan sólo 2000 ejemplares, fue el único que ha llegado a la red, de alguna forma, y sólo en ruso. Han pasado 6 años de su deceso y ya se puede decir que la mitad de los miembros de la Federación Rusa de Ajedrez podrían decir más de veinte palabras sobre quien era Genrik Mikhailovich Chepukaitis.
En un libro escrito por el GM Genaidy Sosonko, le llamaba la atención que yo escribiera sobre Chepukaitis, quizás se olvidaba que en Taxco 1985 habíamos ya hablado sobre él con el GM Suetin; pero así como Sosonko elogia lo que escribí sobre Genrik Mikhailovich, tengo que elogiar la introducción que este Gran Maestro holandés nacido en Leningrado, sobre el “G. M. Chepukaitis” (Es de elección poner Henrij, o Genrik, así que el nombre con iniciales en lugar de Genrik Mikhailovich, G.M. seguido de Chepukaitis, es G.M. Chepukaitis como vimos su tarjeta en la mesa en Alemania en el Campeonato Mundial Senior.).
Sosonko resalta el papel de poeta de Chepukaitis, aunque debió pensar que daba rienda suelta a su tristeza. Chepukaitis debió, como todos los entrenadores lo sentimos alguna vez, sentir que poco tiempo tenía para transmitir sus conocimientos, con la misma angustia del Dr. Fausto. Pocos tendrán la serenidad de un Socrates, que afronta la muerte sabiendo que no podrá ser ya el mentor de los jóvenes de las calles de Atenas.
¡Es difícil aceptar dejar de ser un “taco” de la Acera! Cómo sólo los habaneros muy viejos lo comprenden.
No dejo de pensar en Genrik Mikhailovich, tratando como el GM Bronstein, o los grandes Casals o Borjes, de ser siempre maestros al paso de todos los inviernos. Faustos prestos a venderlo todo, antes de que caiga la noche.
Inútilmente traté de traducir los poemas de Chepukaitis, pues el idioma ruso hay que leerlo con una tristeza que el castellano, tan épico, tan consonante, le cuesta interpretar. El náhuatl tiene las tonalidades del ruso, pero también muchos traductores dicen que al náhuatl no se le hace justicia en castellano. Eso lo vemos todos los días, cuando del aguactl, de terminación suave, pasamos al Aguacate, con un te duro, de boca abierta final, en lugar del susurro de la tl.
En un libro sobre blitz, de lucha aguda y salvaje, ¿cómo es que se colaron los versos, los poemas? ¿Cómo una balalaika melancólica, como un fado lusitano, pudo hacerse un lugar en un libro sobre como ganar partidas de cinco minutos? Se pudo, porque Chepukaitis mismo era así. Lo duro y lo suave del personaje de Yuri Andreyevich Zhivago de Pasternak, mezclados un poco con el medio hermano Yevgraf Andreyevich, convivían en Chepukaitis.
Me acuerdo de unas letras en que me decía: “El error de Spassky es perder a Tolush, su blandenguería no aceptó su rudeza y por eso terminó derrotado por Fischer, ya que Boris Vasilievich era el talento más grande, pero para salvarlo de niño lo sacaron de Leningrado y no vio el sufrimiento tan grande de esos mil días de horror. Vladimir Grigorievich Zak, que lo quería como un hijo, sabía que era Tolush lo que la hacía falta. Alexandr Kazimirovich (este año es el centenario de su nacimiento), era el hombre fuerte que necesitaba el huérfano Boris Vasilievich, pero pocos aceptan que sufrir sublima…”
Chepukaitis, sólo dos años mayor que Spassky, a los 8 años de edad sufrió terriblemente en el sitio de Leningrado.
No se si Tolusch y Chepukaitis golpearon tan frecuentemente a sus alumnos como algunos cuentan, pero si se que en la Segunda Guerra Mundial pocos soldados eran tan duros como el coronel Alexandr Kazimirovich Tolush, el rey de las combinaciones en ajedrez.
Por cierto que el libro que Tolush iba a publicar cuando cumpliese sus 60 años, quedó sin publicar, solo fotocopias quedan de él, su título es sugestivo: “Entrenamiento y Doctrina de Ajedrez”, pero la noche llegó inesperadamente y el tremendo luchador de Leningrado murió a los 59 años.
Chepukaitis vivio diez años más que Tolush, hasta los 69 años, pero estaba desesperado por todo lo que quería escribir. Nunca satisfecho, llenó cajas y cajas de manuscritos, pero muy pocos llegaron al Internet y sólo unos pocos más entraron en la “xeroxcultura”.
Hay que teclear, grabar, filmar, ¡Antes de que venga la noche!