28 jul. 2010

Parte 3 El Mundo Magnético y el Conocimiento.


Los que estamos lo suficiente viejos como para acordarnos como era el mundo antes de que la cinta magnética y los discos fueran de uso popular, pues existían desde Edison, en el siglo XIX y los albores del siglo XX, tenemos que transmitir nuestro testimonio de agradecimiento por esa fabulosa aplicación de las leyes de la naturaleza para mejorar la vida humana. ¿Qué es la ciencia sino eso, el aplicar las leyes de la naturaleza para el bienestar de los seres vivos, animales o vegetales?
El caso es que contaban que un ruso, escapado de las garras de Stalin gracias a hacerse maestro de ajedrez, viajar fuera de la URSS y aprovechar esa acción, planeada de antemano, para desarrollar una idea que lo haría millonario. La leyenda decía que un Anastas Mikoyanevich Petrov o algo así, había fundado AMPEX, con el invento de la cinta magnética para computadoras y de ahí a cassetes para computadoras y para los fabulosos Walkman. Bueno, según los libros serios, como los de McGraw, la historia de AMPEX es un poco distinta, pero hay quienes aseguran que la de los libros no es la historia real, sino la de aquel genio ruso.
Hace poco “baje” la gran Enciclopedia Soviética, de 25 tomos de 1000 páginas cada uno, por supuesto que en versión Dejavu, pues en papel, sería un baje de unos 80 kilos, mientras que fueron unos 400 megas y el CD en que lo puse no llega, ni con mucho, a los 200 gramos. Pues la lista de inventos de los rusos es tan larga como la de los chistes sobre algún presidente mexicano o de los habitantes de Lepe, o de las frases que se atribuyen a Martí en Cuba. Verdad del Mezdunarodnaya Kniga.
De cualquier manera, del invento del reloj, del concepto de tiempo y su relatividad al de grabar información en una cinta, para filmar, guardar sonidos, o datos, es un avance enorme. Hace que objetos únicos, sonidos únicos, datos únicos, puedan ser asequibles a millones de personas a un costo ínfimo. Es darle sinergía de millones de personas a un conocimiento que antes era aprovechado por unos cuantos cientos. Como la información es poder, es darle un poder a millones que antes estaba reservado a unos cuantos. Es un acto de liberación popular. Es erradicar las amenazas estilo “Fahrenheit” del futuro humano. Ya no tendremos que aprendernos libros de memoria para preservarlos. Estarán en memoria, de diversas maneras, aun en placas de platino o en ondas hertzianas rebotando de planeta en planeta como ahora lo hacen de computadora a computadora los chismes de Facebook o Twitter por la Internet. En el futuro se guardará información en meteoritos o asteroides, o satélites errantes, como ahora en servers de todo tipo. Al rato habrá chips insertados en los cuerpos humanos con un tera de información, y algún Cristóbal Colón de algún planeta se topará con un chip de esos y tendrá la Biblioteca de una Alejandría del Futuro y sabrá de la terrícola Ipatia nacida en el siglo 300 que promovió un monumento al libro impreso en offset y que vio la imagen de un cassette de cinta magnética de finales del siglo XX.
Gracias a un imán se cruzaron mares, gracias al concepto del ritmo y del tiempo la humanidad dio grandes pasos, así se llegó a la memoria magnética y a los laser lectores, y pronto veremos en un dedal que se comprima la información de una biblioteca de varios pisos y hectáreas. Como escribiría William Blake, “El Universo en la palma de la mano”.
¿Cuántas horas, cuantas personas, cuantos esfuerzos, cuanto amor hay en estos 7 kilos que sostuve en la mano? ¿Cuánto tomará que estos 7 kilos, que eran 4000, hace diez años, sean menos de 100 gramos? A lo más una década.
Entonces las futuras generaciones deberán adquirir hábitos, metodologías, esquemas mentales que nos vienen desde los chinos de Confucio y los griegos de Platón, para manejar esos 100 gramos e ir sumando nuevos conocimientos para tal vez juntar 4 toneladas, que pudieron ser, en su pasado, millones de toneladas, para llegar a la conclusión, que bastan 10 gramitos de estudio de aperturas y que por algo los dioses inventaron el medio juego. He confesado.