23 jul. 2012

El caso Van Wely, víctima de su honradez.



En esta aldea global que es nuestro mundo aun quedan muchos rastros de las aldeas feudales. Todavía hay señores que se creen dueños de una fracción de la tierra y que quieren ganar a costa de los que pasan por ella, sintiendo que la tierra es de quien nace en ella y no es de todos.
La humanidad se ha estado peleando por algo que no les pertenece y , como todo producto de una pillería, tratan, con miles de criticismos, justificar sus egoísmos, cuando lo único que realmente los respalda es su fuerza bruta, sus armas y ser los más pillos del lugar.
Tenemos fronteras y como rejas de celda, el más malo del lugar impone su ley y presume de que viven dentro de su jaula en un Estado de Derecho.
Pero las leyes, mal que bien, existen, y se crearon para que al respetarlas todos vivan con orden y, supuestamente en justicia, que es lo que da sentido a crear estados.
Cada país tiene sus reglas migratorias y , como muchas parecieran absurdas, algunos ajedrecistas se creen más listos y pretenden no respetarlas y ser aplaudidos por eso.
Millones de mexicanos buscan trabajo en los Estados Unidos sin contar con permiso de trabajo y viven verdaderos infiernos al ser perseguidos solo por querer ganar dinero a cambio de un trabajo que es necesario para ese país. Parece increíble que por hacer un bien a un país se le persiga. Pero esa es la realidad. Y aunque toman trabajos que los nativos no desean hacer, la justificación es que si se permite a los que no tienen permiso trabajar en los Estados Unidos, el desempleo entre los nacidos en Estados Unidos crecería, al perder las plazas que se dan a los que llegan de fuera. La migración entonces es una regulación para proteger a los nativos. Es como si hablásemos de contrabando, que se impide para favorecer que los productos hechos en un país se consuman en ese país en lugar de los que se traigan de fuera sin pagar un impuesto. En pocas palabras es para cuidar que quien gane dinero no pague algo al gobierno, que es el “dueño” del changarro, como los señores feudales cobraban por pasar, o por trabajar en sus tierras, lo que justificaba hasta la locura del derecho de pernada.
Los ajedrecistas, que se sienten ciudadanos del mundo, van de país en país, ganando dinero sin querer pasar nada al señor feudal. No pagan impuestos. Un mecánico que cobra por arreglar un auto 100 dólares, es obligado a dar una factura y pagar unos 15 dólares al señor feudal. Pero un gran maestro que gana 1000 dólares, no da factura y no paga nada al señor feudal, pero como este es un ignorante, no se ha dado cuenta que alguien ganó dinero y no le dio su parte. Así cientos de jugadores juegan torneos y dan clases de un país a otro sin pagar un solo centavo de su plata a los señores feudales. Claro que cometen un delito según las leyes del señor feudal.
Eso ha dado ideas a organizadores para decirles a los maestros que les darán una cantidad extra si les firman recibos de mayor monto para que todos ganen más y así burlar un poco más al señor feudal que paga a los organizadores.
Los organizadores prefieren para ello a los fuereños, pues los locales están bajo mayor control del señor feudal y tienen que dar una parte de sus premios al amo, de esa manera no les conviene  dar recibos de mayor monto del que reciben y el organizador no puede ganar su dinero extra.
Por eso prefieren contratar a los jugadores de fuera que a los locales, aunque sean mejores y se mueran de hambre. El chiste es ganar dinero y si es a costa de engañar al señor feudal, mejor.
En Internet se anuncian todos los jugadores para ser contratados para dar clases y jugar torneos, no importa el país. Claro que no se requiere permiso de trabajo, pues la idea es viajar como turistas y así no dar un quinto al señor feudal de impuesto.
Saben que los organizadores locales los preferirán, no por calidad, sino por accesibilidad para hacer negocios, a los jugadores locales que están sujetos a ceder una parte de sus ingresos al señor feudal.
Los fuereños no tienen reparos, pues si hacen algo malo, hacen como los perritos, sus cochinadas y echan tierra de por medio.
Hacen los negocios turbios con los organizadores y el señor feudal, si los pilla, no los puede encerrar por ser fuereños, se limita a no dejarlos pasar ya mas por sus tierras, que para eso se las escrituro Dios, para hacer su santa voluntad, “haiga sido como haiga sido”.
Todos los días los encargados de Migración logran atrapar algunos de estos turistas “lucrativos” y les cierran el paso y los marcan, por no querer dar su parte al señor feudal.
Pero la novedad, siendo que todos los días hay esta comisión de “delitos” de ganar dinero sin pagar impuestos al señor feudal, (recuerden que Al Capone no lo detuvieron por asesino o crimen organizado, sino por no pagar impuestos), es que uno proteste públicamente.
Este raro y discutible honor recayó en el honesto GM Van Wely, que tranquilamente confesó que lo hacía a menudo, y se queja de que ahora lo trataban como a un asesino.
Bueno, robas un peso y te dicen delincuente, robas un imperio y eres un gran hombre. ¿Es entonces cuestión de monto?
El caso es que ganó la notoriedad mundial por su honestidad. Le preguntaron: “¿Vienes a ganar dinero y sacaste tu permiso y tu compromiso de dar tu parte al señor feudal?” y contestó: “Es muy poco dinero, así que no voy a dar nada a nadie, pero si vengo a beneficiar niños, pues los 100 grandes maestros que hay en Estados Unidos no lo hacen bien”
El representante del señor feudal decidió encerrarlo, hasta regresarlo de donde vino. No lo mandó a bañar, porque temía que perdiera el jabón y no le dio agua porque la derramaría. Confundió la honradez con la estupidez, pero para todos los representantes de los señores feudales parecen sinónimos.
Creo que todos deberíamos protestar, no porque hayan negado la entrada a Estados Unidos a Van Weyli, sino por el mal trato que dan a los migrantes y que lo que quieren es trabajar, y su mayor deseo es conseguir un permiso de trabajo y darle su mochada al señor feudal.
Esperamos que no cunda el mal ejemplo en España y México, pues si los ajedrecistas fuereños empiezan a decirles lo que Van reWeily a los representantes migratorios de los señores feudales, cientos tendrían que sacar sus permisos y pagar impuestos por cada centavo, como si fueran mecánicos y entonces los organizadores tendrían que aguantar a tanto maestro local exigente que no deja hacer negocios como los fuereños. Ni pichan, ni cachan, ni dejan batear.