27 feb. 2014

Karpov, ¿Modelo de Carlsen?




Kasparov al ser interrogado sobre el juego de Carlsen, relacionó su estilo a los jugadores “constructores” de pequeñas ventajas y que luego simplifican la posición y la exprimen al máximo sin permitor contrajuego y expresó que ese era el estilo de Capablanca y Karpov.
Karpov se puede decir que es como un Capablanca complicado, pues no tiene un juego tan claro como el cubano, pues la oposición que tenía que enfrentar el ruso era mucho más “académica”· que la que enfrentó el gran jugador iberoamericano. También Karpov no fue autodidacta, sino producto de la escuela soviética, con mentoría directa de Botvinnik y principalmente del GM Semion Furman, ambos no propensos a simplificar posiciones como Capablanca, pues no confiaban en exprimir posiciones y ganar con ventajas microscópicas, sino que buscaban provocar más errores en sus oponentes a base de complicarles la toma de decisiones.
El GM Anatoly Evguenevich Karpov, campeón mundial desde 1975, tras que el gran Robert J. Fischer no aceptó medirse con él bajo las reglas que imponía la FIDE, siempre se sintió presionado a legitimar su título y se esforzaba al máximo por ganar cada torneo, presión que nunca tuvo Capablanca como Campeón mundial. Además la agenda de Karpov estaba llena de compromisos y tenía que visitar clubes y dar conferencias, además de jugar torneos. Karpov soportó una carga que hubiera sido impensable para el cubano. Si entre los 23 años de edad y los 35 años Capablanca hubiera estado tan presionado como Karpov, seguramente se hubiera desarrollado a una excelencia muy superior a la que alcanzó. Karpov si tuvo que ponerse a su cien por ciento, Capablanca no creo que haya llegado más allá del 70% de su potencial, pues con ello tuvo triunfo tras triunfo y más que eso, reconocimiento general que a Karpov le costó mucho mas esfuerzos. La manera de llegar a ser campeón mundial de Kapov fue una de las maneras más difíciles de obtener un título mundial. Y digo más difíciles puesto que si a Spassky le tocó la carga de perder un título tan preciado para su nación, la URSS, que era ya considerado patrimonio del poder soviético, la carga de recuperarlo no fue nada fácil, menos de la manera en que le tocó al GM Karpov.
Spassky tras perder su título en el match de Reykjavik, en un duelo épico que ahora se ha pasado al cine en un filme que se pasará por la TV mundial en unos días y del que se habla ya bastante en los sitios webs dedicados al ajedrez, hizo un magno esfuerzo para justificarse ante la historia ganando el Campeonato de la URSS más fuerte hasta ese momento, el de 1973, donde prácticamente todos los iconos del ajedrez soviético estaban presentes, exceptuando el patriarca Botvinnik, que por su edad encontraba justificación para no verse involucrado en tan tremenda prueba, aunque muchos comentaristas de la época sugerían que debía hacerlo, pues no era mayor que aquel gran Lasker cuando jugó el Internacional de Moscú de 1935.
Spassky desplegó un ajedrez de enorme calidad en cada una de las partidas de ese evento cumbre de la URSS y se impuso, demostrando que era el mejor jugador soviético. Boris Vasilievich acalló buena parte de las críticas de que no se había podido sobreponer a sus debilidades como ser humano y jugador de ajedrez y que por ello había perdido con Fischer. El más acabado producto de la escuela soviética, orgullo de su nación, había fallado en Reykjavik, en un momento cumbre de la confrontación de la guerra fría. El “canto del Cisne” de Spassky, sin embargo, más que proveer un argumento en contra de sus detractores, pareció darles la razón de alguna forma. Spassky era capaz, pero no tuvo el dominio de si mismo y se dejo vencer psicológicamente por aquella fuerte individualidad que era Fischer. La historia la conocemos, Boris Vasielevich encontró la manera de escapar de la URSS y no bastó su excelente demostración, y el esfuerzo invertido en ella, de su victoria en el Campeonato de la URSS de 1973.
Spassky no tenía menos talento natural que Capablanca, pero su infancia fue dura, escapando apenas de la muerte por hambre que significó un sitio de casi 900 días de Leningrado. La infancia de Capablanca fue muy feliz y no fue la fragua que forja caracteres duros. Basta comparar la vida de Capablanca con la de Alekhine, que se la pasó de tragedia en tragedia, con dos guerras mundiales y una revolución.
A Karpov le tocaría la agridulce gloria de coronarse campeón mundial sin vencer al predecesor, algo de lo que se salvo Capablanca, cuando Lasker al principio se negó a aceptar el desafío del habanero y le cedía el título, pero afortunadamente el cubano tuvo la oportunidad de ser coronado gloriosamente y gozó de su triunfo plenamente.
Karpov, como Spassky, tuvo que demostrar, venciendo una y otra vez a todos los ajedrecistas de su época, que su título era digno. Vencer a Fischer ya era muy difícil, pero vencer a su sombra, a su leyenda era tarea casi imposible. Decenas de triunfos en torneos parecían no convencer a los aficionados de la validez del título que ostentaba Karpov. Legitimarse en situación que se presta a ambigüedades ha vencido a muchos a través de la historia. Es como decía Jefferson de la democracia, que se necesita alimentarse de la sangre de patriotas y, lo que muchos quieren olvidar, de los tiranos.
El caso es que Karpov al no tener la oportunidad de vencer al gran Fischer, tuvo que vencer a innumerables pequeños fischeres, y para ello requirió de un enorme carácter, siendo esta demostración de auto dominio, de inmensa disciplina, el principal legado de Karpov a los ajedrecistas.
Karpov es originario de un ambiente frío y duro como el de origen de Carlsen, donde la madre naturaleza castiga con la vida a quien comete errores. El estilo de ambos es primero que nada profiláctico y sensible al error ajeno, siendo verdugos implacables ante un oponente levísimamente descuidado.
Son exprime limones, sacan, como decía Gligoric de Karpov, agua de las piedras.
No conozco la Tula de Karpov, en los duros Urales, pero parece ser la cuna de seres decididos a imponerse a sus circunstancias. Su paisano Kotov describió la vida difícil de esa zona.
Al pensar en el ejemplo de Karpov, no puede uno olvidar a su entrenador, el GM Semión Furman, todo control de si mismo. Me parece una pena que Furman haya sido tan parco en escribir. Austero en todo, no tenía la locuocidad ni la facilidad de comunicación de un Alexandr Koblenz, por lo que con tan poco material escrito que nos legó, Furman no puede ser un modelo exitoso de entrenador. Los otros formadores de campeones mundiales como Zak, Bondarevsky y Boleslavsky son mucho más conocidos que Furman. Por eso a Karpov se le asocia más como impulsado por Botvinnik, pero eso no me parece tan justo. En los documentales soviéticos de la década de los setentas se muestra una verdad “más razonable”, el que Evgueni Karpov, su padre, y Semión Furman, fueron los verdaderos forjadores del carácter de hierro de Karpov.
En eso se parece a Carlsen, tienen la figura paterna muy importante, a diferencia de Spassky o Fischer, o el mismo Botvinnik y el genio Bronstein, pero parecidos a Capablanca y Tahl, que tanto apoyo tuvieron de sus padres.
En un  artículo anterior expresé: Dos palabras, o más bien dos conceptos, se asocian a lo que es Karpov como jugador de ajedrez: Auto control y Profilaxis. Un ser que no se deja manejar por los acontecimientos, sino como decía el enorme bardo nayarita, Amado Nervo, un verdadero arquitecto de su propio destino.
Al no contar con los escritos de Furman, tenemos una gran compensación con la enorme producción de Karpov y sus asociados. La bibliografía escrita por el GM Anatoly Evguenevich abarca todos los aspectos del ajedrez. Se pueden mencionar su libro en coautoría con Gik sobre Matemáticas y aspectos científicos relacionados con el ajedrez, así como de estudios de finales, o sus manuales de introducción del ajedrez con diversos autores, resaltando el que hizo para la compañía Disney, o sobre negocios con el franco libanes Kouatly, o sobre sus partidas seleccionadas con los consejos de Alexandr Roshal, el entrenador del gran Dvoretsky y editor, durante muchos años de la revista “64”, o con la colaboración del GM Averbach, editor de “Ajedrez en la URSS”, o su colección de videos, así como muchos artículos influenciados por Neishtadt o la matriarca, poco reconocida en el occidente, del ajedrez soviético, Tijomirova, la mujer detrás de mucho de lo realizado en la enseñanza del ajedrez en la URSS. Ya E. Winter, el sabio del ajedrez de Ginebra, hizo una larga relación de producciones de la pluma de Karpov y juntaba más de media centena. Con el nombre de Anatoly E. Karpov figuran decenas de escuelas de ajedrez y mayor número aún de clubes, incluso uno de los torneos internacionales más importantes del calendario ruso lleva su nombre.
Kasparov y Karpov no son autores de sus libros, sino conductores de equipos de trabajo, son personalidades fuertes que siempre se han sabido respaldar de tipos preparados y talentosos, pero que no tienen, solos, la relevancia y el dinero que al lado de sus jefes Karpov o Kasparov consiguieron.
Son capos de capos, corporaciones en si.
Si Fischer era la gran individualidad, Karpov supo llevar al máximo lo de trabajo en equipo y así se convierte en el verdadero sucesor de Botvinnik como patriarca del ajedrez ruso, siendo reconocido embajador del ajedrez ante el mundo “externo”, papel en que Kasparov sería seguidor primero y ahora, poco a poco, pretende desplazarlo.
Karpov es vencedor de sus obstáculos internos y logra una proyección externa mucho mayor que sus predecesores.
Según los periodistas rusos, Karpov es el jugador que más exhibiciones de simultaneas ha dado como campeón mundial, superando ampliamente a Capablanca y a Alexandr Alekhine, aún que hay considerar que el mundo de Karpov contaba con comunicaciones más rápidas que el de la época de Alekhine, a quien para viajar a Asia o América le tomaba semanas, mientras Karpov recorría diez países en la misma cantidad de días, como durante su campaña por la presidencia de la FIDE.
Karpov nunca fue tan carismático como otros campeones mundiales como Tahl o Capablanca, pero es parte de la era de la información, lo que seguramente favorece el que sea tan conocido. Si a Capablanca le hubiera tocado esta época no hubiera participado solo en una película, sino en decenas. Claro que Karpov también ha actuado en pequeños papeles en algunos filmes, como en uno alemán en que aparece en breve papel como jugador callejero. Es curioso que a pesar de haber yo tratado a Fischer cercanamente muchos días durante su larga estancia en México, específicamente en la ciudad de Cancún, Quintana Roo, y de haber leído mucho sobre Fischer en preparación para comentar su malogrado match con Quinteros que se iba a realizar en México, la muy amplia bibliografía de Karpov, me hace parecer conocerlo más, a pesar de que por cada hora conversada con Karpov puedo contar con veinte con Fischer, pero es que Karpov comentó cientos de sus partidas y Fischer nos dejo comentarios de poco más de sesenta y solo dos libros, mientras que para guardar todos los libros en PDF por Karpov o sobre Karpov no bastan dos DVDS de 4 gigas cada uno. De Fischer hay filmaciones que no suman más de dos horas, mientras que de Karpov hay decenas o tal vez cientos de horas de videos. De Capablanca tengo escasos seis minutos, de Lasker cuatro segundos, de Alekhine otros cinco minutos. Pero hay un filme cubano soviético de la vida de Capablanca de 90 minutos, lo mismo uno de Alekhine basado en el libro de Kotov, mientras que de Fischer como que hay cierta moda en hacer documentales sobre de él, pero de Karpov hay solo unos documentales que no llegan a una hora y son muy poco conocidos en Occidente, aunque como mencione antes, hay muchas horas de videos, pero solo dos documentales, como el de Karpov juega contra Karpov, mientras que Kasparov en eso lo supera ampliamente.
Recomendar al lector algún libro de Karpov en especial que muestre claramente su similitud con el juego de Carlsen, me parecía natural decir que es el escrito por el letón norteamericano, el GM Edmar Mednis, “Como Karpov gana”, que es particularmente instructivo y transmite en cierta forma los pocos comentarios que sobre las partidas de Karpov hizo su entrenador Furman, y que fueron fuente del trabajo del mago de Riga en los Estados Unidos, según él mismo confesará en su dedicatoria en letón del libro que envió al GM Aivar Gipslis, quien elogió mucho la obra de su coterráneo y aunque lejano, amigo entrañable.
Creo que el letón Mednis, muy influenciado por las ideas del otro letón, Aaron Nimzovich, puso en perspectiva la prioridad de Karpov en las partidas de ajedrez que es controlar todo, no estar sujeto a sorpresas, anticipación y profilaxis, hacer siempre jugadas buenas, evitando al máximo situaciones que favorezcan al error propio, y al mismo tiempo propicien el error del contrario. Esto parece ser la descripción no solo del juego de Karpov, sino el de Carlsen.