17 ago. 2014

¿Cursos para autodidactas?




Recientemente me realizó una entrevista el Profr. Omar Coronel al que conocí en las aulas hace más de 30 años, aunque no era específicamente mi alumno, digamos que de alguna manera escuchó muchas veces mis lecciones, y se sorprendió cuando le dije que, estrictamente hablando el ajedrez no era deporte, aunque en una acepción amplia de la palabra y su significado, el ajedrez, el billar, la filatelia y los video juegos tendrían que contarse, con todas las de la ley como deportes y de hecho varios de los mencionados eran reconocidos ya así en varios países.
“¿Entonces que estamos haciendo?”, me decía entre alarmado y confuso. “Algo mucho mejor que el deporte”, realizamos una experiencia enriquecedora de vida en que nos ponemos a prueba, igual que en el deporte, nada más que a veces el ajedrez, como en los deportes profesionales, se vuelve chamba.
En esas discusiones, como pasó en las elecciones de la FIDE, las cosas me recuerdan al cuadro de la barricada de Delacroix, donde se retrata una revolución. Los que la liderearon no estabán contentos con lo que se logró, les pareció tan poco. Los que fueron derrotados veían con horror retratados los cadáveres de soldados franceses, los suyos, los defensores de su régimen, pisoteados por la turba revolucionaria. Los del pasado lloraban la imagen de sus soldados muertos, los del presente les molestaba que recordarán que una turba los entronizo y los del futuro veían como un mal ejemplo que el poder finalmente lo podía dar y quitar una turba. Se crítico a Delacroix la imagen de una mujer enseñando senos sucios y vello en la axila, como la república o la libertad. El caso es que ese cuadro, que no agradó a muchos al principio, hoy es un icono para todos como la representación de la Francia libre. Delacroix murió diez años antes que su cuadro fuese exhibido en el Louvre, pero ahora, para gloria suya, estuvo hasta en los billetes y salvó el retrato del Che fotografiado por Korda, es una de las imágenes que más nos representan a la revolución, así como la foto de una inglesa aristócrata cargada en hombros y que llevaba una bandera francesa fue la imagen en 1968 de las revueltas estudiantiles de París…
El caso es que muchas cosas se pueden interpretar de manera contradictoria.
Así yo hablo de mis cursos como dedicados a los autodidactas y no creo ver contradicción en eso. La verdadera universidad son ahora los libros y el internet, los textos y las imágenes. Ya decía Don Alfonso Reyes que nada aprende mejor el hombre que lo que aprende por sí mismo, lo que exige un esfuerzo personal de búsqueda y asimilación; y si los maestros sirven de guías y orientadores, las fuentes perennes del conocimiento están en los libros, los artículos y los materiales presentados en conferencias y charlas. En los recientes artículos en que mencione a los demiurgos, dentro de la concepción de Aristoteles de Estagira, expresaba la importancia de los maestros, aquellos que canalizan la energía de los pueblos, que organizan, pero que pueden realizar su tarea porque, como afirmaba Aristóteles, el ser humano tiene naturalmente el deseo de saber. Pero no concuerdo con el preceptor del hijo de Filipo cuando otorga a la memoria papel tan importante, aunque me agrada la Ética a Nicómaco cuando decía que la amistad era tan necesaria a la vida y que el lazo que más unía a los seres humanos era su camino unidos en pos del conocimiento. Las virtudes dianoéticas divididas entre lo existente, lo que no puede ser sino como es y lo concerniente a lo que puede ser creado o cambiado por el ser humano, a veces confunden al inexperto y es ahí donde más se necesita la guía de un conductor, a condición que sea sutil y permita el que el alumno cometa sus propios errores.
En mis cursos, lo he dicho siempre, soy un coaprendiz, por lo que lo justo es calificar mis cursos como diseñados para autodidactas. Nada más puedo colocar las condiciones y ser un facilitador, el que realmente aprende las cosas es el que me acompaña en ese camino por el que quizás yo tenga más experiencia, pero que de ninguna manera poseo un mapa intachable. La idea es crear hábitos, porque como se decía en la Ética a Nicómaco, las virtudes no son afectos ni facultades, sólo pueden ser estados de carácter, hábitos.
Un maestro de ajedrez debe ser un “virtuoso” ejecutando el arte del ajedrez. La virtud es un hábito apto para ejercitar acciones deliberadas, lo que hace que seamos la mejor versión de nosotros mismos, ya que “los seres humanos son buenos sólo de una manera, y malos de muchas”…
El estudiar nos dará la riqueza más importante, y este tipo de riqueza si se apega a la afirmación de Solón de que no se ha fijado límite para la riqueza que puede alcanzar el hombre, porque el otro tipo de riqueza, la material, como advertía Aristóteles si debe tener un límite, pues nadie tiene derecho de disfrutar de lo superfluo mientras alguien carezca de lo necesario.