5 ago. 2014

Sobre la FIDE en sus 90 años, las elecciones y el uso de recursos que se hace en ajedrez.



Parte I
Se supone que la Federación Internacional fue formada como una necesidad de que las actividades de ajedrez en todo el mundo tuvieran una formalidad y una seriedad que le dieran reconocimiento en la sociedad humana. Haciendo uniforme la manera de jugar ajedrez en todos los países y lograr así la posibilidad de dar proyección mundial a las competencias de ajedrez, se reforzaría el reconocimiento de las sociedades de los países en que ya se respetaba la actividad del ajedrez y se estimularía a que otras sociedades que aun no reconocían y respetaban la actividad de jugar ajedrez lo hiciesen.
El ajedrez organizado ya existía, pero así se le daba una formalidad internacional. Hay que añadir que el ajedrez fue una de las primeras actividades humanas que no eran económicas y políticas que se organizaron, muy en base a la idea del deporte que en esos años, por 1924, hace 90 años, se tenía como actividad reglamentada, con repercusión mundial y de interés para las sociedades de todo el mundo. La actividad física no era tan ardua como en algunas otras actividades creadas muchos siglos después que el ajedrez pero inspiradas en las que se realizaban durante los juegos en honor de los dioses del Olimpo en los años de la Grecia clásica. Como todos esos juegos, denominados ahora comúnmente deportes, se basaban en acciones similares a las militares, como lanzamientos de armas, lucha, carreras y entonces el ajedrez, como un simil de manejo de ejércitos, pronto  y de alguna forma , poco a poco se reconoció como deporte.
Una Federación como la Internacional de Ajedrez tiene el valor que le den sus usuarios y participantes. Así las primeras décadas dependieron de lo que los campeones mundiales reconocidos le reconocían como árbitro adecuado en los encuentros por campeonatos mundiales. Los jugadores más destacados del mundo, como líderes de opinión, siempre han ejercido la presión más fuerte sobre el cuerpo directivo de la FIDE, constituido por dirigentes, organizadores y árbitros de ajedrez, muchas veces no coincidentes en visión de lo que debe ser el ajedrez, con los ajedrecistas practicantes. Los organizadores crean las plataformas indispensables para la práctica del ajedrez que los ajedrecistas requieren, pero siempre ha habido brechas de incomprensión entre ambos, como sucede en muchos deportes y a veces en mucho mayor grado que en otros deportes.
Y ya que el ajedrez está en la frontera de lo que se entiende ampliamente como deporte, por razones burocráticas y organizacionales ha sido lo más cómodo acomodar al ajedrez en los deportes y medirlo con el mismo rasero que los demás, aunque en algunos casos si en algunos países se han apreciado las diferencias.
Ahora bien, en estos días, cuando se vienen nuevas elecciones, se acusa de que la FIDE no tiene nada que ver con la gran mayoría, más de 95% , de los eventos internacionales de ajedrez y que esto es señal de que no cumple la misión por la que fue creada. Se le acusa de que en lugar de facilitar la plataforma para la práctica organizada del ajedrez, se convierte a menudo en un obstáculo para tal práctica.
El principal detractor, un excampeón mundial de ajedrez, que como todos sus antecesores, ha tenido rachas de total confrontación con FIDE, señala que la mala reputación de los dirigentes de FIDE imposibilitan que los grandes patrocinadores potenciales apoyen al ajedrez. En ello coincide el actual campeón mundial Magnus Carlsen que sigue la huella de todos los anteriores que de alguna manera se confrontan con la FIDE tras de que ese organismo los reconoce como campeones mundiales.
Seguramente esas afirmaciones tienen bases sólidas, sino serían fácilmente refutables. Pero, ¿hasta que punto el ajedrez debe depender de esos grandes patrocinadores? Depende de la visión que uno tenga sobre lo que debe ser el ajedrez y lo que debe ser la FIDE.
Caben cientos de visiones, pero en las elecciones de 2014 solo se votará entre dos, lo que ya es un signo de pobreza alarmante.
Muchos miles de jugadores se han expresado por un cambio necesario, aunque no coinciden en que tipo de cambio quieren, simplemente cualquiera. Eso siempre suena sano cuando durante más de tres lustros la misma nomenclatura ha gobernado FIDE, pero esto solo es en apariencia, pues la tal nomenclatura ha tenido muchos cambios, aunque se podría decir que no fundamentales.
Ahora bien, la misma naturaleza conservadora del ajedrecista, no por nada se es aficionado a practicar un juego que tiene varios siglos de edad, como que le hace desconfiado de los cambios totales, esos que parecen como chivos en cristalería. Son más dados a las evoluciones que a las revoluciones.
Generalmente los ajedrecistas no siguen en masa a los campeones mundiales, pues se sabe que son geniales, pero necesariamente anormales, no siguen a las mayorías, son únicos y sencillamente acostumbrados a ganar, no a dialogar. Sólo a una persona muy singular se le ocurre hacer de todo para ser campeón mundial, cueste casi lo que cueste.
Los admiramos por sus hazañas, pero aunque quisiéramos imitarlos no se puede y seguirlos aun menos. Están en otro nivel.
Cuando se ofrecen en sacrificio, aun más se les desconfía. ¿Alguien aceptaría con tranquilidad un sacrificio de Kasparov? Habría que analizar mucho y aún así…
Los que dirigen la FIDE actualmente son como un grupo muy compacto de organizadores y administradores del ajedrez, árbitros que tienen por lo general solo una manera de hacer las cosas, la que consideran correcta ellos.
La lucha de los jugadores más destacados por negociar mejores “condiciones” de parte de los organizadores es constante, y a veces parece no muy clara, por lo que la gran masa de jugadores aficionados como que desconfían de ambos lados de aquellas negociaciones. Unos piden privilegios y otros las conceden, ambos lados no se ven como muy equitativos para los que no son ni organizadores ni estrellas. Lo curioso es que ambos lados piensan que tienen el derecho sobre los privilegios, unos por sus méritos como jugadores, los otros por sus esfuerzos en gestión y administración de recursos. Lo malo es la opacidad total.
¿Qué se espera? Las burocracias sólidas nunca pierden. Como me dijo un arbitro, “los jugadores van y vienen, los árbitros prevalecemos”. Pero como dicen los jugadores fuertes, “ganamos nuestros premios en el tablero, no dando caravanas a nadie”.  Pero como los jugadores por naturaleza compiten unos con otros, no hay un sindicato ni nada que los una, pues históricamente han fallado los intentos de formarlo, los burócratas son la unión internacional en torno al puesto, podrán seguramente vencer una vez más.
Pero como ahora los jugadores, algunos,  se aliaron con empresarios, algunos, la confrontación será más complicada.  Pero la burocracia FIDE tiene respaldo en las organizaciones deportivas de algunos gobiernos que les asustaría que un tipo como Kasparov tenga un foro para sus exagerados ataques.
Entonces las elecciones las perderá Kasparov pero en grande, no como Karpov, con paz negociada. Aquí si se espera una verdadera opera Wagneriana, con lamentos épicos, homéricos y acusaciones sin fin.
Miles de jugadores y muchas federaciones de la Europa Occidental harán un verdadero drama que hará infernales los próximos meses de los vencedores. Será un rio muy revuelto, donde algunos pizcadores harán su “agosto”.
¿Cómo afecta eso a los jugadores locales? Pues con ese ruido, como que habrá más foro para el ajedrez, más eventos fuera de FIDE y la FIDE obligada a hacer más. En general ese tipo de ruidos genera más interés popular, pero en cambio hará más desconfiados a los patrocinadores potenciales serios y sobre todo a los gobiernos que gustan de deportistas disciplinados y obedientes y no de grupos levantiscos.
Se ve mal  la cosa si se gana la reelección, pero si ganase por algún milagro el retador, el asunto podría ser peor, con un ajedrez estilo McDonald, con organizaciones bien patrocinadas buscando más que aficionados al ajedrez, clientes del ajedrez.  A los nuevos les exprimirán las bolsas, a los veteranos los tratarán de retirar para que no divulguen como era la cosa cuando la mayoría de los ajedrecistas eran de bajos recursos. Será como el tenis, donde cuenta más el poder contratar un profesional caro para que de clases que el talento. La brecha entre ajedrecistas nacidos en pañales de seda y los formados en antros será enorme, como en el golf. Los profesionales pasarán al servicio de particulares, ya no serán pobresores trabajando para el gobierno. Ya no se sabrá quién es campeón mundial, sino quien está en la punta del Top Ten, que cambiará tal vez cada semana. Los torneos por computadora proliferarán y todos tendremos un big brother en nuestra compu. Algunos ganarán como si fuesen futbolistas y quién sabe, habrá ligas que hagan subastas de jugadores.
En todo caso, como no podemos votar, solo podremos protestar, hasta donde la regla mordaza que ya existe en FIDE lo permita.
Pero yo voy 10 a 5 a favor de Rusia versus Croacia.