20 sept. 2010

En ajedrez, la motivación es el factor decisivo.


Se puede afirmar que en todo aspecto humano, en toda actividad, la motivación es el factor decisivo. Si tenemos fe, si creemos lograr algo o si creemos no lograrlo, en ambos casos estaremos en lo cierto. Pero todo comienza por la motivación. Cuando una persona siente un sus adentros unas ansias de lograr cosas y se decide hacer de todo para hacerlo, su motor es esa chispa divina que llamamos motivación. Nos animamos, nos movemos, motivados por algo. Algo sucede que nos empuja.
Ahora que lo importante no es identificar algo, sino manejarlo. Lo importante es poderlo aumentar a voluntad y conocer como canalizarlo.
Seres humanos cruzando océanos incognitos, escalando montañas sin otra ganancia de colocar su bandera en la punta y poder decir: ¡Yo llegué hasta ahí!
Como muchas cosas en este mundo moderno, la motivación viene en dos modelos: natural y artificial. El natural, aunque no nace por generación espontánea, es consecuencia de leyes naturales que están, en gran parte, más allá de nuestro control, aunque siempre hay maneras de hacerla crecer, hasta cierto punto. Por lo general todo se hace internamente, en el ser mismo. La artificial puede ser creada gracias al buen aprovechamiento de leyes naturales por parte del ser humano en sus aspectos en que esté ha descubierto como manipularlas a su favor, generalmente basados en la sociabilización, una mezcla de factores internos y externos, donde una parte sucede dentro del ser mismo y otro en el exterior, su contexto y sus circunstancias.
Un modelo es lo que natura da y otro lo que Salamanca presta, diríase parodiando la advertencia universitaria.