16 nov. 2012

Hace 85 años Capablanca perdió el Campeonato Mundial.




Decía Olga Chagodaeva de Capablanca que un filme sobre la vida de Capablanca debía realizarse, pues tenía muchos aspectos novelescos e interesantes. Seguramente la biografía de Capablanca, al que se le llamó el “Mozart del Ajedrez”, cuenta con facetas que acercarían al público a conocer más sobre el ajedrez y tal vez a estimular a mayor número de personas a practicarlo.
No hace mucho nos enteramos que la vida de Fischer estaba siendo filmada teniendo como protagonista al actor que interpretó al “Hombre Araña” y que pronto tendríamos la versión hollywoodense de la biografía del campeón norteamericano – islandés.
Ya un filme sobre Capablanca se realizó en Cuba en 1986, pero aunque me parece muy bueno, se circunscribe a una sola época de Capablanca, a la del Torneo Internacional de Moscú de 1925.
Era normal que una coproducción cubano soviética realizada poco antes de la conmemoración del centenario del nacimiento de Capablanca se enfocase en un evento que tan importante fuese para la historia de las relaciones entre la URSS y Cuba. Ahí se muestra la actitud valiente de Capablanca, campeón mundial de ajedrez y que tan importante era para el joven estado soviético contase con su participación en el primer evento verdaderamente internacional que realizaba.  Fue una actitud valiente pues el mismo ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, jefe laboral de Capablanca, le había solicitado no asistir, por las implicaciones políticas, pues en la República de Cuba gobernaba el Presidente Machado y que no había aceptado reconocer a la URSS. Capablanca se jugaba su carrera política y eventualmente al final del régimen de Machado tendría que partir a México prácticamente fugándose de la represión machadista que incluso pudo costar la vida de su hermano Ramiro, fundador del Partido “revolucionario”.
Capablanca había laborado como diplomático en la embajada de Cuba en San Petersburgo e incluso tuvo ocasión de tratar al zar Nicolas II durante el Torneo Internacional de San Petersburgo en 1914 y de “tomar el té” con tan poderoso personaje, y en su regreso a Rusia, convertida en la Unión Soviética, once años después, lo haría un testimonio importante de los cambios en aquellas tierras.
De regreso de la URSS,  Capablanca tuvo el atrevimiento de afirmar que Cuba debiera establecer relaciones con ese naciente estado, aunque es cierto que lo hizo oficialmente varios años más tarde, cuando ya Estados Unidos lo había reconocido, pero antes ya en la prensa de su país se había expresado muy elogiosamente de la Unión Soviética, cuando estaban frescas aun las acciones de las tropas intervencionistas norteamericanas en el norte de la URSS.
Para el gobierno soviético la presencia del campeón mundial de una actividad tan importante en la vida social y cultural de ese país, era como recibir un aval, como tener a un testigo de honor, de los grandes cambios políticos en el antiguo imperio de los zares. Por eso la gran importancia histórica de ese evento y la razón de que fuese la escena principal del filme “Capablanca”.
Si en México un gran creador como el insigne pintor Diego Rivera había logrado que la URSS tuviese una embajada en México, nada menos con Alexandra Kollontai a la cabeza, ¿porque no, el más famoso cubano de esa época no podría lograr algo similar en Cuba?
Pero México también tenía un régimen emanado de una revolución y la idea era más receptiva. Aunque para los Estados Unidos el que sus vecinos más cercanos, México y Estados Unidos, tuviesen relaciones diplomáticas con aquel estado tan aparentemente hostil al “American Way of Life” no le era muy cómodo y cuando menos en la Cuba de Machado, la del gran capitolio que aspiraba a superar al de la Metropolí de la América Capitalista no podría suceder.
Una vez, a principios de este año, en La Habana, bajo el techo de la sinagoga Beth Shalom, creada por el arquitecto Aquiles Capablanca, hermano del campeón, reflexionaba sobre la diversidad de talentos que los dos marías, Don Jose María Capablanca y María Graupera, habían legado a Cuba. Ramiro, insigne abogado, Aquiles, artista y arquitecto, José Raúl, tan grande en muchos aspectos, y como eran en cierta forma una representación de la Cuba nacida en el siglo XX con grandes raíces de la cultura decimonónica de la España de ultramar.
Capablanca nació español y algunos de sus hermanos ya fueron nativos del nuevo país, Cuba. Nuevo, pero tan antiguo en su nacionalidad como la mexicana.
Hoy celebro el nacimiento de la Ciudad de La Habana, 16 de noviembre de 1519, cuando su fundador en lo legal, Diego Velazquez, la instituyó por asi decirlo. Ese Diego al que se le escapase Don Hernán Cortés para en medio de la gran tragedia de la confrontación de dos grandes culturas se creo una nación tan especial como México.
Y me parece curioso que recuerde de La Habana algo que pareciera tan ajeno a la cultura de Cuba como una sinagoga, aunque fuese la concebida por un Capablanca. De Riga también recuerdo a una sinagoga que me mostró el maestro Koblentz, entrenador de Mikhail Tal, el otro campeón mundial tan famoso como Capablanca. Es curioso pero el templo religioso más cercano físicamente al edificio de la Embajada de Cuba en Ciudad de México es una sinagoga también.
Y es que todas las religiones y culturas tienen algún lugar en Nuestra América, por eso es tan rica. Es el Nuevo Mundo que quiere tener toda la diversidad cultural.
Pero regresando a Capablanca, un hombre de mundo pero entrañablemente tan americano, me parece que debiera ser más conocido por todos, no nada más por los ajedrecistas.
Revisando el catalogo de libros editados en la URSS, llama la atención lo mucho que se ha publicado de él y sobre él. Creo que ajedrecísticamente tuvo más influencia en el ajedrez soviético que Alekhine o Chigorin. Casi todos los entrenadores soviéticos recomendaban a los principiantes estudiar a Capablanca, ninguno a Alekhine. Por supuesto que Capablanca es mucho más “clásico” que Alekhine y mucho más instructivo.
Koblentz gustaba de decir que Alekhine para vencer a Capablanca se había disfrazado de Capablanca, que lo había derrotado utilizando su estilo. Alekhine, según el entrenador de los Magos de Riga, decía que Alekhine dio un salto de calidad tras estudiar tanto a Capablanca para vencerlo. “Se sabía de memoria todas las partidas de Capablanca, de manera tal que se convirtió un mucho en Capablanca”, apuntaba.
Analizar profundamente las jugadas de Capablanca, el asimilar su manera de encontrar soluciones a las posiciones, instruyó a Alekhine de tal manera, que pudo vencerlo, aprovechando las debilidades de Capablanca.
Claro que hay que tomar en cuenta muchas cosas que sucedieron a Capablanca entre que venció a Lasker en 1921 y perdiera ante Alekhine aquel 29 de noviembre de 1927.
Tras ganar su match a Lasker, Capablanca dejo de jugar ajedrez un tiempo, disfruto de su naciente vida matrimonial, se estableció en su casa de la Avenida Cuarta en el actual Municipio Playa y que pomposamente denomino “Quinta Gloria” por su esposa Gloria Simoni, una camagüeyana perteneciente a una de las familias más connotadas de su provincia. Así paso prácticamente 1922, solo interrumpiendo ese “año de miel” con su triunfo en Londres. Luego vendría la muerte de su padre, Don José María, a los 61 años, y un poco de sorpresa para todos, aunque debiera ser un aviso de que su dolencia física sería similar a la que tomó la vida de Don José Raúl a los 54 años. Ese deceso lo golpeo mucho y lo alejo también mucho tiempo del tablero, como lo haría años después el de su madre María.
Los hijos, José Raúl y Gloria, nacieron en 1923 y 1925 respectivamente, y uno de ellos, abogado, murió relativamente joven del mismo mal que padre y abuelo. Doña Gloria Capablanca, hasta donde se, gozaba de buena salud ya pasados los 80 años de edad, radicando en La Florida.
La participación de Capablanxca en Moscú 1925 y luego su gran triunfo de 1927 en Nueva York, unido a las lagunas de alejamiento, no fueron lo mejor para enfrentar a un Alekhine que estudiaba y se preparaba como fanático para vencerlo en Buenos Aires 1927.
Ya las historias sobre la otra Gloria, la actriz argentina y sus “distracciones” en los meses del match de Buenos Aires, han circulado mucho y seguramente todo tiene que ver en lo que pasó en su derrota, además de que no solo perdería título y matrimonio, aunque el divorcio se concluiría en 1934, ya estaba perdido por 1928.
Como Ave fénix, símbolo de su zodíaco, Capablanca era Escorpión, como Tahl y muchos campeones de ajedrez, renació de sus cenizas, y de nuevo sus triunfos lo llevaron a la URSS de nuevo, diez años después del gran torneo de 1925.
Por eso el filme de 1986 se queda muy corto, pues mucho pasó a Capablanca antes y después. Para Doña Olga, la segunda esposa y viuda de Capablanca, la vida tras 1934 fue muy interesante.
Gustaba ella de relatar que en Moscú 1935, Stalin observó el torneo medio oculto y que finalmente invitó a Don José Raúl a conversar en el Kremlin, donde vivía el dictador soviético y que parte del tema era sobre las apreciaciones de Capablanca sobre la guerra civil en Rusia. Capablanca, que había vivido cerca de la corte de los zares y que conoció a muchos miembros de ella, incluyendo al zar y varios de sus familiares cercanos, seguramente podía dar testimonios muy interesantes para el duro georgiano que había estado muy lejos de aquel mundo palaciego ruso y si esa charla se dio, debió ser sumamente educadora para ambos.
Los personajes que conoció de cerca Capablanca fueron muy numerosos y muchos de ellos con un lugar destacado en la historia Europa, Estados Unidos y por supuesto Cuba.
Doña Olga dejó los archivos de Capablanca al Manhattan Chess Club y parece que no todo el acervo se conservó en ese club, pues algunas notas y fotos aparecieron en colecciones particulares, entre las cosas que aparecieron fue la famosa partida con Tartakover en 1938 cuyo manuscrito original dio como presente especial de Don José Raúl a Doña Olga y que esta una vez ofreció en subasta cuya puja inicial de 10 mil dólares nadie cubrió. Aparentemente se vendió por ella, o paso al archivo del Manhattan, el caso es que luego apareció en una colección particular.
De la memorabilia del match que finalizó hace 85 años en Buenos Aires, lo más rico se exhibe en clubes de allá, donde todavía circula la versión de que el arbitro Querencio del match de 1927 llegó a retar a duelo a Alekhine ante las continuas excusas que daba este para no dar la revancha a Capablanca y tras una dura discusión en 1939, en la época de la Olimpíada en que ambos maestros compitieron pero no llegaron a enfrentarse.
Ojala haya un filme mas sobre Capablanca. Aunque como paliativo se filmó en Cuba un excelente documental sobre el campeón habanero en años recientes y que para todos los aficionados a Capablanca es un pequeño consuelo.