1 sept. 2009

Momentos positivos.


Después de algunos artículos sobre el ajedrez y la segunda guerra mundial en que se recuerdan los momentos más negativos de la historia del siglo XX, hay que regresar a la temática del blog que es la convicción absoluta de que cualquier meta se puede alcanzar en ajedrez si tenemos la actitud adecuada. Actitud y no aptitud es lo que determina la altitud, así decía un viejo refrán del ajedrez ruso que me permito traducir con cierta libertad para hacerlo similar a un consejo de Benjamin Franklin y a unos anuncios en “Harvard Business Review” que tienen como protagonista a Tiger Woods.
¿Por qué entonces hablar de la Segunda Guerra Mundial y de siniestros personajes? Porque no se puede pasar por alto una fecha tan significativa como el 70 aniversario del inicio de la Guerra de la maldad contra la humanidad.
A un viejo maestro, Samuel Blumenthal, que durante años vivió en México alejado de su amada Polonia, aunque de familia húngara, en una autoimpuesta misión; le había prometido algún día escribir algunas cosas que me había relatado. Amigo y colaborador de Simón Wissenthal, toda la vida que le restó tras ser liberado de un campo de trabajo en París en 1944, la dedicó a trabajar sobre la historia de ajedrecistas que tuvieron alguna colaboración con el régimen nazi. Colaborador cercano de Przerpiorka, editor con Kagan de Viena y traductor de muchos artículos de ajedrez de grandes ajedrecistas al alemán, sobrevivió a la invasión nazi a Francia prácticamente sin ser notado hasta 1943 y sólo pasó unos meses cautivo de los nazis. Luego de la guerra logró hacerse de un pasaporte paraguayo y emigró a Portugal y México, donde terminó sus días a los 75 años, en un accidente en su laboratorio cuando experimentaba en explosivos plásticos. Ya hacía tiempo había abandonado su afición a escribir sobre ajedrez, siendo su último escrito con fecha de 1969, cuando reunió documentos sobre los últimos días de Alekhine en Portugal, pero siempre decía que en 2006 se abrirían los escritos de Alekhine, pues habrían pasado 60 años de la muerte de su autor y la ley francesa tendría que abrir sus archivos al examen público.
La fecha se cumplió y muchos de los escritos de Alekhine fueron copiados, digitalizados y examinados por varios estudiosos, sobre todo historiadores de la vida de la URSS, quienes trabajarían para armar el rompecabezas. Pero uno de ellos falleció antes de terminar su parte del trabajo, Damsky, y habrá que esperar noticias de sus colaboradores. Se habla ya de un libro “Siete años de a vida de Alexandr Alexandrovich Aliojin” que pretende dismitificar la novela de Kotov donde se pretendía rehabilitar la memoria política del Campeón Mundial Alekhine. En ese libro de “Siete años” se afirma que si bien los esbirros de Stalin pudieron ser los ejecutores, hubo una mente maestra que señalo el blanco y armó la conjura que evitaría que Alekhine reinase sobre el ajedrez mundial tras la guerra.
Al morir a los 54 años, según la autopsia practicada, Alekhine tenía una serie de males físicos que mostraban que su salud no era comparable con la de Lasker a su edad y no había que temer que pudiese mantenerse como campeón. Pero recordando al Lasker de 1936, a mucho mayor edad, tal vez los soviéticos no quisieron asumir el riesgo, lo mismo algunos más…
La amistad y un viejo compromiso con un viejo maestro de ajedrez, me obliga a cumplir con una cita que se hizo antes de que soñáramos con el Internet y que se hace imposible de no cumplir con las actuales facilidades de la información.
Pero ahora, quisiera retomar un poco la tónica optimista de este blog, que se ha tornado solemne y trágico…