3 oct. 2012

En Echelon las cuevas peligrosas.



Un verdadero tesoro de ajedrez hay en ese tipo de reservorios de información, pero circular por ahí puede arruinarle la computadora a cualquiera.
Sin un Virgilio que acompañe a Dante, librar cancerberos y espíritus chocarreros, vulgo virus informáticos, es terrible, por mucha experiencia que tenga alguien de computo forense.
Todo lo que circula por Internet lo tratan de regular los gobiernos, pues la propiedad intelectual se pierde entre esas cuevas, ya que Echelon parece no ser caso único, es uno más de una verdadera multitud de cuevas.  Ya con los avances y los discos duros personales de decenas de Teras, prácticamente cualquiera puede tener una super biblioteca y ahora el verdadero reto es vencer al síndrome del pajar; separar lo relevante de lo irrelevante y evitar que caiga todo en un caos de información que más parecería un “Síndrome de China” con una reacción en cadena que parta la tierra en dos.
Hay mucho material repetitivo, pues los que escribimos de ajedrez nos copiamos unos a otros, juntamos nuestras posiciones selectas después de examinar decenas de selecciones de otros autores, algunos ya con décadas de fallecidos.
Hay temas como el enseñar cómo sacarle lo máximo a la pareja de alfiles en que todos usamos los famosos modelos de Steinitz, muchas veces apenas modificando los comentarios del mismo campeón mundial nacido en Bohemia, pasando por los añadidos de Reinfeld y Chernev en la década de los años treintas del siglo XX y los del GM Larry Evans en su “Chess Catecism” de la década de los sesentas. No hay nada nuevo bajo el sol y poco añaden los Grivas, los Silmann y yo mismo, pues ese modelo de partida ilustra perfectamente el tema.
La misma partida, en su totalidad o fragmento aparece en más de 30 textos distintos de autores muy respetables.
Los “bugs” en variantes pasan de libro a libro, de década a década, como si todos estuviéramos hipnotizados e incluso se checan con computadoras y no se cambia el error, hasta que alguien gana una partida que circula por toda la red y descubrimos que todos habíamos pasado por alto un detalle.
Exceso de Datos es tan peligroso como las lagunas de datos, pues aunque se diga en lugar de datos la palabra información, esta realmente no existe hasta que un dato cambie nuestra conducta.
El caso es que aquí trato de explicar porque deje de alimentar el blog tantos días. Pues muy fácil, entre en terreno minado en Echelon y en otras cuevas similares como “Pandora” y salí con todo tipo de heridas informáticas derivadas de las minas que, como alambre de puas, son puestas para que legos como yo no se atrevan, pero la ambición de ver lo que uno no ha visto, lo aprisiona a uno y lo hace extraviar la prudencia e ignorar al “Pepé Grillo” que nos dice: “¡No te atrevas!”. Pagué el precio, y créanme vale la pena.
Pero ahora será tiempo de echar a andar varias ideas, ahora armado con traducciones del armenio al ruso, donde yo puedo pasar al español, pues cursos intensivos de armenio no bastaron. ¿Tienen los armenios algo nuevo? No mucho, pero ¿Cómo creen que han ganado tres veces de cuatro últimas olimpíadas? Del Cáucaso, como ya hace tiempo, están saliendo los mejores jugadores. Esa región, zona fértil,  parece tener algo especial para el ajedrez