27 oct. 2012

La dificultad de escribir sobre la historia del ajedrez.



Recientemente se me propuso el escribir un libro sobre la historia del ajedrez en México debido a que los que habían sido publicados sobre ese tema presentaban enormes divergencias entre si y muchos datos y afirmaciones se prestaban a controversias.
Claro que no podría de ser de otra manera ya que los mencionados textos habían sido elaborados por personas que en su tiempo de publicarse aspiraban a puestos federativos y su principal interés era resaltar su papel en el desarrollo del ajedrez en México.
Afortunadamente eran ediciones de muy pocos ejemplares y poca huella dejaron en el medio mexicano, pero a veces han sido usados como referencia para artículos y publicaciones.
Muchas falacias han sido escritas sobre los jugadores mexicanos más notables, siendo la principal víctima la biografía del GM Carlos Torre Repetto que parece que a muchos satisface explicar su temprano retiro del ajedrez a una enfermedad mental y no ahondan en la verdadera raíz del problema. La causa de la causa es la causa de lo causado, reza un proverbio jurídico. Si algún desequilibrio presentó alguna vez el GM Torre Repetto debió buscarse una explicación más lógica que una súbita locura. Pendiente esta la investigación de lo que realmente pasó al finalizar el Torneo Internacional de Chicago 1926 y lo que sucedió allí que provocó el retiro del ajedrez del GM Carlos Torre Repetto.
Las biografías de los campeones de México de origen cubano como son Don Andrés Clemente Vazquez y Don Manuel Marquez Sterling Loret de Mola son ampliamente conocidas fuera del ajedrez, pero dentro del medio es poco lo que de ellos se sabe, lo que debiera parecer natural debido a que se destacaron en el ajedrez mexicano del siglo decimonónico y hay una prevaleciente ignorancia en muchos ajedrecistas sobre el ajedrez mexicano anterior a las dos últimas décadas del siglo XX y para la mayoría de más allá de cinco años atrás.
Cada vez que alguien fallece, aparece alguien que escribe que el fallecido fue campeón nacional, lo mismo si lo entrevistan en algún medio de comunicación. Así tenemos varios jugadores que han sido campeones nacionales el mismo año. Hay unos que incluso se ostentan como campeones de los Estados Unidos y parece raro, pero entre los niños hay uno que otro que los periodistas le adjudican el título de campeón mundial de aquella u otra categoría.
Claro que con tantos campeonatos mundiales infantiles abiertos que se realizan cada año, es muy posible que haya una decena o más de titulados por categoría. Ahora que la FIDE en su avidez de captar recursos va a establecer campeonatos mundiales a varias velocidades, es de esperarse que una treintena de personas ganen algún tipo de campeonato mundial en 2013, que para eso los hay de todos gustos.
En el ajedrez internacional priva la desinformación, y en el de México esta se une a la ignorancia y a la mala intención histórica, pues cada cacique local del ajedrez trata de sacar dinero de cualquier forma al virrey estatal del deporte, aprovechando cualquier debilidad en preparación o cultura que este tenga, ya que por lo general ignoran completamente lo que sucede en ajedrez, pues identifican al deporte con una mezcla de mucho músculo y poco intelecto, lo que los hace sospechar de todo aquel que ve su felicidad en pensar, pecado imperdonable en el ámbito donde se reparten los presupuestos en la parte del Circo de aquella manera romana de gobernar de Pan y Circo.
En Cuba se aplicaba, herencia española mutua con México, aquello de las tres “Bs”, Baile, Botella y Baraja. Pero aquí a falta de baraja tenemos más lo de “Deporte”, por lo general futbol. En lo que toca al baile, si es con las bandas si se nos da. El caso es que basta leer una crónica de cualquier entidad y abundan los títulos falsos de campeones nacionales, que no se escatiman a los niños desde los 6 años hasta niños de 35 años que aun esperan que los apoyen en sus entidades en sus juveniles aspiraciones de superación.
Aunque abunda la documentación sobre los últimos cien años del ajedrez mexicano, parece que nadie la desea leer, para no tener el problema de conciencia de tergiversar la historia a sabiendas y así poderla trucar teniendo como disculpa a la mano la ignorancia.
Desde Tresguerras hasta Juárez, pasando por Hidalgo y Quintana Roo, no hay personaje histórico mexicano que no haya tenido algo que ver con el ajedrez y la historia de este en México es riquísima y debiera ser interesante. Pero si poco o casi nada se difunde de la historia de México en lo general, menos de la del ajedrez.
Habrá quienes gusten de pensar que la Emperatriz Carlota Amalia Leopoldina era menos preparada e inteligente que su esposo, a pesar de hablar cuatro idiomas más que él y de ganarle cada partida de ajedrez que jugaron. Otros gustan de decir que Villa era un gran estratega y desprecian el papel que un estudioso de la ciencia militar, exdirector de colegios militares, tenía en sus victorias. A muchos llamaría la atención el saber que Juárez contaba con guardaespaldas cubanos, o que la Flor de Nochebuena fue bautizada con el nombre del embajador de Estados Unidos en México.
Si todavía se discute si el último emperador mexica fue enterrado en Ixcateopan o en Chiapas, y si la profecía maya es profecía tolteca u olmeca, y si el primer emperador de España no hablaba español, o el padre de la democracia en América, Tomas Jefferson, tenía hijos esclavos; ¿cómo podrían aclararse tanta falacias sobre Carlos Torre y los cientos de campeones de ajedrez? Todo mundo tiene un primo campeón nacional.
Cada vez que doy una simultanea se aparece alguien que me pregunta si conozco a su primo que era campeón nacional de ajedrez y al oír el nombre y apellido del susodicho, no puedo contener mi cara de ¿What?, y para disculparme y no herir innecesariamente al interlocutor, le achaco a mi mala memoria el asunto y sólo acierto a decir: “Me suena conocido el nombre, pero tengo tan mala memoria…”
Es malo que no haya un cronista del ajedrez mexicano, pero más malo que haya mil.