13 jul. 2009

Tigran Vartanovich Petrosian en su ochenta aniversario.


Recordemos una entrevista realizada al excampeón mundial GM T.V. Petrosian hace 30 años:
“Recuerdo numerosas advertencias críticas, dirigidas hacia mí a causa de mi estilo, que me dio una guía en mi vida. Las advertencias empezaron a adquirir, no sin fundamento final, tal matiz, tal amplitud, que incluso empecé a pensar en aquello que me separaba del ajedrez. Es interesante que precisamente en esos días, para mi total fortuna e inesperadamente para mí llegó el conocido periodista Ashot Arzumanian. El quería conversar sobre su futuro libro, consagrado a las conexiones entre las culturas ruso armenia. Hablé con él de mis dudas, y también de la decisión que tenía intención de realizar.
Y entonces él me dijo: “No debes ni soñar con abandonar el ajedrez. Debes jugar y triunfar. Sólo así demostrarás tu razón.” Además de las palabras de esta inteligente y experimentada persona, produjo en mí una gran impresión un viaje a Armenia, un encuentro con los viejos amigos, a los que no veía hacía cinco años. Resulta que en todos esos años ellos habían seguido mi juego, mi avance, y sencillamente esperaban de mí nuevos triunfos. Precisamente esta última circunstancia influyó favorablemente en que finalmente se despertaran en mí los deseos y la ambición de obtener mi derecho ajedrecístico.
Y de nuevo años de obstinado trabajo. Fueron muchas intervenciones, torneos, muchos minutos alegres, especialmente cuando en 1963 vencí a Mijaíl Botvinnik y me coroné campeón mundial.
En esos días sentí que toda la República vivía el ajedrez. Este apoyo moral, sin duda, jugó un papel importante y decisivo para que yo pudiera vencer a un titán ajedrecístico como Botvinnik. Además de los meramente aledrecísticos en mi vida tuvo lugar aún un acontecimiento importante, me aproximé al filósofo Georg Brutian y bajo su inmediata dirección y su requerimiento terminé la aspiración a defender la candidatura a la tesis, en la que expuse mis ideas y mi punto de vista sobre la cuestión del pensamiento en la lógica ajedrecística.
En la vida de una persona llegan tarde o temprano, por desgracia, desagradablemente, los indeseables minutos en los que pierde el título. Eso llegó en mi vida. Cuando un ajedrecista pierde el título de campeón mundial es, como considera la mayoría, un fuerte golpe para el amor propio de la persona, para el amor propio del deportista. Pero para mí ese momento, y no es raro ,llegó en gran medida sin dolor.
Y ahora, cuando recuerdo todo los detalles ligados al match por el campeonato del mundo en año 1969, y también mi situación después del match, cuando pienso en todas las causas que hicieron que aguantara fácilmente esta pesada prueba, llego a la conclusión de que yo nunca ví al ajedrez como un medio para alcanzar los más altos resultado deportivos. Para mí lo principal siempre fue el contenido interno de la lucha ajedrecística, el estado interno de dos personas sentadas ante el tablero de ajedrez. Por esta misma razón, cuando cedí el paso a otro ajedrecista comprendí que es difícil luchar contra la actualidad, que los años transcurren y que en el ajedrez, como en la vida, llega el tiempo en el que debes ceder el puesto a otro nuevo, más joven y puede ser que más avanzado. Sin embargo, incluso en un match perdido me parece que se obtiene una bonita victoria en medida que el encuentro fue para mí un gran consuelo.
Pero he aquí perdido el título de campeón mundial. ¡¿Cómo vivir después?! Considero que para el ajedrecista no hay problema. Debe continuar jugando. Y así lo he hecho. Aunque ha pasado mucho tiempo después de mi derrota, 10 años, participo activamente en los grandes torneos. En ese tiempo aún he vencido dos veces en el Campeonato de la URSS (debo advertir que después del título de campeón mundial para un gran maestro soviético lo más querido es el título de campeón nacional). Y un todo caso hoy, cuando me encuentro en mis 50 años, puedo decir con certeza que mi camino ajedrecístico aún no ha termínado. Aún quiero jugar, quiero luchar.
Ahora lo más importante para mi es continuar los encuentros con ajedrecistas de diferentes generaciones de diferentes corrientes creativas, y que se esfuerzan en obtener el derecho a su “yo” ajedrecístico.
Hoy ha llegado para el ajedrez una etapa especial en su desarrollo, en su práctica. Y esto transcurre así porque en todas las encrucijadas, por asi decirlo, se predica su práctica. En el primer lugar se plantean los resultados deportivos. Para los ajedrecistas ahora no es importante la parte creativa del ajedrez, sino la victoria en encuentros aislados, en competiciones aisladas y, por desgracia, para muchos y muchos ajedrecistas lo más importante el objetivo inicial, es no perder.
Ya dije reiteradamente que los resultados deportivos, los éxitos deportivos nunca fueron para mí el primer factor. Y hoy, aunque ya no me es tan sencillo jugar al ajedrez de alta competición, en la mayoría de las partidas principales, especialmente en los encuentros con ajedrecistas jóvenes, partidarios de lo práctico, me esfuerzo en demostrar que en ajedrez no hay nada más importante y principal que quedarse con el principio creativo. Ese principio creativo, que da el ajedrecista al ajedrez, que lleva a que hoy el ajedrez se juegue en todo el mundo, a que el ajedrez no se olvide a lo largo de tantos siglos, que lleva a que el ajedrez cree obras de arte, que recarga en último lugar las reservas humanas de valores culturales.
Yo soy partidario de ese ajedrez, y me parece que los jóvenes que consagren su vida al ajedrez, deben ver en primer lugar su parte creativa, y quiero que el ajedrez sea para ellos una acción creadora, que no sólo al mismo ajedrecista, sino también a los millones de aficionados les cause un inexplicable placer y satisfacción estéticos.
Y en lo que concierne a la victoria, esta condición debe ser indispensable.”