30 ago. 2010

El Reloj, factor fundamental en ajedrez y la Internet.

Ya grandes pensadores estratégicos como Napoleón Bonaparte, el Duque de Wellington, Xenofonte, Clausewitz y el Mariscal Frunze, afirmaban que uno son sus hábitos. Es en nuestros hábitos donde más hay que trabajar y los que posibilitarán que se alcance la excelencia en ajedrez.
Recientemente, a petición de su padre, estuve examinando el porque un jugador del que se esperaba mucho cuando lo entrenaba en la época en que yo era entrenador en jefe del centro de ajedrez del D.F., allá por 2004, 2005 y 2006; se había estancado en los años posteriores entre finales de 2006 hasta la segunda mitad de 2010. Por supuesto que la explicación no era que dejé de entrenarlo, ya que siguió estudiando y preparándose, pero su avance fue mínimo a pesar de que teniendo unos 14 años en 2006, la etapa entre esa edad y los 19 años es cuando más avances tiene un ajedrecista en lo general.
Talento tenía, y yo esperaba que si seguía la tendencia que se observaba a los 14 años, ya para los 19 años tendría más de 2300 de rating. Disciplina en el trabajo, vocación para el estudio, apoyo paterno, salud; todo lo tiene. ¿Qué pasó?
Descubrí que tiene pasión por jugar partidas blitz por Internet. Eso ha ocasionado que sus hábitos de análisis están mal formados, pues si bien juega unas 40 partidas de torneos “serios” al año, de más de hora y media por bando por partida, entre los torneos de media hora por jugador y las partidas de blitz en Internet, juega unas 400 partidas “no muy serias”. Entonces las 400 partidas le crean hábitos diez veces más fuertes que las partidas serias.
Ya analizando las partidas de torneo se observa claramente la superficialidad en sus análisis y en su visión estratégica, si bien en la táctica su desempeño es medio, también se ven deficiencias en ese aspecto. Y en lo que respecta a su carácter, a su actitud ante las partidas de competencias serias, la cosa esta grave.
La solución requerirá un esfuerzo profundo para sustituir hábitos malos por buenos y para ello habrá que cambiar radicalmente todas sus actividades ajedrecísticas.
La Internet brinda unas posibilidades enormemente benéficas para los ajedrecistas, pero también coloca algunas celadas. Si uno la toma como diversión, un ajedrecista prometedor puede hipotecar su futuro.
El uso del reloj, de ocupar adecuadamente el tiempo que tenemos para la reflexión en una partida de torneo, es tan importante como conocer una apertura y no podemos permitir inculcarnos un hábito nocivo de jugar rápido, como los que se desarrollan jugando partidas rápidas “on line”