1 ago. 2010

Non Omnis Moriar


Hace unos 36 años, en la transición de 1973 a 1974, platicaba en el Estudio de Rossolimo, en Brooklyn, antes de que se moviera a Greenwich Village en pleno Manhattan, en Nueva York; con el Gran Maestro ucraniano, nacido en Kiev de padre griego y madre ucraniana, Nicolas Rossolimo, que emigrara a Francia en 1929 a los 19 años y luego a los Estados Unidos en 1953. Le había mostrado una partida que días antes le ganase al legendario Asa Hoffman, y él me había enseñado una decena de partidas de él con similar tema combinativo al que aplique con el maestro Asa. Me llamaba la atención que no hubiese escrito varios libros con el rico material de sus partidas, que por decenas estaban presentes en las antologías más variadas de partidas tácticas. “No se me facilita la redacción y me temo que mi larga carrera, en unos años será desconocida e ignorada por la mayoría de los jugadores” A los 63 años, sonaba pesimista esta afirmación, máxime que seguía jugando torneos y estaba acostumbrado a la dura lucha por la vida, en que había sido bell boy en un hotel al llegar a Estados Unidos, y luego taxista a medio tiempo, mientras posicionaba su Estudio con clases de ajedrez (que por cierto cobraba muy baratas), pero logró que uno de sus hijos se doctorara nada menos que en Harvard. Don Nicolas hablaba perfectamente español, ruso, francés, alemán y por supuesto inglés, además de que podía entender libros de cualquier idioma, incluyendo el holandés. Non Omnis Moriar, escribía en honor de Rossolimo uno de sus amigos en su obituario tras fallecer Rossolimo el 21 de julio de 1975, hace 35 años. Lo encontraron inconsciente en una escalera peatonal en Greenwich Village, no se supo si golpeado en una caída accidental o durante un asalto. No muere totalmente, pues sus obras lo harán sobrevivir. Pero como nos hubiéramos favorecido todos si hubiera sido un escritor prolífico. Dejó un disco grabado con canciones rusas cantadas con su privilegiada voz de barítono. Muchos recuerdos en sus amigos y en todos quienes lo conocimos, pero pasados apenas 35 años, es de suponer que muchos ya se fueron y dejaron poco testimonio de lo que expresaba. Sólo seis sesiones de dos horas estudie con él, tomando muchas notas, si, pero desgraciadamente no tuve una grabadora en la mano y mi testimonio es así muy pobre. Durante casi quince años, de 1940 a 1953 se le consideró el mejor jugador de Francia después de Tartakover, y de 1953 a 1975 fue uno de la docena escogida de grandes maestros que vivían en los Estados Unidos, antes de la “invasión” rusa. Cinco olimpíadas jugó, tres representando a Estados Unidos y dos a Francia; pero poco hay escrito de él en las revistas francés asequibles en Internet y en los Chess Life de 1975, y algunos Chess Review de 1954 a 1967 aparecen los pequeños datos obtenibles sobre de él.
Es una fortuna para muchos que vivimos plenamente en la era del Internet el poder escribir y de alguna manera trascender. Non Omnis Moriar se vuelve de alguna manera real, incluso para los mediocres escritores, algo que a personajes de excelencia en la historia del ajedrez no les fue dado y con ello todos perdimos un mucho.
Por eso no dejo de recalcarle a los viejos ajedrecistas, sobre todo a los ya muy viejos, que escriban en Internet para que dejen su legado. Como decía un columnista cubano de nostalgias en el Miami Herald: “Usted es viejo, pero viejo de verdad”, si jugó con Sidney Bernstein, platicó con Rossolimo, jugó blitz con Najdorf, se enfrentó en una Olimpíada a Gereben y a Heidenfeld, viejos lobos de mar que jugaron con personalidades como Capablanca, Alekhine. Nacidos muchos antes del siglo XX. Tomarse una foto con Samisch, con Edward Lasker solo lo pudo uno hacer si uno “es viejo, pero viejo de verdad”. Por eso hay que escribir, dejar testimonio. Non Omnis Moriar.
Rossolimo, como comentaba hace unos meses, cumple un siglo de nacido y ya 35 años de muerto, pero debe vivir en el recuerdo de los jugadores jóvenes, no sólo por la belleza de sus partidas, sino por lo instructivas que son y lo mucho que pueden enseñarles. Al menos muchos recuerdan su nombre por la variante de la Siciliana, pero de diez alumnos interrogados, sólo dos sabían que era un maestro francés nacido en Kiev y habían visto alguna partida. Bueno, hay muchos que piensan que Scheveningen es el nombre de un jugador y ni yo me acuerdo bien de la ortografía de esta playa, de la que tengo una postal de una vez que la visité. Para muchos Lido está en París y Capri es un hotel en La Habana. Pero hay historia de torneos en la Venecia del Hotel Excelsior y de tradicionales torneos en aquella pequeña isla italiana donde el gran Tiberio tenía su museo particular escatológico o crapuloso, como quieran decirle.
Por lo pronto, no me queda sino agradecer a los muy amables lectores por los emails en que expresan que aguantan tanto como los blogs y me solicitan escriba más a menudo. En realidad nunca había recibido más de tres felicitaciones en una misma semana y ahora la última de julio fue un verdadero record con más de una docena. Algunas frases de ánimo como la del buen amigo de Extremadura, francamente me levantaron el espíritu, un poco decaído por la muerte de varios amigos, del ajedrez y fuera de el, que tuvieron muertes prematuras a causa de la violencia, accidental o deliberada, como la del MI Krnic y la de 7 mucho más jóvenes que yo que fueron incluso alumnos míos fuera del ajedrez y que me consternó terriblemente por lo irracional de la manera en que murieron, aunque no puede ser nunca racional la violencia armada. Ya sea Chechenia, Iraq o San Luis Potosí, o Belgrado, eso de salir por la mañana y sencillamente desvanecerse, en la flor de la vida; es algo que mueve a desesperarse. Tener que ver en un mapa donde fue cada hecho y ver que en lugares tan distantes uno de otro, personas relativamente relacionadas entre si, a través mío, desaparecen de manera similar, me tenían pensando en la vida y la muerte.
Por eso retorné a los recuerdos de Don Nicolás, tan apasionado en la vida y que lo notaba un poco molesto por no tener facilidades para escribir y publicar un libro para que sus hijos y nietos tuvieran un testimonio más amplio que los relatos familiares. Le decía que sus partidas eran conocidas en todo el mundo y publicadas en libros en varios idiomas. Pero insistía: “ me gustaría transmitir mi versión, no las de otros”. Estaba orgulloso de artículos publicados en Francia, pero le hubiera gustado tener un blog seguramente.
El Facebook para mi no funciona, pues si para algunos juntar 500 amigos es fácil, sería terrible romper el record de “enemigos” como sale en una revista española que se llama “El Jueves” que leo, por supuesto en PDF, tras bajarla de una cueva de “piratas”.