27 mar. 2015

Muchas cosas aporta el ajedrez, pero la más importante es la Resiliencia.




De las capacidades más valiosas para la vida del siglo XXI quizás la más importante sea la resiliencia y es ahí donde el ajedrez nos brinda un entrenamiento formidable.
¿Qué es la resiliencia? La resiliencia es una capacidad que nos permite afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas y salir fortalecidos de ellas.
La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades.
 De esta manera, si llegamos a ser  personas resilientes no solo seremos capaces de sobreponernos a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que podremos ir un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.
En el ajedrez continuamente afrontamos la derrota y nos observamos cometiendo errores, pero aprendemos a emprender la siguiente partida tratando de aprovechar al máximo lo que aprendimos en nuestra última derrota.
Una partida tras otra, un torneo tras otro, tratamos de vencer nuestras debilidades e intentar mejorar nuestro resultado anterior. Nos entrenamos en resiliencia.
Para una persona resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Para un ajedrecista, cada torneo es una oportunidad y no solo no nos rehusamos a probarnos de nuevo, sino buscamos hacerlo, vamos tras la experiencia dura, tras la prueba nueva en que tal vez suframos una decepción, pero vamos con la esperanza de poder sacar de nosotros mismos nuestra mejor versión. Nos enfrentamos a las dificultades conscientes de que después de la tormenta llega la calma.
El ajedrez nos enseña que ante la adversidad solo conservando el buen humor podremos ir ante el nuevo desafío. Aprendemos, tras unos cuantos torneos, a afrontar la vida con una sonrisa en los labios.
Dicen que el ajedrez es altamente instructivo por ser altamente frustrante y que el volver a emprender una partida o un campeonato, requerimos de mantener la motivación y aceptar ponernos a prueba de nuevo.
A veces me preguntan porque sigo compitiendo y no me dedico solo a enseñar ajedrez, la razón es que para comprender a los alumnos necesito mantener vivo en mi la resiliencia. La vida es dura y pareciera que más dura es para las personas conforme avanza la edad y las derrotas de toda la vida parecen juntarse para morderle a uno el alma. Los recuerdos de las victorias parecen a veces más lejanas que los recuerdos de las derrotas.
Lo fácil pareciera descansar en los laureles y vivir de las glorias pasadas, pero tantos años de torneos, de luchas en muy diversos campos, de ver guerras cara a cara y ver la muerte y la vida de muy cerca, me han hecho resiliente. Creo que es lo mejor que me ha dado el ajedrez.
Cuando se reflexiona sobre lo más valioso que puede aportar el ajedrez a un ser humano, habría que considerar seriamente que es la resiliencia.