27 mar. 2015

Zugzwang permanente. El caso Enrique Guerrero Aviña




Enrique Guerrero Aviña escribía esto en prisión:
“ZUGZWANG:

La palabreja zugzwang se usa en ajedrez para expresar que todas las posibles jugadas de un bando son pésimas, las infinitas opciones que encierran sesentaicuatro casillas no alcanzan para evitar el desastre, el jugador cae en cuenta de si y sus circunstancias, gustoso se quedaría quietecito, pero el tiempo es inexorable, la vida anda cabe con contra nosotros, todos.  Cada abrir y cerrar los ojos es duro lo que vemos, nuestro país en un lienzo necromático, el manirroto dolor repiqueteatea a diestra, a siniestra, el alcance de la injusticia, panuestro de cada día, supera nuestra equidermis, ¿Acaso estamos en zugzwang? quizás ¿qué versos o caricias yacen al costado de nuestro dolor? estamos tal vez en zugzwang y volvemos a preguntarnos ¿cómo llegamos hasta aquí?  ¿qué hacer? y sobre todo ¿cómo hacerlo?, no lo sé pero sospecho que cuando todas las jugadas posibles son pésimas nos quedan aún las jugadas imposibles, las que nunca ganen la partida, las tangentes del círculo.”

Hasta aquí nos comunica sus percepciones Enrique. Sabemos que si en algo ha fallado el Estado es en la procuración de Justicia. Alguna vez un compañero de celda me decía que los únicos que caíamos en la cárcel éramos los pobres o los tontos, no los culpables. A veces es cosa de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado y pareciera que son lecciones de vida, pero los maestros muchas veces son los inadecuados.
Historias como las que se cuenta en “Amistad” donde la voluntad de los hombres se alza contra las injusticias y logra la libertad parecen cuentos fantásticos cuando uno se encuentra en un sistema que trata de anular individualidades y pretender domar al ser humano con el pretexto de reeducarlo.
De Enrique es difícil saber hasta qué grado ha sido víctima de la injusticia, lo que sí es notorio es que uno no puede quedarse callado cuando se observa la ligereza y no se ven los argumentos tan irrebatibles como diría Jorge Fernandez Meneses, y sería bastante sencillo señalarle algunos puntos débiles al proceso.
Podría yo alegar que tengo amplia experiencia en cómo se administra justicia sin algo más que pruebas circunstanciales, o lo dudosas que a veces parecen las pruebas periciales si las observa con detalle, pero creo que cada mexicano que ha estado cerca del derecho y la justicia sabe que no son necesariamente sinónimos.
También podría decir que informantes de alta confiabilidad, ajedrecistas extranjeros que trabajan en la comunidad de inteligencia dan orientación que en el caso de Enrique hay cosas muy fuera de lógica.
Pero el caso es que quisiera solo por el momento, aunque no pretendo quedarme allí, de ninguna manera, hacer reflexionar un poco a los compañeros ajedrecistas sobre nuestro colega Enrique Guerrero Aviña y no lo olvidemos, como no podemos olvidar a muchos maltratados por este ambiente de justicia de alta duda en que nos estamos acostumbrando, en una familiaridad acrítica, a vivir. Si no recordamos a nuestro colega y a muchos como él que pueden ser víctimas de alguna injusticia, si no conservamos nuestra duda, nuestro pensamiento crítico, nuestra sociedad muere un poco más.