13 may. 2015

El ajedrez y la importancia de la revisión física.




En una entrevista a Capablanca, uno puede notar algunas cosas muy instructivas, por lo que decidí publicarla de nuevo, pues muchos me han comentado no conocerla.

“En el torneo Avro jugué en condiciones físicas absolutamente anormales. Aunque no estoy al tanto de la bibliografía ajedrecística, plantee bien todas mis partidas por la sencilla razón de que tengo criterio. Pero transcurridas las tres primeras horas de juego, sentía mi cabeza hecha un bombo. Me era imposible reflexionar ni coordinar ideas. A Fine Ie tuve las dos partidas ganadas; a Alekhine Ie debí ganar una partida; a Keres, otra, merced a una posición ventajosa que elaboré  a conciencia, y as! por el estilo. Pero en el momento de transformar mi ventaja en triunfo percibía que mi cabeza no marchaba y ya no seguía jugando con el cerebro sino con las manos. A pesar del frio cortante que partía el noviembre holandés. yo hundia mi cabeza congestionada en agua helada para despejarme, bien que sin resultado.
... Así, jugando como un autómata después de la tercera hora, dispute el torneo de AVRO. Son explicables, pues, cuantas veces omití ganar en el mismo.
Borrado como con una esponja
"Si esta impotencia intelectual hubiera derivado de una falla cerebral, me habría retirado del tablero. Capablanca hubiera dicho adiós al juego del que fue campeón y cuyo cetro aspira a reconquistar. Pero el cerebro, por fortuna, anda todavía bien. Mis ausencias mentales se debieron a una muy alta tensión arterial y a desordenes circulatorios conexos que no empanaban la claridad de juicio. Es curioso que empezase a advertir esos desordenes precisamente en 1936, año en que mis actuaciones fueron superiores a las de los demás maestros. En ese año gane el tomeo de Moscow delante de Botwinnik, Flohr, Ragosin, Lasker, etc, un mes después compartí el primer puesto  del de Nottingham con Botwinnik aventajando a Euwe, Reshew:sky, Fine, Alekhine, Flohr, Lasker. .. Y, sin embargo, a pesar de los éxitos citados, yo me sentía flojo. Al suspender mi última partida de Nottingham contra Bogoljubow-que necesitaba ganar para desprenderme de Botwinnik y ocupar solo el primer puesto-la analice un rato y llegue a la conclusión de que, salvo que mi adversario hubiera sellado bajo sobre determinada jugada, en cuyo caso la partida seria tablas, en todos los demás yo debía ganar. Al reanudarse la lucha. se abre el Sobre de Bogoljubow. Este no había sellado la jugada precisa, la única que hacia tablas, sino otra. Pero yo me olvido de todos mis análisis que había practicado momentos antes, absolutamente de todos, como si una esponja hubiera absorbido mis ideas, y convencido-todavía no me explico porque-de que la partida era tablas de cualquier manera, maniobre apagadamente para tablas en una posición ganada.
No estuvieron acertados los primeros médicos a quienes consulte acerca de estos claros que bruscamente se produzcan en mi cerebro, pero ahora facultativos más felices ya han Iocalizado la causa: la tensión arterial. Me han sometido a un regimen de Ieche, frutas y verduras, que ha bajado moderadamente esa tensión y digo "moderadamente" porque a las arterias sometidas a una determinada presión no se Ies puede disminuir de golpe esa presión sin que el remedio sea· peor que la enfermedad .
Me siento capaz de luchar y vencer.
Ahora. con una tensión mas baja. me siento físicamente mucho mejor. No soy el Capablanca de 1918 (a los treinta años de edad que ya. se fueron). en mi concepto aun mas lucidos y eficaz  sobre el tablero que el Capablanca de 1921. que gano el campeonato del mundo; pero advierto que mi cerebro funciona con muy aceptable regularidad.
Poseedor de esa regularidad relativa y de mi certero juicio ajedrecístico de siempre. me siento capaz de luchar contra ajedrecistas jóvenes, que todavía no han llegado a. Ia perfección de razonamiento que nos caracterizan a Lasker y a mí, y de vencerlos. Prueba de ella es mi actuación en el turno final del Torneo de las Naciones  en el que sin distinción de nombres, jugué mejor que cualquiera otro. No estuve perdido en ninguna partida y si bien deje de forzar algunas porque ningún interés personal justificaba un largo esfuerzo. gane en cambio otras en forma muy discreta".
(Artículo publicado en la revista deportiva "El Gráfico" de Buenos Aires. 1939).