23 may. 2015

Los campeones mundiales de ajedrez Fischer y Kasparov, y el fracking en ajedrez.





Se admiran las partidas, las creaciones de los grandes jugadores, pero muy a menudo es importante separarlas de su manera de ser personal.
Las grandes obras es necesario separarlas de los creadores, pues son seres humanos que si queremos equipararlos a sus producciones que admiramos, nos pueden decepcionar.
Por lo general conocemos primero las partidas de un gran maestro que al gran maestro mismo como persona. Tiende uno a pensar que si la partida es brillante y demuestra gran ingenio, la persona que la jugó debe ser brillante e ingenioso.
El error de muchos ajedrecistas es pensar que si somos buenos jugando ajedrez, seremos lo suficiente inteligentes para ser buenos haciendo otras cosas. A menudo se me olvida que el tener entrenamiento para desempeñar bien una tarea específica no significa que desempeñaré otras tareas a un nivel satisfactorio.
Fischer era un ser humano integro con sus ideas, de gran generosidad pero de una formación muy peculiar, que provocó que tuviera acciones que confundían a quienes lo rodeaban y querían ver que una persona de tan gran inteligencia la demostrase en todos los campos.
Pero uno como ser humano tiene una serie de defectos que pueden ser de la magnitud de nuestras virtudes, entonces la labor debe ser enfocada a disminuir nuestros defectos y aumentar las virtudes, pero a menudo pasa que logro lo contrario.
Fischer y Kasparov atrajeron la atención de aquellos que gustan de medirlo todo y parece que el hecho de que destacaran en ajedrez estimulaba a que quisieran medir su capacidad intelectual, derivando en que les adjudicaran una calificación muy elevada.
A primera vista y en contacto superficial, en lo personal me pareció Fischer excepcionalmente inteligente y Kasparov no tanto, pero con una elocuencia muy superior a su predecesor norteamericano. Como orador y escritor, Kasparov supera ampliamente a Fischer, pero no transpira ni la mitad del nivel humano y de honestidad.
En su discurso que dio al recibir su doctorado, uno no puede sino admirar las ideas que expresa, y más la forma que las expresa, forma y fondo a gran nivel, pero el simple hecho de cómo, quien y porque le dieron ese doctorado, y sobre todo el cuando y para que, hace sospechoso hasta el mismo discurso de aceptación.
Sus palabras seducen, pero los hechos no, además ya carga con una serie de conductas en que parece que su divisa es que el fin justifica los medios y parece que el fin es aun más terrible que los medios que utiliza.
Kasparov dice promover el ajedrez, pero un ajedrez estilo fracking, que inyecta cosas que pudieran afectar al individuo dizque para sacar lo máximo de él. En lugar de promover los métodos con los que él fue entrenado y guiado para ser el gran ajedrecista que fue y es, los que sus entrenadores soviéticos le inculcaron, acepta que se utilicen los métodos de fracking de  enseñanza del ajedrez que pueden ser dañinos para la formación de su personalidad.
¿Cómo es eso? Los valores pedagógicos que se atribuyen al ajedrez existen solamente si el ajedrez se emplea adecuadamente. Si hacen que la toma de decisiones sea razonada siguiendo una metodología, puede ser excelente entrenamiento que se puede transferir a otras disciplinas, pero en si mismo el ajedrez no tiene valor, lo tiene si le sirve al ser humano para mejorarse. Si en cambio se le utiliza como un medio de que se ocupe la mente sin fomentar el pensamiento crítico, sino que se fomente el pensamiento de aceptación, puede ser muy dañino. Si no se duda no se piensa. Si jugamos el ajedrez de dudas, de cuestionamiento, de crítica, entonces jugamos el ajedrez de valor pedagógico, pero si jugamos el ajedrez de aceptación, el de seguir guías y reglas predeterminadas para  tomar decisiones sin crítica, jugamos el ajedrez del silencio de los corderos, el de manada, el de aquel obrero estilo Taylor que ponen en una banda de producción continua y juega como maquina.
De Fischer molestaba su continua confrontación, el que todo el tiempo que uno pasaba junto a él se sentía que lo ponía uno a prueba. Preguntaba, media las respuestas y formulaba una nueva que hacía que la anterior respuesta pareciera errónea, pero se sentía desarmado cuando la respuesta era como una pregunta mezclada con una respuesta. No aceptaba que le contestaran una pregunta con otra, pero le encantaba la respuesta que contenía a la vez una pregunta. Le llamaba respuestas escalón.
En cambio Kasparov no pregunta, hace una declaración y espera que sea la última palabra, pues la emitió él, que se considera superior en capacidad de razonamiento y trata de imponer, con argumentos que considera irrebatibles. No hay pensamiento crítico, la duda solo es permisible para él.
Entonces hay un método, el de él, no importa que los que usaron con Kasparov hayan demostrado su eficacia produciendo a Kasparov. Es la negación de su origen. Y el que ataca su propio nido, heredará el viento…
La producción desmesurada y descuidada de tanto instructor de ajedrez para cubrir una esperada demanda, parece una necesidad, pero hace muy aleatorio el futuro del escolar, pues serán guiados en momentos claves de su desarrollo de manera incierta. Pueden tener suerte y estar cerca de un gran instructor, o pueden caer en las manos de uno que perjudicará su desarrollo.
Actualmente se considera que el nivel de preparación de los médicos es mas baja que en décadas anteriores y que esto es producto de un fast track para producir más médicos aunque se disminuya la calidad. El riesgo de caer entonces con un mal preparado facultativo aumenta y así mismo han crecido las demandas por negligencia médica que se ventilan en juicios.
¿Pero a quien recurrir por negligencia de un instructor de ajedrez? ¿A quien culpar porque se certifiquen a instructores mal preparados? Ya estamos sufriendo los jugadores con la mala preparación general de árbitros.
Muchos con título de arbitro internacional no cumplen con el requisito de poder comunicarse en dos idiomas oficiales de la FIDE aparte del propio.
La gran mayoría no pasan un examen de conocimiento de tres idiomas (los que hablan castellano como idioma propio, o sea los mexicanos por ejemplo). Pero el riesgo de tener un arbitro muy mal preparado es relativo y no causa más que problemas temporales, pero el de un instructor mal preparado puede marcar de por vida a un aficionado al ajedrez.
El sacar ajedrecistas como con “fracking” es un peligro y puede ser un daño severo a la salud social.
Pero no me hagan caso, como canta Ibañez, tengo mala reputación porque no aplaudo lo que los dirigentes dicen. No mantengo el silencio del rebaño…