8 abr. 2009

Hoy me invade una gran tristeza.


Dicen que un blog es como un diario personal. Quisiera manifestar mi enorme dolor, por la muerte de Gerardo Raúl Ocampo a los 19 años. Casi no lo conocía, lo confieso, quizás por ello es más grande la pena. En estos días pensaba escribir sobre el cincuenta aniversario luctuoso, el 9 de abril, de Francisco Raúl Vargas, organizador, escritor, federativo del ajedrez mexicano y pieza fundamental de la historia del ajedrez de mi país. Los tres Raúles somos parte de seis generaciones de Raúles, que van desde un bisabuelo hasta un nieto, al primer mencionado le toca la segunda generación, a mi me toca estar en la cuarta generación y Gerardo Raúl en la quinta, pronto cumplirá un año, el Raúl de la sexta generación, mi nieto, y 82 años, la tercera generación.
Hoy que tanto quería escribir, salieron estas líneas, casi sin pudor, pero inevitables. Ya lo dijo el apóstol, sobre la Fe y la Esperanza está el amor, y sólo con la seguridad del amor de Dios y con el nuestro hacia él, podemos enfrentar lo que no podemos entender.
El dolor de su madre, Lourdes, se que debe ser terrible, prácticamente inconsolable, y necesita más amor que nunca. Confío en el apoyo de los dos Guillermos que están a su lado, pues aunque siento la necesidad de manifestar la angustia que tengo dentro, no acierto, en la torpeza de mi mente, más que expresar mi amor a los tres y asegurarles a través de la enorme distancia física que nos separa, que espiritualmente estamos juntos.
A los lectores mis disculpas primero y la petición de una pequeña oración. Dios, ten misericordia de nosotros.