13 abr. 2009

Resurrección.

El gran filosofo de la cultura rusa, Conde Lev Tolstoi, noble por su propia forma de ser; nos legó con una obra maestra en que profundiza sobre la situación del ser humano de morir en cierta forma varias veces en la vida para renacer de cenizas.
En estos días en que se celebró el dogma fundamental esencial y más eminente, además del más complicado de comprender, la Resurrección; no deja uno de pensar, sin pretensiones de exégeta, que continuamente tenemos que ser una Ave Fénix y reconstruirnos, reinventarnos. Si cada cierto tiempo hasta las víboras cambian de piel, si algunos textos médicos nos dicen que tras un período de años renovamos también piel y sangre, tenemos que aceptar que la vida tiene ciclos y que debemos renovarnos.
Aun recuerdo, de otra novela de Tolstoi, “La Guerra y la Paz” cuando un príncipe, que se sentía muerto durante la batalla de Austerlitz, veía a un árbol antes decrepito, renacer con la primavera.
O a Antonio Machado que contaba que un olmo seco, partido por el rayo, y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo una hoja verde le ha salido, agregando que él esperaba renacer como otro milagro de la primavera.
¿Cuántas veces los ajedrecistas pensamos que hay que renovarnos, cambiar nuestras actitudes, nuestro “repertorio”, para dejar atrás las más recientes derrotas? Eso es algo más de lo valioso que nos enseña el ajedrez. Cada partida es como una nueva vida, donde salimos de la caja para estar jóvenes de nuevo, con bríos renovados. Un próximo torneo vendrá y el nuevo será siempre el mejor.
Pero Machado nos recuerda, “el vano ayer engendrará un mañana huero y por fortuna, pasajero”
Renazcamos, si, pero sin olvidar el pasado, aprovechando la fortuna de la derrota que es enseñar. Analicemos las partidas y tomemos de ellas lo mejor para ir adelante, buscando medallas futuras sin contar las que ya penden de nuestros pechos.
Las partidas pasadas son como los antepasados, “los polvos de antaño traen los lodos de hogaño” sentencia Machado, pero el lodo puede ser muy fértil.