14 oct. 2010

Cuando un jugador pierde un entrenador de ajedrez.



De la Argentina se me planteaba una cuestión sobre jugadores que se separaban de un entrenador pensando que ya podían avanzar sin él, pero luego se arrepentían pues sus progresos dejaban de tener el ritmo que solían tener y no sabían como comunicarse de nuevo con su entrenador para retomar el camino.
Cuando a mi email llegó la cuestión estaba yo terminando de leer un libro sobre la carrera ajedrecística de Spassky, y por comenzar otro sobre el mismo tema. Debido a la mala salud del excampeón mundial Boris Vasilievich Spassky, como que se ha puesto de moda el escanear libros de Spassky y subirlos a la red, así como pasarlos a formato de Chess Base. Así han aparecido recientemente los libros que sobre Spassky escribieron los GMs Bondarevsky, Soltis y algunas notas de Tolush sobre sus experiencias como entrenador con Spassky.
Muchas veces he pensado y afirmado que el GM Alexandr Tolush fue muy importante para Spassky, y así pensaba Botvinnik que apuntó en varias ocasiones que la mano, a veces excesivamente severa, de Tolush era lo que había hecho de Spassky un campeón y que su separación fue la causa de que Spassky interrumpiera su ascenso. Otros, quizás más inclinados a pensar que en la infancia las influencias son más importantes que en la pubertad, dan más importancia a la influencia del entrenador Vladimir Zak, a quienes todos sus pupilos amaban, incluyendo Korchnoi. Spassky y Korchnoi ambos alumnos de Zak, muchas veces se unieron para homenajearlo.
El caso es que en esas “riflexiones” andaba yo, cuando vi el email. ¿Por qué es importante un entrenador? ¿Cómo debe ser realizada la separación entre entrenador y pupilo? ¿Cómo pasar de un entrenador de un nivel a un entrenador de otro nivel?
Primero que nada me salta la idea de que la principal misión de un entrenador es hacer de su pupilo una persona independiente. Que en el momento de iniciarse como su entrenador esta implícito que hay que prepararlo para dejar de ser su entrenador.
Profesor, maestro, entrenador, coach; ¿Cuál es la terminología correcta? Por lo pronto no hay que casarse con las palabras, pero a mi me gusta ahora más la de coach, mañana, Dios dirá…
Entrenamiento, estudiar, práctica deliberada, etc., son términos también de gran flexibilidad. Aunque provengo de escuelas rígidas aparentemente, siempre me he inspirado por escritores como Jean Gitton y su maestro Pugot; así como me han cautivado las ideas y descubrimientos de Jacobo Bronowski y Max Planck. La realidad depende del observador y creo en la filosofía del designio como única posible explicación a diseños tan complicados como el flagelo bacterial, maquina biológica minúscula que no puedo creer haya sido creada aleatoriamente.
Pero aterrizando el asunto al ajedrez, ¿Por qué un coach y no simplemente estudiar los excelentes libros que han escrito los maravillosos coach de ajedrez de la historia? Y remarcó “maravillosos”, recordando al pueblo de Maravillas de Noveras, lugar mítico en que todos ahí son “maravillosos”.
Se nos dice que Los grandes ejemplos de logro en la historia un Napoleón, un Da Vinci, un Mozart siempre se han gestionado a sí mismos. Eso, en gran medida, es lo que los hace grandes ejemplos de logro. Y que son raras excepciones, tan inusuales en sus talentos y realizaciones que se consideran fuera de los límites de la existencia humana corriente. Nos afirman que hoy la mayoría de nosotros, incluso los menos dotados, tendremos que aprender a gestionarnos a nosotros mismos.
Si y no. Detrás de Napoleón, Da Vinci y Mozart, sobre todo, había coaches. No aprendieron solos, si no que hubo siempre un personaje catalizador que los sacó de su “zona próxima” y los “jaló” a esos grandes logros.
Algunos querrán ver en un mítico Ashaverus, de dos mil años de experiencia al maestro del creador de “La pasión” Michelangelo Buonarrotti y posteriormente al de Rubens y Picasso. A propósito pocos mencionan a Alejando el Magno porque es bastante conocido que tenia de tutor a un grande como Aristóteles, aunque grandes pensadores como Séneca y Cicerón fueron victimas de sus pupilos.
“La mayoría de las personas cree saber en qué son buenas. Por lo general se equivocan. Con mayor frecuencia, saben en qué no son buenas, y aun así son más las que se equivocan que las que aciertan.” Afirman, remarcando que: “Necesitamos conocer nuestras fortalezas para saber cuál es nuestro sitio. La única manera de descubrir sus fortalezas es mediante el análisis de feedback.”
Ese comprobar, prueba y error y analizar, es una función que mucho se atribuye a un coach o a un entrenador. Otra es escoger que estudiar.
Muchas veces he estudiado que en todas partes las escuelas están organizadas bajo el supuesto de que existe sólo una manera correcta de aprender y que es la misma para todos.
Pero ser obligados a aprender a la manera del colegio es el mismo infierno para los estudiantes que aprenden de otra forma. De hecho, algunos escritores afirman que probablemente exista media docena de maneras de aprender. Por mi experiencia, me atrevería a afirmar que casi dos docenas.
Hay personas, comentan, como Churchill, que aprenden escribiendo. Algunas aprenden tomando infinidad de notas. Beethoven, por ejemplo, dejó una enorme cantidad de cuadernos de anotaciones, aunque decía que nunca los miraba realmente cuando componía. Consultado acerca de por qué los guardaba, se dice que habría replicado: “Si no lo escribo inmediatamente, lo olvido en un instante. Si lo pongo en un cuaderno, nunca lo olvido y no tengo que volver a mirarlo”. Algunas personas aprenden haciendo. Otras aprenden, aunque parezca extraño, escuchándose a sí mismas hablar. Por eso al enseñar, al dar una clase, aprendemos. Nos escuchamos a nosotros mismos.
El caso es que para conocerse a si mismo, mucho ayuda un coach. Para seleccionar que estudiar, mucho ayuda un coach. Es una manera de aprovechar experiencias ajenas y años de conocimiento acumulado que queda así a nuestra disposición en una consulta, o en una lectura selecta.
Cuando yo era entrenador en un sitio público en donde los pupilos eran becados y no tenían que pagar ellos por mis servicios, sino mi salario era “solucionado” por el Estado, veía yo dos facetas, una buena y una mala. La buena es que no sería motivo el dinero de que un muchacho talentoso contase o no con el apoyo de un entrenador. La mala es que muchas veces no apreciaban la diferencia entre contar o no contar conmigo. Con el tiempo la gran mayoría iban, con los años, comprendiendo y apreciando lo que habían tenido de apoyo. Durante mi etapa en las aulas universitarias no tuve nunca el problema de que sintiera que no fuesen apreciados mis esfuerzos por mis alumnos. Pero luego, muchos años después, tuve la experiencia de trabajar en otro lugar público con niños muy jóvenes y con padres que sentían que era obligación del gobierno el apoyar el talento. Y ahí la experiencia fue variopinta. Hubo quienes valoraron mucho el apoyo que les daba y el resto lo apreciaron cuando ya no contaron con él. Ahora tengo la convicción que para que se aprecie el servicio de coaching al pupilo le tiene que costar algo personalmente, aunque sea un pago simbólico, y no debe ser confundido con paternalismo oficial.
Claro que como persona mayor uno debe tener cierta comprensión por algunas imprudencias juveniles y no ser tan celoso de la disciplina con los niños. Es importante, pero también es importante anteponer el amor a la persona y a la vocación a cualquier norma disciplinaria.
En todos los artículos y entrevistas de Spassky que he leído, denotó una gran nostalgia y un auténtico arrepentimiento de haberse separado de Tolush, pero cuando le pregunte directamente a Spassky porque no había regresado con él, para que siguiera siendo su entrenador, me contesto: “Di el primer paso y no me contestó la jugada”. Era claro que una personalidad como el GM Alexandr Tolush, viejo coronel fogueado en lo más duro de la Segunda Guerra Mundial, que vio caer a muchos de sus subordinados, la mayoría entrenados por él, en las zanjas y aeródromos durante el sitio de Leningrado, tenía una rigidez en que la condescendencia no tenía lugar y de alguna manera se sentía ofendido.
Spassky entonces trabajo con el GM Igor Bondarevsky, más de carácter de abuelo que de padre, mucho menos severo y que le dio paz a un espíritu tranquilo como el de Spassky. Ya la propia naturaleza, con la muerte prematura de Tolush impidió una marcha atrás o el contar con él en la esquina de Boris Vasilievich cuando se enfrentase a Fischer.
La mano firme que necesitaba Spassky no la tuvo a tiempo, y por eso su reinado solo fue de tres años cuando su talento debió rendirle un período más largo.
En los tiempos actuales, a nivel de super grandes maestros ya no se le da al entrenador la importancia de antes. Puede ser que para esos niveles no la tenga tanto. A veces parece que más bien necesitan un manager, como lo fue Danailov como Topalov, y no un “Pepe Grillo” como lo era Koblentz con Tahl. Ya es mas usual también un equipo de trabajo y entonces las funciones de entrenador las cubren seis o siete personas distintas. O como en el caso de las Polgar, emplear más un grupo de sparrings que de entrenadores.
Pero para jugadores “mortales”, el entrenador o instructor cobra más vigencia, sobre todo ahora que por la gran cantidad de información hace falta el “asesor bibliotecario” como Karpov descubrió a finales de los ochenta y que lo consideró la pieza fundamental del equipo. En las instituciones de educación superior el papel del diseñador curricular, el que selecciona que hay que estudiar para cumplir el perfil del profesional que se busca, ha sido considerado cada vez más importante. “El todologo” que menciona José Vasconcelos, en su acepción más elogiosa.