8 oct. 2010

Karpov y la FIDE.


Después de tanta tierra echada, de tanta guerra caliente, se pasa a una segunda etapa, digamos de guerra fría. De aquello de “te hice todo lo malo que se me ocurrió, a ver que haces ahora”, pero aunque no deja de sorprender lo que en público es capaz de hacer una persona que quiere figurar en un medio donde es simplemente un mirón mal avenido, por no ser especialista en lo que pretende colocarse, como se podría decir del GM Kasparov como político o de un político que quisiera ponerse a jugar ajedrez; veremos en que termina esta guerrita entre ajedrecistas jugadores y ajedrecistas organizadores. Ya si alguien duda que este divorcio fue evidente en FIDE, independientemente de quien tenga la razón, no quiere ver o simplemente no quiere expresarlo para no perder la chuleta fácil de su cortesanía.
Muchos los hay que son jugadores y organizadores, y por regla se es mediocre en ambos, pues los talentos son muy diferentes y sólo un privilegiado entre millones podrá afirmar que posee ambos.
Karpov, gran jugador, pareciera mal político, pero muchos que lo conocen bien en ese aspecto previenen en no subestimarlo. Muchas razones pueden darse para que haya aceptado trabajar con su victimario. Y más razones para que se le haya ofrecido tal comisión. Lo que si es seguro es que este escenario era el más previsible en el momento en que Karpov decidió lanzarse. Era muy fácil de ver lo que iba a suceder, que los proxys, que los cambios de bando de última hora, que el rechazo del recurso legal, todo eso era facilísimo de esperar. Y sería un insulto a la inteligencia de cualquiera el suponer que Karpov no lo esperaba. Así que la película sigue y estamos esperando para ver si hay drama o comedia, o un simple cobro de un cheque y un “pase lo que pase, aquí no pasa nada”.