7 oct. 2010

La olimpíada de ajedrez, pretexto para reuniones de intercambio de material.



Parece que todo mundo vendía o cambiaba algo de material informático de ajedrez. Desde paquetes muy buscados como las copias del disco duro de la computadora robada a Radjabov en México, como las colecciones de miles de libros digitalizados y puestos en casi un ciento de DVDs y que corresponden a las bibliotecas más famosas de libros de ajedrez, como el de la Biblioteca de Cleveland, la de Moscú y una muy famosa de Erevan, así como de bibliotecas particulares de 10 países. Colecciones de Chess Today, The Chess Publishing, de publicaciones de Everyman, Convekta, New in Chess, Chess Informator, circulaban o se intercambiaban “enlaces”. El paquete Radjabov, que antes se negociaba por poco más de 1000 dólares y era de 26 gigas, engordó, y ahora se vendía en 3500 dólares y ya tenía 120 gigas. Lo cierto es que, según el modelo de computadora que le fue robada a Radjabov, no podía exceder de 50 gigas y quizás no pasaban los archivos de 2 gigas, según fuentes muy confiables cercanas al mismo Radjabov.
Hubo casos extraños, como una versión húngara del Informador, que va por el 107 en su versión digital y la versión apócrifa tiene 140. Lo mismo que el Chess Base Magazine que va por el número 138, y que una versión ya tiene 300 ejemplares, lo que excede a los 138 con sus extras sumados.
Una colección que en especial me sorprendió fue el de 30 años del Boletín de Ajedrez de la URSS, que constaba cada mes de varios artículos teóricos y 150 partidas sin comentar impresos en unas 48 páginas mensuales. Pues alguien pasó a Chess Base todos los artículos y todas las partidas de 30 años de ese boletín y la colección con más de 100 000 archivos de Chess Base es muy interesante, sobre todo de torneos menores soviéticos que no aparecieron en otro lado. El caso es que en mi base de datos de 7 y medio millones de partidas, más de 70 000 de torneos soviéticos fueron novedades bien venidas para no solo engrosar mi base de datos en cantidad, sino en calidad. En particular me llamaron la atención partidas de Alburt, Gulko y Kaidanov en sus años juveniles que no se podían encontrar en otras bases de datos. El precio en rublos de la colección, francamente fue irrisorio, muy inferior al de un Chess Base Magazine 138 en su versión original.