8 sept. 2013

Un gran ajedrecista Migrante. El GM Salo Flohr, fallecido hace 30 años, y el “síndrome Flohr”






Salomon Mikhialovich Flohr Nació en Horodenka, a fines de noviembre de 1908, en la entonces Polonia (pero que actualmente es parte de Ucrania). En la primera guerra mundial perdió a sus padres en una masacre y él y su hermano huyeron a la recién formada nación de Checoslovaquia.
Según contaba el maestro Singer Potsihua, hijo de un maestro de ajedrez nacido en Horodenka y algo mayor que Flohr que residía en Praga, en una casa de huéspedes en que se refugió el pequeño a los doce años, varios ajedrecistas de esa región descubrieron el talento natural que tenía para el ajedrez y reproducían partidas de un libro de Dufresne analizándolas profundamente, así como unos libros de finales de Tattersall que prácticamente aprendió de memoria el pequeño Salomón Moses, (sin el patronímico que luego uso en Rusia, de Mikhailovich), y una colección de recortes de diarios con partidas de Capablanca. Cuenta Potsihua que Flohr también memorizó cuantas partidas de Capablanca que  cayeron en sus manos.
Uno de los grandes maestros residentes en Praga era Richard Reti, quien conversaba con Flohr en un café y le relataba que Capablanca cuando era estudiante en Nueva York pasaba todas las tardes en el Manhattan Chess Club jugando blitz y que gracias a esa práctica había adquirido su técnica, algo similar menciona Bronstein y Sosonko en algunos artículos; aunque también cierto automatismo.
Flohr comenzó a jugar innumerables partidas de blitz en los diversos cafés de Praga, y ya para 1924 venció en simultaneas a Reti y Spielman, y un año después jugaba mano a mano partidas de blitz con esos grandes maestros. Sus únicos libros seguían siendo los de Capablanca. Ya para 1926 jugaba torneos de maestros y en 1929, a los 21 años, hizo su debut internacional en el torneo de Rogaska Slatina en Eslovenia, quedando detrás de Rubinstein, en segundo lugar. Capablanca fue siempre su inspiración y seguía las reglas de Capablanca para jugar blitz: jugar esquemas sólidos, cambiar piezas, al menos un alfil y una torre, lo más pronto posible, simplificar a la más mínima ventaja y ganar finales en que el enemigo no tenga contrajuego.
Era un sistema de ahorro de energía, aunque un poco rutinario, automatizado y soso; pero muy efectivo en el blitz. En los torneos serios produce muchas tablas, pero al jugar simplemente fortaleciendo la posición, colocando las piezas en posiciones óptimas, cuando el oponente quiera agredir el contrataque es terrible. Normalmente el que trata de presionar consume mayor tiempo de reflexión y termina muy apurado de tiempo en blitz. El chiste es saber “hacer algo útil” sin gastar tiempo de reflexión, si el oponente ya no sabe que hacer, atacará imprudentemente y perderá.
Ahora que en la Copa Mundial de la FIDE, se hablaba del sistema Grischuk , en un foro del sitio de la Federación de Ajedrez de Rusia, un veterano entrenador comentó que a jugar para tablas y solo en espera de un leve error del oponente, antes se le conocía como “Síndrome Flohr”, porque llegaba un momento en que ya faltaba ambición, como decían le paso a Flohr y a muchos ajedrecistas que comenzaron muy jóvenes y habían jugado miles de partidas tanto de blitz como de torneos. Comentaban, “en la vida tienes como 10 mil partidas que te tocan en tu lapso de vida, si juegas 9 mil en blitz en tus primeros años, te quedan mil nada más para torneos, etc. Luego ya no jugarás más”
El comentario sonaba en  ruso como un verso simpático, en español si esta en chino ponerlo como verso, pero la idea es curiosa. El ajedrez es como una botella hay quienes se la beben sorbito a sorbito, otros a grandes tragos. Algo así le decía Pedro Infante, en su papel de hijo a Fernando Soler, el padre en el filme “La Oveja Negra”.
A Salo Flohr parece que en un momento le aburrió jugar ajedrez, no así escribir, organizar y hasta arbitrar torneos. Consiguió tener una técnica perfecta en ajedrez y hubo años que era imbatible como Capablanca, pero hizo en muchos torneos demasíadas tablas. Pero por estar ocupados en muchas cosas, se me paso recordar el 30 aniversario del fallecimiento del GM Flohr, que a tantos enseño en sus notas en Ogenuk, y en las multiples revistas en que se publicaron sus excelentes artículos, que de 1936 a 1983 ilustraron a varias generaciones.  Flohr vivio en Ucrania, Checoeslovaquia y Rusia, bajo muchas banderas, zarista, polaca, soviética, checoeslovaca, recorriendo Europa y América, migrante de todos lados, ciudadano del mundo, como buen ajedrecista.