7 abr. 2016

Libros de Ajedrez, los que los escriben, los que son sus autores y los que figuran.




Es conocido que muchos grandes ajedrecistas no tienen facilidad para escribir y otros, no tan destacados como jugadores, pero también ajedrecistas, tienen la preparación y facilidad para expresar ideas. Además existen las barreras de idiomas, las barreras de las ocupaciones, los intereses y la mercadotecnia.
Todos los grandes campeones tienen nombres que son un imán para los que compran libros y los editores, a través de los tiempos, desean asegurarse de tener buenos libros, con buena calidad y además de una buena firma atractiva que haga rentable un libro publicado. Por ello tratan de integrar equipos de redactores que “ayuden” a los grandes jugadores a trasmitir sus ideas y enseñanzas.
Esa práctica se ha seguido con muchos campeones mundiales y sus retadores.
Por otra parte hay escritores de ajedrez muy prolíficos que han publicado sus libros y conocen bien el mercado y que de vez en vez hicieron alianzas y acuerdos con jugadores famosos para conseguir editores y así obtener buenos encargos. Por ejemplo se dice que Fred Reinfeld escribió muchos libros que firmó, pero que muchos otros los hizo como co autor, o ni siquiera apareción como tal, si no que fue firmado por otros. Hay varios libros del GM Samuel Reshevsky que casi seguro los escribió en gran parte Reinfeld. Del gran campeón de los Estados Unidos, Frank J. Marshall se dice que no era capaz de escribir un párrafo y aun así se publicaron varios libros con su autoría. En los más recientes, como el de 50 años en el ajedrez, se asegura que el que escribió el 90%, con supervisión de Marshall, fue Reinfeld.
El comentarista de ajedrez E. Winter, “ciudadano de Ginebra”, cita en sus artículos decenas de libros con historias similares y dedica uno a lo que el llama los “ghostwriters”, escritores fantasmas, y menciona casos de todas las épocas, desde lo que hizo Weinstein en el libro de Bronstein de Zurich 1953, a los equipos de escritores de Karpov y Kasparov que tantos libros han publicado solo con sus nombres y otros tantos como “coautores”.  Fischer no negó nunca el gran apoyo que le dio el GM Larry Evans para escribir el libro de las 60 memorables partidas, con el que Evans ganó más dinero que con la docena que escribió él mismo figurando solo como autor.
De Israel Horowitz, prolífico autor de columnas, artículos y libros en los Estados Unidos, también se dice que apoyo a muchos colegas siendo coautor o “asesor” de los libros que firmaron muchos de los grandes jugadores de los Estados Unidos.
De Rohkin, los hermanos Linder, Neishtadt y Modell se sabe que fueron las plumas que apoyaron a una veintena de grandes maestros para que escribieran una centena de libros, y prácticamente hacían todo el libro y los grandes maestros solo revisaban y ponían una cosita por ahí y otra por allá.
Incluso grandes jugadores que eran muy solicitados para comentar partidas y tenían gran experiencia en ello trabajando para revistas, a la hora de escribir un libro, a pesar de ser ellos mismos buenos autores, requirieron contratar equipos de escritores para lograr que sus libros tuvieran una buena calidad, acorde a su prestigio como analistas. Libros famosos como el de “Grandes Maestros del Tablero” de Retí, Ultimas Lecciones de Capablanca, fueron prácticamente escritos por otros en base a las notas originales de los grandes jugadores al hacer ediciones postmortem.

En el caso de libros escritos originalmente en idiomas que no dominaban los que se firmaron como autor, como el del GM Carlos Torre Repetto de cómo se forma un ajedrecista, y en el de Emanuel Lasker , Como Viktor llegó a ser Maestro, escritos originalmente en ruso, idiomas que no manejaban Torre y Lasker, los “escritores fantasmas” tuvieron que escribir la mayor parte de esos libros y los grandes maestros aportaban las ideas esenciales, revisaban y precisaban los puntos finos, y finalmente aprobaban la versión final del libro.
En los dos tomos publicados en España de “Ajedrez Hipermoderno” firmado por Alekhine, era claro que los que escribieron el libro era los españoles de un equipo lidereado por el MI Francisco J. Pérez, y Alekhine revisaba y agregaba algunas cositas, además de dar la idea general del trabajo. El libro fue magnífico, a la altura de los que si escribió Alekhine veinte años más joven, como los de Nueva York 1924 y 1927, aunque mucho del de 1924 fue con ayuda de algunos escritores fantasmas, como se dice fue Edward Lasker, Herman Helms y otros.
Tanto Alekhine, como Torre y Lasker escribieron mucho comentando partidas para revistas, pero es fácil suponer que Torre y Lasker hicieron uso de los “apoyos” para sus libros en ruso, como Alekhine, para su libro Ajedrez Hipermoderno.
De los textos de Como se forma un ajedrecista, de las 300 o más páginas, parece que Torre señalo las ideas y conceptos principales en unas 30 hojas manuscritas y que Rokhlin y Modell las reorganizaron y quedaron como en 160, explicando cada cosa con una precisión que Torre con sus 21 años de edad hubiera tenido problema en redactar y trasmitir. En lo que respecta a los análisis de las partidas, tal vez la mayor parte fue producto enteramente de Torre, pero hay que suponer que un 65% de todo el libro pudo ser obra de los “autores fantasmas”.
Si se llegase alguna vez a refabricar el libro de Torre en su edición original en ruso, creo que sería fácil notar que partes las escribió Torre en su totalidad y que otras partes, seguro que las mayores, fueron prácticamente escritas por sus “apoyos” rusos.
Incluso las grandes pinturas de fama universal como la Capilla Sixtina, se sabe que requirieron de un gran equipo de trabajo dirigido por el pintor consagrado. Asi que nada extraño suponer que una gran mayoría de los libros de ajedrez firmados por algún autor de renombre como jugador, fueron producto de equipos de redactores, comentaristas y analistas.
Casi todo libro tiene una versión original del autor que sufre una transformación radical cuando pasa por los correctores y cuando se logra publicar a menudo no se parece en mucho al manuscrito original con que se inició el proyecto.
Aun las ediciones producidas por el mismo autor sufren muchos cambios a la hora de ya ser impresas y puestas ya para la venta, pues surgen ideas, recortes presupuestales o simplemente hasta el título de la obra lo cambian los que necesitan hacerlo comercial.
Hasta cambian de forma y tamaño. En la colección de partidas de Botvinnik publicadas en ruso, inglés y español con el nombre de Partidas Selectas, treinta años después de publicada la primera edición, cambiaron tanto la presentación que ahora se llama Estrategia y aparece en los mismos tres tomos pero con mucho menos material, aparentemente, que la edición original.
Dicen, afirma E. Winter, que el libro de Fischer 60 memorables partidas era originalmente 52 partidas memorables.
Un libro tan conocido como el de Fundamentos del Ajedrez de Capablanca, le dieron una transformación tal a finales del siglo XX que no lo reconocería ni el mismo Capablanca.
Cuando se compra un libro firmado por Karpov, Kasparov o alguien asi, no se puede estar seguro de quien realmente fue el autor. Pero al menos sabemos que los equipos de “apoyo” son cuidadosamente elegidos y el libro seguramente es mejor que si lo hubiera escrito el que firma sin apoyo alguno.
Por eso muchos de los mejores libros de ajedrez están firmados por jugadores no tan conocidos como los campeones mundiales, como son Koblentz, Shereshevsky, Mednis, Soltis, Goleshnishev, Romanovsky, Kotov, Gligoric y muchos otros, ya no digamos Nimzovich, Torre, Evans, Heisman, Alburt, Krogius, Naroditzky, Palatnik, Chernin, y sin olvidar a Dvoretsky o a Taimanov y Najdorf. Los del GM Panchenko y Rokhlin, sencillamente son enormes, como los de Tukmakov.